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El paso del tiempo es inexorable y no hay que verlo como una traba sino asumirlo y entender que seguir siendo protagonistas de nuestra historia individual es un agasajo que nos hace la vida. Por ello, no debemos permitir que la edad ponga límites a nuestro transcurrir, no, la edad no, demasiado nos limitan ya los tabúes que nos impone la sociedad.

Mientras tengamos salud, la relativa que nos corresponda por cronología propia, incluso cuando el estar bien tenga que ayudarse de una ligera medicación que modere indisposiciones, debemos sentirnos libres de prejuicios inculcados. Cumplir años no supone ningún estigma, porque solo es, nada más y nada menos, la maravillosa consecuencia de continuar viviendo.

Permanecer resistiendo es un regalo que nos hace el destino y debemos sentirnos dichosos por ello.