• Merche Toraño

Acoso laboral

No hay peor cosa que un piojo resucitado

Trabajamos por un salario necesario para vivir y eso, a veces, hace que soportemos lo insoportable


Permitidme que os hable sobre mobbing. Es una reflexión que me viene al sospechar que todavía hay quienes desconocen que, desde diciembre de 2010, el acoso laboral está tipificado como delito en el Código Penal (apartado primero del art. 173).


La ignorancia unida a la mezquindad, o mejor dicho, los mezquinos, si además son ignorantes, cuando tienen oportunidad de llegar a puestos de mando, cometen muchos errores, entre ellos el de creerse importantes. Y se sienten así porque ignoran que la fuerza reside en lo que nunca tuvieron ni tendrán: humanidad, sensatez, amabilidad, capacidad de empatía, responsabilidad e inteligencia, y piensan, erróneamente, que el tener una parcelita de poder en sus manos les da derecho a actuar de la única manera que saben hacerlo, de esa forma visceral que se asienta en la inestable base de las movedizas arenas de su idiotez.

Agarrados a la arrogancia que les proporciona un estatus, por lo general muy pírrico, y cegados por el qué pero sin reflexionar sobre el cómo, estos personajes y “personajas” son capaces de hacer cosas como convocar en su despacho a trabajadores con menor jerarquía para gritarles, ejercer presión, humillarles, provocarles una baja por depresión, o injuriar… hasta incluso, tener la vergonzante osadía de actuar despóticamente en terrenos que ya se salen de su campo de acción. ¿Desconocen que puede ser mobbing degradar a los empleados sin causa punible o buscar la manera de despedirlos con el único motivo de poner en esos puestos que queden vacantes a los amigos, parientes o conocidos de quien los despide? En fin, que los caminos del acoso laboral pueden ser muchos y muy variados, dependiendo de los matices del perfil psicológico de los acosadores que, como características comunes, responden siempre a un arquetipo de personas mediocres que esconden sus inseguridades en el trato vejatorio que dan a sus subordinados. Estos personajes (tanto masculinos como femeninos) suelen presentar unas personalidades con rasgos paranoicos, narcisistas y antisociales.


Según la psicología, el paranoico intenta imponerse mediante la fuerza y la violencia física y verbal, aunque siempre pretende justificar su deleznable comportamiento, intentando hacer ver a los demás que el atacado es él o que defiende una buena causa. Por otra parte, el narcisista gestiona un poco mejor sus “prontos”, es más sutil y su violencia es más de tipo psicológico, utilizando para sus fines la mentira como método manipulador de seducción. Pero todos suelen presentar los mismos rasgos: se sienten amenazados por todo, presentan dificultades para tomar decisiones y tienen que dejar que otros las tomen. Son incapaces de resolver situaciones que incluso ellos mismos se buscan. No saben compartir experiencias. No se sienten culpables de nada, niegan la realidad y son expertos en manipular para hacer ver que la culpa es de otro. Ansían un tipo de vida alto y siempre procuran que los demás hagan las cosas por ellos.


No continúo porque esto se hace largo, aunque para estar alerta creo que es suficiente. Así que no bajéis la guardia si observáis esos rasgos de personalidad en vuestro entorno laboral.

Pero ahora que lo pienso... antes de rasgos psicológicos o cualquier otra explicación de tipo científico, prefiero etiquetar a esta clase de especímenes en aquello que decía mi abuela y, seguramente otras abuelas de mi generación: “Ay, nena, no hay peor cosa que un piojo resucitado”

Imagen de edad de niebla

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