• edaddeniebla

Amar a tu enemigo

Historia contada por su protagonista



Ilustración: @evarami.studio


Mi historia empezó cuando conocí al que después fue mi marido. Tenía dieciséis años y tras tres años de noviazgo, sintiéndonos la pareja más enamorada del mundo, decidimos casarnos. Al poco tiempo me quedé embarazada y tuve a mi hija. Yo era una persona muy joven, alegre y muy enamorada de la vida. Fue pasando el tiempo, y todos menos yo se daban cuenta de que no era feliz. Mis padres me decían, no le permitas que te grite, no permitas que te hable en ese tono insultante, no lo debes consentir. Pero yo me había acostumbrado y había "normalizado" esa situación.


Para no pasar malos momentos por sus bruscos modales conmigo, evitaba estar con gente, para no sacarlo de sus casillas. No lo quería ver, pero su comportamiento era violento y airado, no quería oír las continuas advertencias de mi familia y de mi hija e incluso les mandaba callarse, con tal de no verlo cabreado. Me había ninguneado hasta límites insospechados. Todos los trabajos que conseguía acababa dejándolos porque ninguno era de su agrado y solo por ese hecho tenía soportar su ira y su desprecio. Pero cuando dejaba de trabajar por evitar problemas, entonces me recriminaba que no valía para nada. Si me preparaba o me vestía bien, era lo mismo: ¿Qué estaba buscando?, me decía desesperado y celoso, tras una sarta de insultos y de despropósitos.


Al cabo de unos años caí en una bulimia, mi temperamento cambió totalmente, no me reía con nada, ni con nadie. No salía ni a tomar un café, solo eran riñas…, riñas con mi familia con las personas que más quería. Si algún día salía a comprar o con mi hija al parque, tenía que estar en casa cuando él llegara, para no buscarme problemas.


Los años van pasando y no te das cuenta de que tu casa es un infierno. Ponía música y bailaba con mi hija, y eso era un problema también. Todo lo que hacía aunque fuese a mi pesar, era para tenerlo a él contento. Intentaba evitar muchas cosas, para no enfadarle. Mi hija desde bien pequeña le tenía miedo, y no era porque le hubiera puesto la mano encima a ella, era todo, porque sabía que a él le había que callar y darle la razón en todo, porque a eso la acostumbré yo. Pero llegó ese momento que aunque me callará, me buscaba igual. Siempre me decían, que era demasiado buena, pero yo pensaba: el me quiere, porque si teníamos alguna pelea al día siguiente era una malva. Me decía que me quería, me daba besos…¡y hala! otra vez enamorada. No veía que eso no era amor, era dependencia totalmente. Yo pensaba ¡que iba a hacer sin él! ¿Cómo me podía separar? Súper difícil, no tenía trabajo, tampoco quería dar el brazo a torcer y volver para casa de mis padres, que pensaría todo el mundo…y así todos los años, un día y otro. Si le ponía la comida que no le gustaba, las cacerolas y los platos volaban en aquella cocina, y entonces callaba y me ponía a limpiar...Pero claro, para todas las personas conocidas de él, era un santo, estaba ahí para ayudar a todo el mundo... Mas, como mi hija dijo en una ocasión, siendo bien pequeñita, en casa era un diablo. Me anuló como persona, por completo, y de lo que no me daba cuenta es que estaba anulando a mi hija también. Los años fueron pasando, y las infidelidades fueron también muchas. Como siempre lo negaba, un día decidí ponerle un detective, para que no me lo negara más. Y ahí, mi casa se convirtió en un infierno, peor todavía: desde ponerme una catana en el cuello, hasta tirarme en la cama y violarme, que es triste decirlo, ¡si violarme!, aunque yo lloraba eso le daba igual, eso no le importaba no le preocupaba. Pero yo creía que ahí tampoco me importaba mi vida, por lo menos en ese momento yo no pensaba en mi vida para nada. No me importaba ya.


¡Ahhh!, mi hija me decía que ya no aguantaba más, solo tenía once años, y ella me dijo que se iba a vivir con sus abuelos, y que lo sentía mucho pero que mientras yo siguiera con su padre, ella no volvería. Estuve así quince días… hasta que un día decidí marcharme, porque sabía que mi hija no tenía vuelta atrás. Ese día me intentó atropellar con el coche, lo tenía muy claro, siempre me decía como me iba a matar. Él tenía muy claro que me mataría con un coche, así lo pagaría el seguro. Y por supuesto, a todo esto, yo nunca puse una denuncia, porque sabía que si la ponía era peor para mi, el se iba a cabrear más, al final se enteraría de que yo ponía la denuncia. Entonces siempre lo evite.


Ese último día, cuando lo del coche, una vecina llamó a la policía. Ellos vinieron a casa y cuando lo encontraron a él en el bar que era donde paraba mucho, en el bar de abajo, yo les expliqué todo lo que había pasado. Pero al yo no poner denuncia no tenían mucho que hacer. Entonces ahí lo dejaron… y lo volvieron a dejar delante de la puerta. Claro, al no poner denuncia, ellos, no lo llevaron… ¿Qué paso?, que él sabía que yo había hablado con la policía. Entonces ya fue una locura, yo esperé que se durmiera, cogí dos euros para así poder subirme a un autobús, y en zapatillas me fui de casa. Bajé y me encontré con la dueña del bar y ella me llevó en su coche hasta la casa de mis padres. Cuando ella regresó, él le pegó, le destrozó todo el bar, era una vecina, o sea, la dueña del bar, tenía sesenta años, no era ninguna chica joven ni nada, pero claro, tampoco se atrevió a poner denuncia, no sé si por miedo o porque le daba pena de él.


Después de estar en casa de mi madre empezó a cambiar mi vida totalmente. Aunque con mucho miedo al principio. Los primeros años empecé a trabajar, me operé del estómago, saqué el carnet de conducir, me preparé para ser auxiliar de enfermería. ¡Tenía ganas de vivir!, al lado de mi hija y de mi familia. Conocí a mi pareja actual, que me hizo empezar a valorarme como mujer y a darme cuenta que eso que yo tenía no era vida, era un infierno.


Por eso digo que a las mujeres que se sientan en la misma situación que yo, que la vida no se acaba, sino que empiezas a vivir por ti misma... y que se sale ¡claro que se sale!, que es duro ¡muy duro! Pero ahora puedo ver que se sale.. Y puedo verlo a él y no me entran ni escalofríos ni miedo, solo me da lastima. Porque lo perdió todo, a su hija y a su mujer que lo querían con locura.


Yo doy gracias a Dios de estar aquí de cumplir con todos mis sueños. Mis sueños robados, que él me robó, pero estoy contenta de ser como soy, aunque la vida te hace aprender. y de todo se aprende. Y, hoy por hoy, dependo de mi misma. Aunque tenga pareja, él es él, y yo soy yo. Yo tengo mi vida y él la suya. Nunca me impuso nada. Me di cuenta de lo diferente que es estar con una persona o estar con otra. Y quiero muchísimo a mi familia porque sé que lo pasaron todos muy mal, así que gracias a todos ellos que supieron como ayudarme, y a mi hija que vio las cosas primero que yo con solo once años.

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