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  • Foto del escritorEstrella Collado

Costumbres y creencias de los pueblos esquimales



Inuit es el nombre que reciben los pueblos que habitan las regiones árticas de América del Norte. También su religión animista que mezcla principios chamánicos y cristianos inculcados por los misioneros que llegaron hasta las tierras polares, entre ellos un español, jesuita leonés,  conocido como el Padre Segundo Llorente (León 1906-Spokane 1986) quien entregó su vida a los esquimales y pasó cuarenta años en el Polo Norte.

 

Durante siglos estos pueblos han logrado adaptarse y sobrevivir en climas inhóspitos, en continua lucha contra las adversidades climáticas y naturales,  factores que influyen decisivamente  en sus  fundamentos religiosos y sociales.  Como sociedad se limitan al rol que desempeña la familia primaria, asociadas puntualmente y no siempre con lazos de parentesco, y  el poblado invernal que carece de la suficiente cohesión entre los grupos familiares que lo integran como para lograr una jefatura estable en su comunidad, ya que cada familia goza de su acción con independencia. Por tanto cuentan con una organización muy primaria y aunque ha cambiado o evolucionado en algunos aspectos,  en la actualidad siguen manteniéndose  usos y costumbres ancestrales. La responsabilidad en las actividades extrahogareñas que proporcionan los alimentos recae en el hombre, mientras la mujer continúa confinada al ámbito doméstico. Las familias tenían la misión de concertar los matrimonios de sus miembros con la finalidad de sellar alianzas para la guerra o la caza, hoy en día son los jóvenes  los que eligen libremente a la pareja deseada   para contraer matrimonio.

 

Los inuit han desarrollado un increíble ingenio para adaptarse a vivir en medio de desiertos de hielo, por ello sus viviendas tan populares, los famosos “iglús”,  se convierten en confortables hogares construidos como auténticas obras de arquitectura con forma de cúpulas  realizadas con bloques de hielo y nieve. Este aprovechamiento de los elementos que provocan el frío tiene una inteligente explicación, y aunque parezca una paradoja,   la nieve tiene propiedades aislantes creando las paredes en el interior un ambiente cálido a partir del propio calor corporal de sus moradores, así pueden guarecerse del temido frío ártico.

 

En cuanto a sus creencias religiosas están  basadas en la Naturaleza,  en el medio que habitan en estrecha comunión, en su mundo tangible, pero  también  en la  idea de ese otro mundo sobrenatural donde entran en juego animales, caza y la relación que ejercen con la  Tierra. En sus convencimientos místicos  existen  entidades espirituales invisibles, es decir espíritus bondadosos o positivos “mishtapeuat” que habitan en un mundo similar al nuestro. Las duras condiciones de vida han generado la religión inuit  que ve también  en la naturaleza fuerzas malévolas. Por tanto sus rituales giran entorno a acciones que calmen “la furia “ de los espíritus naturales representados en fenómenos climáticos como las fuertes ventiscas, tormentas, temporales o en determinados animales. Por ejemplo los cazadores abren el cráneo de los animales cazados para liberar su espíritu y que este regrese a su medio natural. Todos los tabús y creencias han dado vida a múltiples leyendas y canciones con una riqueza cultural impresionante que es transmitida por los chamanes.

 

La figura del “chamán” es muy importante y respetada en estas comunidades. Él es quien además de poseer el legado del acervo cultural más arcaico de su pueblo  y de transmitirlo generación tras generación,  cura  males físicos y espirituales de sus gentes. Sólo él puede mediar entre los dos mundos: el  terrenal y el sobrenatural. Para los esquimales cada animal, cada fenómeno de la naturaleza tiene un amo o “inita” con el que pueden comunicarse  a través de los chamanes.

 

Una de las peculiaridades  que más ha trascendido es la  costumbre conocida como   “el beso esquimal”, que supone la más sentida expresión  amorosa cuando se frotan nariz con nariz. Seguramente se debe a las bajas temperaturas, ya que con el  tradicional   beso en la boca  correrían el riesgo de congelarse sus fluidos salivares, al menos esta es la explicación desde la cultura occidental, pero parece ser que para las parejas inuit va más allá, y el “kunit” es una expresión íntima, en realidad frotan sus narices con el ritual de olerse cabello y mejillas,  pues la esencia espiritual de cada individuo es esa fragancia que tan solo ellos saben y pueden percibir. Además de este famoso beso,  la nariz también juega un papel importante en otra de sus ceremonias mortuorias:  Taponar a los difuntos uno de los orificios nasales, el izquierdo a las mujeres, y el derecho a los hombres, ya que tienen  el convencimiento de que por ellos se puede escapar el alma.

 

Sin duda una cultura muy antagónica a la nuestra, pero muy interesante con una gran riqueza antropológica que aporta mucho a la ciencia, como su capacidad de adaptación a las condiciones más duras que la naturaleza presenta y su inteligencia para desarrollar  los recursos evolutivos.


Imagen de -edad de niebla -

 




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