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  • Foto del escritorEstrella Collado

¡A mi Prim! Una España de vaivenes, intrigas y conspiraciones




Juan Prim y Prats (1814-1870) fue un militar y político liberal, perteneciente a una familia de clase acomodada de Reus, Cataluña. Participó en la Primera Guerra Carlista y en la Guerra de África donde adquirió gran prestigio y fama. También ocupó el cargo de gobernador en Puerto Rico donde su desempeño fue controvertido. Llegó a ser Presidente del Consejo de Ministros.


En 1836 se produce el Motín de la Granja de San Ildefonso, a raíz del cuál la reina regente María Cristina fue obligada a promulgar nuevamente la Constitución de 1812. Prim se adhirió a los liberales progresistas. En 1841 fue diputado por la provincia de Tarragona. De 1847 a 1848 fue gobernador de Puerto Rico, una de sus más controversiales medidas fue el “código negro” con el que se intentó impedir la rebelión de los esclavos puertorriqueños mediante duras represalias. Contaba con 33 años y llegó con órdenes expresas de la corona española de defender y asegurar esa parte de sus dominios. Fue tan criticada la actuación, ya que su código atentaba contra los derechos de más de la mitad de la población puertorriqueña, que la corona se vio obligada a reemplazarle en el cargo por Juan de la Pezuela quien ante el descontento generalizado deroga el código.


Participó en la Revolución de 1868, conocida como la Gloriosa, se convirtió en uno de los personajes más influyentes de la España decimonónica. Tras destronar a la reina Isabel ll, fue defensor en el nombramiento de Amadeo l de la Casa de Saboya, conocido precisamente como “El rey electo” al ser elegido por las Cortes Generales como monarca de España en 1870. Su reinado duró hasta 1873.


En la época en que Prim conspiraba contra el Gobierno, cuentan las crónicas que los conjurados se reunían con frecuencia en el saloncito del teatro del Príncipe: Bretón, Juan Nicasio Gallego, Patricio de la Escosura, Latorre, Nocedal y Romea entre otros. Además de las cuestiones políticas en la tertulia se trataban también temas culturales, artísticos y por supuesto se practicaba el juego de naipes. Cuentan que una noche cuando los tertulianos habituales jugaban una partida, se presentó un caballero de porte inglés, ataviado con carrick, tapabocas escocés, chistera gris y gafas verdes, y golpeando la mesa con un bastón, gritó: ¡En nombre de la ley daros presos! Cuando asustados los jugadores se pusieron en pie, el caballero de la bufanda, de aire británico, se descubrió la cara y todos le abrazaron; era Prim, que venía huyendo de la policía, pero haciendo gala siempre de su buen sentido del humor. En el intento de sus amigos para salvarle, Juan Nicasio que era sacerdote, le ofreció su sotana. Nocedal se vistió con los ropajes de Prim abandonando el local por la puerta de la calle del Lobo, mientras Prim lo hacía disfrazado de cura por la puerta principal. Así los policías cayeron en la trampa y detuvieron a Nocedal, entonces diputado, y al llegar a comisaría y darse cuenta del tremendo error, recibió el congresista todo tipo de disculpas por parte del abochornado inspector.


Relatan sus biógrafos que la supuesta detención del militar se extendió como la pólvora por Madrid y como anécdota: una bella joven se presentó en la comisaría para conocer a Prim por quien sentía auténtica devoción. La mujer, en cuestión, era una actriz que trabajaba en una obra en el teatro de la Cruz. En el descanso le contó a una compañera que había ido a la comisaría con la finalidad de conocer en persona al general, pero que no era este el detenido, sino un congresista. Ante el enredo, la compañera le preguntó: ¿Pero entonces a ti quién te gusta? A lo que la joven responde: - ¿A mi? ¡A mi Prim! Frase que por cierto se popularizó en todo el territorio, aunque fue degenerando con el tiempo en la expresión ¡A mi Plim!.


Causó tanto interés este personaje que incluso Benito Pérez Galdós le dedica el número 39 de sus Episodios Nacionales. Otros autores de la época también se interesaron por él. Y en la actualidad el historiador lan Gibson escribió una novela en 2012 titulada “La berlina de Prim”.


En la faceta sentimental igualmente destacaba Prim, quien tenía un atractivo especial y donjuanesco para las damas. Personaje ambicioso e inquieto, que deseaba alcanzar el poder a cualquier precio, estuvo rodeado de luces y de sombras. Junto con otros militares progresistas fue acusado de organizar la llamada “Conspiración de los Trabucos” para asesinar al general Narváez. Era tan temido por sus intrigas políticas y se vio implicado en tantos vaivenes, que procuraban enviarle a misiones fuera de España para mantenerle alejado. La guerra de África le sirvió para alcanzar prestigio militar y personal y una gran popularidad que le convirtieron en un personaje muy poderoso.


El apuesto militar, político y noble se casó con Francisca Agüero González de ascendencia mexicana, perteneciente a la nobleza, e hija única de un banquero de quien heredó gran fortuna y según se murmuraba en los mentideros de la época era lo que le interesaba a Prim. La pareja se casó en París en 1856, paradojas de la vida, fueron apadrinados por la reina Isabel ll y por Francisco de Asís. De esta unión nacieron sus dos hijos, Juan e lsabel. El controvertido y popular Prim, se granjeó muchos enemigos, razón por la que tuvo un trágico final. Un 27 de diciembre de 1870, abandonó el Congreso de los Diputados, tras un duro trabajo ultimando todo lo referente a la recepción del nuevo rey Amadeo en Cartagena. Iba en su berlina con sus asistentes Moya y González Nandin y a la altura de la calle del Turco, dos grupos de hombres salen al encuentro del carruaje, armados con trabucos. Los disparos van derechos al diputado y presidente del Consejo de Ministros. Entre las ráfagas el cochero consigue huir a toda prisa, pero las heridas eran graves que falleció en su casa a los tres días, aunque poco antes y agonizante encargó a Topete la presidencia interina del gobierno hasta la llegada del monarca de la Casa de Saboya. A la pregunta de quién le había disparado, el moribundo Prim respondió: ¡No lo sé, pero no me mataron los republicanos! Sin embargo la investigación se centró en el republicano José Paul y Angulo como principal sospechoso del atentado, aunque hubo muchos más.


Al menos esta es la versión oficial. Su viuda recibió el título de duquesa de Prim en 1871 de manos del rey Amadeo l.



lmagen: La berlina de Prim. Cedida por Ministerio de Cultura. Archivo fotográfico de Pando.


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