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  • Foto del escritorEstrella Collado

De Saco bendito a Sambenito



El saco bendito era una ancestral costumbre católica. Consistía en vestir una indumentaria en señal de expiación de los pecados. Estaba bendecido por un obispo o por un hombre “santo” de la iglesia. Y ataviados de esa guisa, con sus cilicios, los pecadores realizaban penitencias públicas situándose a la puerta de las iglesias hasta ser perdonados por sus culpas y ser admitidos por la comunidad de fieles.


Lo que en un principio fue un acto de carácter voluntario, fue monopolizado por la lnquisición como una especie de emblema consistente en vestir un poncho o capotillo amarillo con una cruz en forma de aspa de color rojo, que se colocaba sobre el pecho y la espalda de los penitentes, con la diferencia de que ya no era un acto voluntario, sino una imposición a modo de castigo para señalar a los condenados por el tribunal, en definitiva, un escarnio para los réprobos que debían de llevarlo durante todo el tiempo que durase la condena, tan sólo lo quitaban dentro de sus casas. Y si ya era vergonzante y humillante el hecho de portarlo, principiaron los inquisidores con la fea costumbre de que una vez cumplida la sentencia, el saco bendito -que pasó a llamarse “sambenito”- fuera colgado a perpetuidad en la correspondiente iglesia o catedral, para que no olvidaran su “crimen”. Además de colgar la indumentaria se acompañaba de mantelas o carteles. Este uso pasó a ser de cumplida obligatoriedad mediante las lnstrucciones de 1561 dictadas por el lnquisidor Fernando de Valdés y Salas, asturiano para nuestro pesar. Del mismo modo se colgaban los de los condenados a la hoguera por herejes, marcando así a sus descendientes de por vida. Especialmente fueron víctimas de esta befa, mujeres "brujas", y los hispano-hebreos, o criptomusulmanes. Como dato curioso, por poner un ejemplo, entre 1561 y principios del siglo XlX hubo más de medio millar de sambenitos en cartelones colgados en la Mezquita, la Catedral, y las iglesias del Salvador y Santiago de Granada, señalaban a los condenados en la inquisición en autos de fe, con nombres, apellidos, oficios y sus delitos.


Estos hechos, auténticos estigmas sociales, quedaron profundamente marcados en el imaginario colectivo de las comunidades que sufrieron persecuciones y vejaciones como esta de los “sambenitos”. Por tanto, no es de extrañar que en muchos lugares de España aún en la actualidad rememoren estos sucesos. En la localidad extremeña de Hervás celebran un festival cultural: Los Conversos, cuyo objetivo es la divulgación de su historia durante el periodo de convivencia de las comunidades judía y cristiana y su legado hasta nuestros días, a través del teatro, la música y la gastronomía popular. En este evento se estrenó en la edicón de 2018 “El saco bendito”, una comedia cargada de ironía, de la autora Concha Rodríguez. Hervás conmemora un acontecimiento histórico local como fueron las vicisitudes sufridas por los hervasenses de origen hebreo a partir del edicto de expulsión mandado por los Reyes Católicos en 1492. Se celebra en su barrio judío uno de los mejor conservados de Europa.


Por ende, es entendible que el vocablo haya llegado a nuestros días con la significación que popularmente conocemos: “echarle a uno el sambenito o colgarle a uno el sambenito”, cuando se pretende desacreditar, desprestigiar o difamar a alguien.


lmagen de mantelas. Museo Diocesano de Tui (Pontevedra)



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