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  • Foto del escritorMerche Toraño

Boticelli y su obra La primavera






La contemplación de esta obra siempre me ha producido una sensación de serenidad, tal vez inducida por el lirismo que desprende, mezclado con una ausencia de perspectiva que le da al ambiente un aspecto plano y de una realidad ingenua y nada inquietante.


La capacidad de Botticelli para la recreación del ambiente, el dar prioridad al sentimiento ante la acción, constante en su época de mecenazgo a cargo de los Médici, trasladan La Primavera a la categoría de poesía.


El origen de esta obra es un tanto confuso. Puede haber sido creado respondiendo a un encargo de Lorenzo de Médici, pero existe otra teoría que lo sitúa en una fecha un poco más tardía, bajo encargo de otro miembro de esa poderosa familia como regalo de boda para Lorenzo di Pierfrancesco de Médici en 1482. Sea cual sea el motivo de esta magnífica obra de arte, uno de los iconos junto al Nacimiento de Venus, el artista se inspira, para llevarla a cabo, en una descripción del poeta Ovidio acerca de la llegada de la primavera, y toma nota de otros como Poliziano y Lucrecio.


Es evidente que en este cuadro el artista supo traducir con una delicadeza extrema, mediante formas flexibles y sinuosas, las almas de los protagonistas, entrelazándolas y haciendo que veamos el grupo en el que se desarrolla la escena como un todo inseparable y eterno en el que, ateniéndose a los cánones que regían, se puede interpretar la actitud de los protagonistas, situándolos en el mundo ideológico e intelectual en el que el pintor se movía, un mundo que aspiraba a la armonía universal e identificaba la bondad con la belleza.


Y según esos cánones, mi interpretación del cuadro conforme a la cinética o expresión corporal 
La escena se desarrolla en un espacio de naturaleza rebosante de  vegetación y con unos protagonistas que se distribuyen en grupos armónicos desde el punto de vista compositivo e interrelacionados desde la óptica cinética o lenguaje corporal. La figura de Venus guarda una distancia espacial de privacidad que se acorta entre los otros protagonistas de la historia. Los personajes identificados como seres mitológicos representan (de derecha a izquierda del espectador) a Céfiro, el viento cortante de marzo que persigue a Clóris que, al expulsar flores por su boca, hace aparecer la primavera, representada en la mujer con el vestido floreado. Venus, en el centro, acompañada por las tres gracias: "Castitas". "Pulchritude" y "Voluptas" en los que están representados los tres arquetipos de mujer:  la vírgen, la esposa y la amante. En la parte superior del cuadro, flotando en el espacio, Cupido dispara una de sus flechas. Y a la izquierda, con el torso erguido y el brazo elevado hacia el cielo, aparece Mercurio. Los colores suaves de la ropa de cinco de los protagonistas los posponen desde el punto de vista plástico a un segundo plano y los verdes, probablemente más vivos en los inicios de la pintura, hacen destacar intencionadamente las figuras de Mercurio y la diosa, vestidos de rojo. Venus, ostentando la presidencia o el centro de interés del cuadro, se muestra con los rasgos de la cara y el porte relajados en actitud contemplativa. Su posición corporal es de preeminencia y muestra como emblema la palma de la mano (Algún día os hablaré  de  los emblemas, las señas reguladoras y los gestos ilustradores en lenguaje corporal). La representación del amor carnal puede estar simbolizada por el gesto lascivo de Céfiro cogiendo a Clóris que, con el cuerpo inclinado hacia delante, los brazos estirados en posición de huida y mirada de aversión, rechaza la proximidad física de él y desaparece convirtiéndose en una Flora (diosa de la vegetación y de las flores) que sonríe orgullosa de haber podido escapar a las "garras" de un amor no verdadero. A la izquierda se representan las Tres Gracias, que, vestidas con telas transparentes, reclaman su mutua atención y reducen las distancias cogiéndose de la mano, manteniendo así una cercanía personal de intimidad mientras sus cuerpos adoptan con refinamiento una posición de danza. Una de ellas, la que está de espaldas, señal de poco interés hacia los que se encuentran a su derecha, gira la cabeza desviando la mirada hacia el dios Mercurio como señal de vigilancia. A su lado, "Voluptas" eleva la mirada, un tanto arrogante, hacia su brazo y el de una de sus compañeras como seña reguladora que confirma el deseo de intaracción. La gracia de la izquierda contempla con expresión de deleite su mano entrelazada con la de "Castitas". A su vez Mercurio, consciente de que es observado, con el torso erguido y los músculos superiores elevados, simboliza el cortejo mientras con un pie adelantado defiende simbolicamente el territorio que pisa, elevando su mano hacia el árbol y señalando con el dedo (gesto ilustrador) algo que puede ser una fruta. Flotando, más arriba de la cabeza de Venus, se encuentra Cupido que con su arco lanza una flecha dirigida a una de las ninfas,"Castitas", tal vez para despertar el amor de esta por Mercurio.

Los historiadores del arte se muestran bastante unánimes acerca del significado del cuadro, situándolo como una alegoría del reino de Venus, interpretada según la filosofía neoplatónica. Las obras de arte acostumbran a ser un reflejo del momento histórico en el que se crean, y sí se puede advertir en la actitud gestual de Las Gracias coincidencia con esa época de culto a la belleza y amor puro que le tocó vivir a Botticelli Pero como las interpretaciones cambian, dependiendo de un tiempo, cultura o creencia determinada y, teniendo en cuenta que si ahondar con acierto en las emociones ajenas puede resultar difícil a través de la expresión de un actor en movimiento, la arbitrariedad en el juicio puede ser una realidad cuando se emite sobre una imagen "congelada" o estática como lo es una figura pintada. Así y todo, modestamente, y desde mi punto de vista no erudito, me atrevo a expresar, arriesgándome a ser calificada como "retorcida mental" ,una interpretación más adaptada a nuestra actualidad, la de hoy, sobre dos de los personajes de esa escena que acabo de describir. Y es que se podría reconocer en la sonrisa y mirada de Flora una cierta complacencia por no haber podido escapar a las pretensiones de Céfiro y ser al final poseída. Interpreto como símbolo de procreación las manos sobre su vientre y las flores que Cloris expulsa por su boca y llenan su vestido,


¿Alguien puede asegurar que no hubo una intención por parte de Botticelli de desmitificar un amor platónico al que, en contra de todas las teorías de la corriente filosófica del momento sería imposible o demasiado difícil llegar? ¿O que, remitiéndonos a lo que la historia cuenta sobre su celibato y no relación con mujer, -tal vez por alcanzar ese amor platónico- llevó el pintor al lienzo la consecución de un deseo propio, frustrado en la vida real?


Existen diferencias en este cuadro con las expresiones que podemos advertir en utores de otras épocas: misticismo, barroco, la representación del placer material y realismo de la pintura impresionista, la inquietud o la angustia de los rostros pintados por Eduard Munch, por ejemplo. En los museos podemos, a través de la cinética o Kinésica, estudiar situaciones sociales y personales de épocas pasadas pero también puede ser un buen ejercicio para comprender el mundo actual observar individualmente a nuestros contemporáneas, hombres y mujeres que nos encontramos cada día en cualquier lugar, batallones de humanos que caminan deprisa, encorvados, con gesto crispado o de preocupación y que sufren una sociedad que oculta los sentimientos más básicos detrás de la ambición. Una sociedad en la que los valores humanos desaparecen a pasos agigantados en pos de un materialismo ridículo. Una sociedad en la que la decadencia se manifiesta a cada paso: en la calle, en la cultura, en los medios de comunicación. Es un buen momento para tapar los oídos cuando salimos, bajar el volumen del televisor en casa y observar los gestos de los que hablan, seremos conscientes entonces, muy probablemente de que espiritual y sentimentalmente estamos en las antípodas de esa segunda mitad del siglo XV.


La Primavera de Botticelli se ubica en la Galería de los Uffici en Florencia













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