• Merche Toraño

Aquel periodismo que se quedó en el ayer


La prensa significó siempre una herramienta importante para dirigirse a las masas y fue en el siglo XIX un elemento imprescindible en la difusión de ideas.

Los diarios contrarios al pensamiento único del Régimen habían sido clausurados. Se venía de un periodo absolutista en el que todas las reformas liberales se habían ignorado; en la que Fernando VII había prohibido la prensa, excepto La Gaceta y El Diario de Madrid, que también se habían salvado durante la rígida censura de Carlos IV.

La literatura y el periodismo son el testimonio escrito de la historia, y la prensa constituía, al principio, un espacio literario que daba cabida a todos aquellos escritores capaces de narrar lo que su percepción sobre las cosas les permitiera. Era al comienzo una exposición descriptiva de usos y costumbres que fue pasando por el comentario hasta llegar a la reflexión sobre asuntos políticos.

Hacia 1828, todavía durante el reinado de Fernando VII, se empiezan a permitir nuevas cabeceras y aunque son de carácter costumbrista y romántico, esto permite que poco a poco, y de forma tímida y cautelosa, el pensamiento liberal empiece a aflorar en iniciativas socioculturales. Pero hubo que esperar a la muerte de Fernando VII (1833) y al regreso de los liberales, que habían estado exiliados desde 1823, para que en España entraran las ideas románticas y las nuevas formas de hacer periodismo que estos traían de Inglaterra. Los escritores románticos ven el momento para abrir la válvula de escape de sus reivindicaciones de carácter progresista y lo hacen en los periódicos. La actitud ante la vida que supone el romanticismo es experimentada en este medio para manifestar opiniones, contar las cosas que ocurrían y difundir las ideas de progreso. Surge un género nuevo: el artículo periodístico. Con prosa sencilla, pero directa, con tono didáctico y carácter divulgativo. La prensa se convierte en un elemento fundamental para concienciar a la gente sobre los problemas del país. Se informa sobre los proyectos políticos y de forma satírica y mordaz, en ocasiones, se hacen críticas de la sociedad del momento. Y ya en la mitad del Siglo XIX es un elemento importante del movimiento revolucionario constitucionalista.

El europeo y El vapor, con análisis críticos del país y denuncias de las injusticias, junto a plumas ricas y precisas en la expresión y reivindicativas o tendentes a la ironía, como la de Larra, son aquel periodismo que se quedó en el ayer, dando paso hoy a ese otro sinsentido, de algunos medios, con informaciones faltas de todo atisbo de rigor, ética y decencia, que hasta denominamos con el anglicismo de fake news, tal vez para evitar la vergüenza de su traducción al castellano


Imagen de - edad de niebla -

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