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  • Foto del escritorBelén Matanza

Basta ya de tolerar el maltrato




Hoy quiero dedicar mi artículo a poner de relieve como el patriarcado y el maltrato a las mujeres va a ser muy difícil de erradicar, que slogans como “Contra el maltrato tolerancia cero” poco sirven sino empoderamos a las mujeres desde que nacen. Ayer viví una experiencia personal con la hija de una amiga que me ha dejado tocada. Todo comenzó a primera hora de la mañana cuando me llamo para acompañarla a buscar a su hija al centro de salud porque su novio la había pegado. Lo que me hizo plantearme cómo es posible que una niña de 25 años, joven, guapa, brillante en los estudios, con un futuro prometedor, y como señaló la propia policía con un entorno socioeconómico importante, haya sido literalmente maltratada y sea capaz de disculpar a su maltratador echándose la culpa a ella misma. Es posible que el entorno en el que la niña ha crecido sea el gran culpable.

Mi formación antropológica me ha enseñado a escrutar y diseccionar las situaciones sociales, a capturarlas y dejarlas reflejadas en una especie de fotografía que posteriormente analizo y ayer han sido demasiadas las cosas que han captado mi atención. Cuando mi amiga y yo llegamos la niña estaba con su padre en una cafetería tomándose un café, en ese momento ya se había arrepentido de haber pasado por la policía a denunciar y lo único que quería saber es que iba a pasar con su novio, con el que tenía pensado volver, porque en palabras literales tenía derecho a hacer con su vida lo que le diese la gana. Primera llamada de atención. En ese momento la joven cuenta solo una parte de la historia, y solamente conseguimos sacarle que se pegó con su pareja.

Al poco llama un agente de la autoridad para que vaya a declarar a lo que se niega, y empieza a implorar a su madre que pare la situación, que no quiere perjudicarle. Desconoce en ese momento que existe un protocolo de protección a las víctimas de violencia de género que se activa desde que el mismo centro de salud detecta la existencia de una agresión y que ese protocolo no se para hasta que se celebra el correspondiente juicio y se dicta sentencia. En ese momento los padres se enteran que era una situación reiterada, que la infeliz había estado ya en numerosas ocasiones a la puerta de la comisaría pero que nunca entró a denunciar y que van a proceder a la detención del agresor e insistiendo la niña entre sollozos que no quiere hacerle daño.

Cuando logramos que se tranquilice vamos poniendo contenido a la historia y desgranamos que ya habían tenido una discusión por la mañana porque la agredida quería las llaves de la vivienda para esperarle porque su novio iba a salir y él no quería, por lo que forcejearon. Instintivamente no pude evitar compararla con su abuela materna, que en plena guerra civil,

soltera, con 17 años y embarazada, plantó al padre de la criatura porque se sintió insultada cuando se celó por verla bailar con otro. Estoy segura que el forcejeo de las llaves no se hubiese producido nunca porque no se hubiese rebajado tanto como para pelear por estar con alguien que a todas luces no quería estar con ella. Tercera llamada de atención. De noche, cuando se produjo la agresión, empezaron a discutir de nuevo. Esta vez porque la víctima le propuso alquilar un piso para irse a vivir con él. A partir de ahí empezaron los gritos y la agresión final, que consistió en tirarla del pelo, cogerla por el cuello y arrastrarla por toda la habitación, que dio como resultado contusiones y erosiones por todo el cuerpo, y dolor con pérdida de sensibilidad en el quinto dedo de la mano, tal y como recoge el parte de lesiones. A pesar de la violencia desplegada sobre la víctima que de forma casi automática me hizo recordar una escena de la película “Te doy mis ojos” en la que Luis Tosar es el protagonista, la agredida seguía insistiendo en que todo fue culpa suya.

Pero es que además los padres del agresor estaban presentes, aún así los disculpa diciendo que no sabían lo que estaba pasando. Pero si se enteraron después. Le prepararon una tila y la enviaron para su casa, sola y magullada. Y ni siquiera advirtieron a los padres de la joven de lo que había sucedido, momento que aprovechó para ir a denunciar a la policía y al centro de salud. Y no volvieron a ponerse en contacto con ella ni con la familia de ella hasta que la policía fue a su casa a buscar a su hijo para detenerlo por un delito de violencia de género. Ahí si llamaron para informarse y para decir que no había sido todo culpa del agresor y el padre de la agredida les responde que sabe que es muy intensa, pero que hay límites que no se deben traspasar, me equivoco o estamos todos culpabilizando a la víctima de haber recibido una agresión física en la que la han tirado del pelo, cogido del cuello y arrastrado como si fuese un perro. Pero la cosa no queda ahí, durante la tarde siguieron enviándole mensajes culpabilizándola, diciéndole que había destruido la vida de su hijo, que iba a perder su trabajo. Vamos a ver señores, pongamos los puntos sobre las íes, qué estamos esperando? Que no denuncie, que se calle, que se coma su ya más que baja autoestima, y que entienda, como ya entiende que en parte es la responsable de la brutal agresión a la que se ha visto sometida.

No podemos obviar tampoco el hecho de que esta joven creció con la sombra de un tío maltratador, misógino por naturaleza, que trato toda la vida a las mujeres como si fuesen un trozo de carne que salía a cazar cada fin de semana para incorporar a su sala de trofeos particular, que su exmujer acabo siendo atendida en el centro de atención a mujeres maltratadas y que su familia se ha encargado de encumbrar y justificar diciendo que si la mujer no estaba contenta que se hubiese largado antes. Quizá hubiese sido mejor haber educado a este individuo en el respeto a las mujeres en lugar de tapar y defender lo indefendible. Lo único que han logrado es que una princesa de 25 años, a la que el energúmeno que la agredió no le llega ni a la suela de los zapatos, se crea que merece que la maltraten. Espero que un día se de cuenta, que el amor no se “miaga” ni se gana. Cuando alguien te quiere de verdad no te maltrata. Espero de todo corazón que no sea tarde para ella y algún día encuentre la persona que se la merece de verdad. Y especialmente que aprenda a quererse y a valorarse.


Imagen de - edad de niebla -

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