• Estrella Collado

Antonia Mercé y Luque, La Argentina



Bailarina y coreógrafa gran innovadora de la danza española y andaluza.

Antonia Mercé y Luque (Buenos Aires 1890-Bayona 1936).


Hija de artistas españoles, Antonia Mercé Luque nació en la capital porteña mientras sus padres se encontraban de gira. Su madre de familia aristocrática cordobesa de nombre Josefa Luque, era bailarina y se casó con el vallisoletano Antonio Mercé, primer bailarín y coreógrafo del Teatro Real de Madrid. Estando el matrimonio actuando por América concibieron a Antonia. A su regreso la familia se instaló en Madrid y abrieron su propia academia de baile, en el castizo barrio de Lavapiés, mientras Antonio Mercé fue nombrado director del cuerpo de baile de la Opera de Madrid.


En un ambiente tan artístico, la niña, se inició en la danza clásica y con diez años comenzó a clases de canto en el conservatorio. En esas fechas ya era integrante, bajo la dirección de su padre, del grupo juvenil de Danza del Real. Al cumplir 14 años falleció su progenitor y Antonia abandonó la danza clásica para dedicarse junto a su madre a la investigación y al estudio de bailes regionales de España.


Se fue formando como bailadora en los cafés teatros y salas de cinematógrafos de la época. Compartió escenarios con las más relevantes artistas del momento, incluyendo a la mismísima Mata Hari. Enseguida se hace un hueco en el mundo del espectáculo internacional con el nombre artístico de “la Argentina”.


En 1914 protagonizaba en el Teatro Alhambra de Londres “El Embrujo de Sevilla” junto a un importante elenco de artistas flamencos. Y es a partir de este momento cuando comienza a cultivar y a amar el baile flamenco hasta hacerlo el centro su vida artística que fue en continuo ascenso.


La Revista del Ateneo en su número 29, en un artículo que titula “La Argentina en Berlín”, firmado por el corresponsal en esta ciudad, Dr. P. DE MÚGICA en Noviembre de 1926, dice lo siguiente:


“Raquel Meller, que pone a sus colegas a bajar de un burro, dice: «en baile, la Argentina es la única artista que hay en España.”


Se parece La Argentina a Raquel Meller, en haber caído en brazos de su esposo, mi ex-amigo Gómez Carrillo, que salió una camama, como la primera vez que sufrió la sacra coyunda él.


Y es de esperar que se asemeje a ella en lo de echarse un auto-habitación, con su piano y todo, para ir de Herodes a Pilatos, recorriendo el orbe entero..”

También tiene parecido con ella en haber conquistado París que es para una artista del género de ambas lo que haber cantado en Bayreuth es para cantantes de ópera. Una vez consagrados allí, ¡ancha Castilla! La Transocean ha radiografiado a los vapores que hacen la travesía a Buenos Aires el exitazo inaudito, colosal, de La Argentina…”


En los mentideros del mundillo artístico se comentó que La Argentina vivió un apasionado idilio con Enrique Gómez Carrillo, escritor y diplomático guatemalteco, cuando este estaba casado con su segunda esposa la cupletista española Raquel Meller.


Antonia Mercé, era una mujer con gran bagaje cultural. En sus años de adolescencia, y por deseo expreso de sus padres, cultivó la danza de la escuela italiana creando una base coreográfica con gran técnica. Ellos se encargaron de darle una formación completa en el mundo de la música y de la danza, pero también de la literatura y de la pintura universal. La Argentina confesaba a la prensa de la época:


“Una bailaora es algo, en apariencia, semejante, pero sustancialmente distinto en el fondo. Por caminos de aprendizaje -por la técnica- se puede llegar a ser una buena danzarina, una bailarina cabal. La técnica no hizo jamás una bailaora. No quiere decir esto que el arte de la bailaora no tenga su parte de oficio, esté libre de toda regla. Pero es una técnica arbitraria, genial, individualista, si puede decirse así. La bailaora es la cosa espontánea, el arte vivo y maravilloso que nace porque Dios quiere que nazca. No hay escuelas para formar bailaoras, como no las hay tampoco para formar poetas y sí para hacer retóricos y gramáticos (...), pero si me dan a elegir entre ambas, elijo “bailaora” siempre".


Por su personalidad, su cultura e inteligencia, Antonia, se codeo y compartió tertulias literarias con escritores como Valle Inclán o García Lorca. Fue modelo e inspiración para el pintor Julio Romero de Torres. También destacó en el toque de las castañuelas y colaboró con músicos tan importantes como Manuel de Falla o Albéniz entre otros. Cultivó muchas amistades en los círculos literarios del momento, especialmente del escritor y diplomático Ramón Pérez de Ayala, quien siendo embajador de la República en Londres acudía a ver sus espectáculos siempre que la bailaora actuaba en la capital británica.


En 1922, en el Concurso de Cante Jondo de Granada, vio bailar por alegrías a Juana la Macarrona, y sintió tal emoción que cuando terminó el baile se arrodilló a sus pies, la descalzó y se llevó los zapatos. En 1929 debutó con nueva coreografía de El Amor Brujo en la Ópera Cómica de París, y a finales de ese año se le rindió homenaje en el Instituto de las Españas de Nueva York, con intervención de García Lorca, quien le dedicó estas palabras:


"Esa española, enjuta, seca, nerviosa, mujer en vilo que está ahí sentada, es una heroína de su propio cuerpo; una domadora de sus deseos fáciles, que son los más sabrosos, pero ya ha conseguido el premio de la danza pura, que es la doble vista. Quiero decir que sus ojos no están en ella mientras baila, sino enfrente de ella, mirando y rigiendo sus menores movimientos al cuidado de la objetividad de sus explicaciones, ayudando a mantener las ráfagas ciegas e impresionantes del instinto puro".

En 1935 se edito el libro Arte y Artistas Flamencos del cantaor Fernando Rodríguez el de Triana, siendo posible gracias a la colaboración de Antonia Mercé. El libro iba ilustrado con una gran colección de fotografías. Para su presentación La Argentina propuso celebrar una fiesta que se llevó a cabo en el Teatro Español de Madrid el 22 de junio, y pudo editarse, apadrinado "por los poetas del día y por la maga de la danza Antonia Mercé (La Argentina)". Y al final a modo de colofón, el autor le dedica una bella semblanza en clave de elogio y gratitud.


El año último de la vida de La Argentina fue de intensa actividad. El 27 de junio pronunció, en París, una conferencia magistral con el título El lenguaje de las líneas. En la que expuso algunas ideas básicas sobre su propio arte: "Pienso que adoro la danza porque siempre he detestado la mentira. En la danza todo es verdadero. Se pide a la danza expresar con franqueza, libremente, emociones, estados de alma; sin la reticencia de las palabras".


En 1936 tras la intensa actividad que agudizó sus crisis cardiacas, por prescripción de su médico, se vio obligada a hacer un paréntesis en su vida profesional. Buscó el descanso para el cuerpo y para el alma en la villa de Miraflores en Bayona. Fue invitada a San Sebastián para asistir a un festival aquel fatídico 18 de julio de 1936. Al regresar a Bayona le dieron la noticia. Dicen que fue tal el impacto que le produjo el conocimiento del estallido de la guerra civil española, que falleció en el acto, a consecuencia de un infarto. De su fallecimiento se hizo eco en toda la prensa mundial.


Foto: La Argentina en la embajada española en Londres. Imagen del archivo de The Times.

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