• Estrella Collado

Constelación de Virgo y el culto a las vírgenes en antiguas civilizaciones



En la antigua Mesopotamia, entre el 6500 y el 4300 a.c. el solsticio de verano tenía lugar en la constelación de Virgo. Para los sumerios, de época prebabilónica, suponía la máxima expresión de sus cultos por estar ubicada en plena Vía Láctea.


Así la adoración que profesaban los babilonios a la reina del cielo Isthar venía heredada del pueblo sumerio para quien la galaxia más reverenciada de todas las figuras del Zodíaco era Virgo, por ser la morada del sol en el momento en que se producía el solsticio de verano.


Por tanto la constelación de Virgo era considerada madre de todo, también de los dioses y reina del cielo. Esta divinidad era idéntica a la diosa babilónica Sarrat Same, gran madre y reina de las espigas, o a las egipcias Hathor e Isis, a la cartaginesa Tanit, a la inca Mamahamnan, Cibeles en Asia Menor cuyo culto se extendería posteriormente al imperio romano…entre otras vírgenes. Los babilonios la representaban con una espiga de trigo en la mano y del mismo modo se representaba a la virgen del Zodíaco. Curiosamente la estrella más brillante de esta constelación se sigue llamando actualmente Spica (espiga).


A la importancia que algunas civilizaciones de la antigüedad concedían a esta constelación “la magna Mater y virgo coelestis”, se refiere en sus obras el profeta Jeremías en los siguientes términos:

todas las deidades femeninas del panteón sumerio-babilónico son derivaciones de la misma magna Mater, reina del cielo y virgo coelestis. Esto es aplicable tanto a las vírgenes de la iglesia helénica, como a las de la romana y a las de la sumerio-babilónica…la virgen estelar se remonta hasta la época sumeria…la estrella principal de la constelación la Spica, pudo cada vez, como estrella virginal, sostener la revelación total de la constelación.”


Estos matices heréticos son puestos en valor por diferentes estudiosos católicos del tema. Dölger, sacerdote católico, teólogo y arqueólogo alemán (1879-1940), tras sus investigaciones comprobó que el culto católico a la Virgen María tiene por todos lados conexiones con antiguos cultos paganos tributados a la reina del cielo y madre de los dioses.


También Jeremías defiende que la representación de la Virgen María con el niño Jesús en sus brazos, no es sino una copia de la diosa babilónica de las espigas o de la diosa egipcia Isis amamantando al niño Horus.

El la religión cristiana la madre del Salvador divino es entendida como Virgen María y madre al mismo tiempo, esto ocurría también con los griegos precristianos, quienes celebraban en el solsticio de invierno el nacimiento de Eon nacido, al igual que el Jesús, de una virgen divina.


Estas creencias tan arraigadas y tan comunes entre tantas culturas ancestrales, tan distantes en el espacio- tiempo, a cerca de la reina del cielo, virgen que da a luz a un Niño Dios Salvador, están inspiradas en la bóveda celeste y se remontan a los primeros tiempos de la religiosidad y la cultura primigenia de la humanidad.


En el Zodíaco -franja imaginaria que se entiende situada a ocho grados a cada lado de la eclíptica que divide la esfera celeste en doce partes iguales y en la que se desplazan el Sol, la Luna y los planetas más importantes- cada uno de los signos tiene su propia constelación en el espacio formadas por miles de estrellas con su significación y posición astrológica y por supuesto con relatos y leyendas a cerca de su origen.


Virgo o la “Virgen del Zodíaco” está formada por una de las constelaciones más inmensas del espacio es una de las más visibles en el cielo, integrada por 169 estrellas tres de ellas son de las más brillantes pero sobre todo una llamada Spica o Espiga que citamos anteriormente, por esta razón podemos imaginar que las antiguas civilizaciones vieran en ella la divinidad y asociaran esta constelación con la feminidad, la fertilidad y la pureza.


Imagen de -edad de niebla -


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