• Estrella Collado

Andanzas del abuelo en América y una historia de amor



Mi abuelo Virgilio de espíritu aventurero salió de su pueblo Villanueva de Pría en Asturias, como tantos otros jóvenes, para la Habana y tras permanecer un tiempo trabajando en la empresa tabaquera de un familiar, le ofrecieron hacerse cargo de un negocio del mismo ramo que inauguraban en la ciudad de Tampa en los Estados Unidos de América.


Corría el año de 1917. Mi abuelo se matriculó nada más llegar en una academia para aprender el inglés y defenderse lo más rápido posible con el idioma. Allí conoció a su fundador un hombre longevo de largas barbas blancas, con aspecto, distinguido, que hablaba un correcto español con acento cubano. Se cayeron bien desde el primer momento y entablaron una amistad.


El abuelo Virgilio ansioso por conocer el lugar donde residía, preguntaba y escuchaba las historias del anciano con gran atención, que por supuesto le hablaba en inglés como parte fundamental de las clases que impartía. Le contó que su padre era español, para más señas asturiano como él. Por vía materna, era descendiente de Tocobaga un cacique que en el siglo XVI controlaba la zona de la bahía de Tampa. También le contó que después de la guerra civil (1881-11865) cayó sobre ellos la desgracia en el Fuerte Brooke. Que tuvo que ser abandonado por una terrible epidemia de fiebre amarilla, en la que perdió a toda su familia. Le confesó a mi abuelo que huyó a Cuba tras la epidemia y en la Habana conoció a una joven que provenía de España. Pronto se enamoraron y se casaron. Su suegro quien había sido gran amigo de su difunto padre, había adquirido cierta posición con el negocio del tabaco y al calor de la pujanza de la ciudad, regresaron y se instalaron de nuevo en Tampa, pero él se desentendió de los negocios tabaqueros para abrir su academia y dedicarse a la enseñanza del inglés a los españoles que iban llegando desde la isla antillana.


Por aquel entonces Henry Bradley un hombre de negocios puso su mirada en la ciudad y les llevó el ferrocarril y al final de las vías construyó un lujoso hotel. Y así de la noche a la mañana Tampa se convirtió en ciudad rica y próspera. El ferrocarril la unía con las grandes ciudades del norte y los barcos de vapor de Bradley la conectaban con Cuba. Importantes cigarreros de la Habana se llevaron sus fábricas para la boyante ciudad que acabó creando una nueva cultura “La capital mundial de los puros”.


Destacaban los minaretes plateados del famoso hotel Tampa Bay, que por desgracia pronto se convertiría en el cuartel donde se organizaron los soldados que irían a ayudar a los independentistas cubanos. Y en 1898 la Armada de los EEUU desde estas instalaciones partió para Cuba con treinta mil tropas incluyendo a Teddy Roosevelt y sus “Jinetes Salvajes”. Esta guerra entre España y América supuso la pérdida de la colonia española y posiciono a Estados Unidos como potencia mundial. Así le relataba el señor García lo acontecido en Tampa "era un profesor ameno y muy culto", decía mi abuelo: "llegamos a ser grandes amigos pese a la gran diferencia de edad"


Pero a pesar de la fascinación que sentía por esta ciudad americana, aguantó tres años, ya hablaba fluidamente inglés y las expectativas de futuro eran prometedoras para él. Lo pensó mucho antes de tomar la decisión de regresar a España, en ella también influyó, sin duda, la muerte de su gran amigo y profesor. Pero, sobre todo, fue decisivo el recuerdo imborrable de la mirada azul de una bella mujer que le esperaba en su Asturias del alma. Para ella no era fácil marcharse de su pueblo a América por las obligaciones familiares y laborales que tenía a su cargo. Ella era mi abuela.


Con su regreso el esperado reencuentro de dos enamorados tuvo como final el matrimonio y la creación de una familia. Mi abuelo jamás se arrepintió del giro tan drástico que dio a su vida.


Fotografía familiar cedida por Estrella Collado



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