• Estrella Collado

Amuletos, filtros y hechizos de amor

La conexión de la magia tradicional en las relaciones amorosas y en la fecundidad


Desde la antigüedad existen ciertos preparados y objetos que se utilizan eficazmente para aumentar la pasión, atraer a quienes se desean, estimular amores huidizos, dominar y controlar el corazón y el pensamiento de la persona amada e incluso quitar del camino a rivales molestos.


Estos productos estimulantes se pueden dividir según su intencionalidad: por un lado, los puramente afrodisíacos, y por otro los destinados a propiciar la fecundidad. Entramos por tanto en un mundo que podemos tildar de muchas formas, magia, fábula, credulidad… En fin, la aceptación o negatividad que han suscitado a lo largo de los siglos, vamos a dejarla para el estudio psicológico o sociológico. Lo cierto es que aún en la actualidad una parte de la sociedad no solo cree, sino que consume este tipo de productos relacionados con el sexo con la fecundidad y con el amor.


Ya Dioscórides nos cita la circea, hierba utilizada por la hechicera Circe quien le atribuía virtudes para atraer o estimular el amor. La hierba Luisa era utilizada en la antigüedad por las mujeres para seducir a sus amantes. Plinio habla de Anacampseros, planta que poseía la virtud de renovar el amor. La ruda una de las plantas mágicas por excelencia en todas las culturas conocida en textos antiguos como "la hierba de la gracia", estaba asociada con las mujeres que la consumían especialmente para no quedarse embarazadas y como protección contra las malas energías y la magia negra. Así mismo existía la creencia de que un huesecillo del anca izquierda de una rana –apocynum- tenía poderes para conciliar el amor. Las hojas del laurel poseían virtudes para vencer la esterilidad. En la orilla del mar, nueve olas pasando por encima del cuerpo femenino en el mes de septiembre, aseguraban la fecundidad. Igualmente en las creencias populares, en la Península Ibérica, adquieren gran importancia determinados ritos relacionados con las piedras que tienen la función curativa de la mujer estéril.


En el historial de los hechizos han perdurado dos excitantes icónicos, la mandrágora y la cantaridina. La cantárida es una especie de mosca que secaban y pulverizaban, en la creencia de hacer más apasionado a un amante. Sin embargo es un terrible veneno. El poeta Lucrecio murió al darle su amante Lucila un bebedizo, con la intención de volverle más apasionado.


Existe un larguísimo listado de plantas, amuletos y filtros que con estos fines eran utilizados desde tiempos ancestrales. Algunos filtros se realizaban con los excrementos o los polvos de cuernos de animales lascivos, leche de sapo, orina de macho cabrío, etc. A ello se añadía el jugo de la mandrágora o de otras hierbas pestíferas. Algunos se realizaban con polvos hechos con la cabeza de víboras o colas de escorpión. Otro clásico en muchas culturas es la sangre de la menstruación añadida a algún líquido, con ello existía el convencimiento de que la mujer amarraba de por vida al hombre amado. Las flores de jazmín en forma de ungüento sobre los genitales eran utilizadas como afrodisíaco. Estos brebajes y filtros eran según las creencias y la cultura popular, a lo largo de la historia, fundamentales para atraer o amarrar a las personas que no correspondían a los deseos amorosos de otras.



En cuanto a la fertilidad son muchos los objetos de culto y los rituales, por ejemplo, la svástica que hoy relacionamos inevitablemente con los nazis, fue un amuleto de fertilidad que personificaba al viento como generador de la fecundidad. Así mismo de uso hindú son los yantras –figuras pantaculares o geométricas utilizadas para despertar y mantener el amor o para curar la esterilidad. Entre los egipcios la orina tenía virtudes mágicas para la procreación.


Los amuletos gozaban y gozan de gran difusión en muchas sociedades, especialmente en la India. En pleno siglo XXI las mujeres del país asiático portan sobre el pecho un relicario que contiene azafrán, considerado elemento mágico. No sólo tiene estas cualidades en India, en la antigua Persia el agua coloreada por el azafrán tenía importantes virtudes mágicas muy curativas y para la buena suerte que aún forman parte de la cultura popular.


En este contexto de magia simpática y superstición, el atributo viril fue el elemento más representado como imagen de la fecundidad, la reproducción y el sexo, y durante la época romana se convirtió en un elemento sagrado y protector del matrimonio, por esta razón, cargada de poder paternalista, las mujeres estériles se colgaban del cuello pequeños falos de bronce o de piedra a modo de talismán para atraer la fecundidad perdida. También han adquirido arraigo y poder apotropaico aquellos amuletos para alejar el mal de ojo, que han llegado hasta nuestros días como puede ser la La cigüa o higa, la cruz de Caravaca, muy presentes en nuestro país. La mano de Fátima, el ojo o nazar tan extendidos en Turquía y países islámicos, entre otros.


En cuanto a la potestad de los hechizos se podrían escribir ríos de tinta. En todas las culturas del mundo y en todas las épocas han existido hechizos y amuletos relacionados con lo sexual.

Muchos de estos objetos y rituales, son practicados en la actualidad como prueba irrefutable del arraigo y de la fuerza con que han sido transmitidos a través de la tradición y, aunque contaminados y alterados, siguen siendo parte inherente de nuestra cultura popular.


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