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  • Foto del escritorMerche Toraño

De tal palo, tal astilla



Todo el sentido de la libertad personal y la elección de una forma de vida diferente a las mujeres de su época fue lo que Federica Montseny aprendió de sus padres, Teresa Mañé Miravet y Juan Montseny Carret.

Y es que Teresa Mañé, activista de ideología anarquista, Fue escritora, poeta, maestra, periodista, conferenciante, traductora de libros…


Su vida transcurrió de forma muy azarosa en aquella España de mediados del siglo XIX y primer tercio del XX, pero tuvo la ocasión de conocer a librepensadores como, entre otros, Josep Llunes, Teresa Claramunt o Tárrida del Mármol, cosa que influyó en su dirección ideológica hacia el anarquismo, y colaboró con ellos en publicaciones que dirigían : El Productor, La Tronada o La Tramontana.


Nacida en Villanueva y la Geltrú, en el seno de una familia de clase media (propietarios de una fonda), estudió Magisterio en Barcelona. En marzo de 1891 contrajo matrimonio civil con el también maestro Joan Montseny, y tiempo después el matrimonio abrió una escuela laica en su pueblo natal para lo que recibieron la ayuda de Bertomeu Gabarró, escolapio que colgó sus hábitos para dedicarse al librepensamiento y a la participación en la creación de escuelas laicas en Cataluña. La pareja tuvo cinco hijos de los que solo sobrevivió Federica.


Un día, mientras celebraban el 1 de mayo, Joan fue detenido por haber hecho una publicación en defensa de Pallás que había sido acusado por participar en el atentado de septiembre de 1893 de la Calle Cambios Nuevos de Barcelona. A partir de esa detención, Teresa comienza un peregrinar de gestiones para lograr la libertad de su marido, cosa que consiguió aunque esa gloria no duró mucho porque Montseny volvió a ser detenido tres años después acusado de implicación en el Proceso de Montjuich. En su encarcelamiento Joan escribía cartas a la prensa con seudónimos -uno de ellos Federico Urales con el que fue muy conocido como periodista- y su mujer era la encargada de hacer llegar esos escritos a su destino, mientras se ocupaba de nuevo en conseguir la libertad, esta vez no solo de su marido sino también de otros que habían sido detenidos con él. Al final, la mujer, consigue la liberación de su esposo pero no puede evitar su destierro a Londres a donde Teresa se traslada para estar juntos. Un tiempo después, y dentro de la clandestinidad, deciden regresar a España para intentar una revisión del proceso. En esta vuelta el matrimonio se instala en Madrid, con la idea de denuncia contra el caso de Montjuich y con los seudónimos de Soledad Gustavo y el ya mencionado de Federico Urales .fundan y editan La Revista Blanca en 1899 que se convertiría en 1903 en Tierra de Libertad, siendo ella la administradora, aunque por el hecho de ser mujer la Ley no se lo permitía, y divulgando desde esta publicación sus ideas anarquistas, aunque ya en 1899, en La Revista Blanca, se mostró como periodista comprometida al solidarizarse con los condenados por actuaciones políticas, y en 1900, desde el periódico liberal El Progreso, demostró que no había pruebas contra los detenidos en el proceso Montjuich. Como directora de La Revista Blanca escribió artículos como El sindicalismo y la anarquía política y sociología, elaboró también una lista de pensamiento en favor de la emancipación de la mujer trabajadora y se espacializó en temas relacionados con el papel cambiante de las mujeres españolas en la sociedad de finales del siglo XIX, reclamando para ellas el derecho de autocontrol sobre su destino y una situación civil que fuera equiparable a la del hombre. Y En estas publicaciones, que podéis encontrar en la Hemeroteca Nacional de España, participaron conocidos pensadores, políticos y literatos como Azorín, Pío Baroja, Unamuno, Maetzu y Pere Corominas, Leopoldo Alas Clarin entre otros.


Teresa Mañé, "Soledad Gustavo", fue una de las primeras libertarias españolas y aunque su vida significó una lucha constante por los derechos humanos, su biografía fue ensombrecida por la relevancia de su hija Federica Montseny, aunque esta seguro que no hubiera llegado a donde llegó si no hubiese sido por el ejemplo, la entrega y la educación que recibió de sus progenitores, en especial de su madre.


En 1912 la familia deja Madrid y se trasladan a Barcelona. Cambian varias veces de dirección hasta instalarse en la localidad de Cerdañola donde Teresa, en una explotación familiar, compaginaba las duras tareas del campo con la traducción de libros.


Durante el estallido de la Guerra Civil en España se le había declarado un cáncer de colon y cuando las tropas de Franco llegan a Barcelona se vio obligada a salir del pais, estaba ya muy grave y tuvo que partir para su exilio en una litera de la Cruz Roja. La aompañaban su hija Federica y sus nietos. Se instaló en Perpiñán donde murió al poco de su llegada.


En la revista Rojo y negro de la CGT, (clausurada en plena Guerra Civil) dijo cosas como:

"La cuestión no estriba en discutir si la mujer es más o menos inteligente que el hombre, si es apta para salvar los más o menos intrincados laberintos de la ciencia, ni si tiene cerebro para elevarse a las regiones de la filosofía. No ha de discutirse capacidad sino derechos.

(...) la mujer solo pide que se le conceda como ser humano y libre lo que tiene derecho: esto es, que se le reconozca civilmente como el hombre,  que se la libere de la tutela  que este ejerce sobre ella y que el Código los trate por igual. Lo demás ya vendrá; ábranse universidades a las mujeres, concédaseles el derecho de ciudadanos libres, y la capacidad, si la tienen o no allá veremos."

Artículos semejantes conservados en las hemerotecas, la mayoría de periódicos ya desaparecidos, dejan patente la situación de la mujer hasta nuestros días y constatan la cantidad de años y esfuerzo que le han dedicado nuestras antepasadas a esa lucha hasta llegar a conseguir, con sudor y hasta sangre, lo que hoy tenemos en cuanto a situación de equiparación social y jurídica, unos derechos que debemos seguir defendiendo ante cualquier amenaza de retroceso. ¡Alerta mujeres, la igualdad con el hombre es un triunfo que nos pertenece, reclamada por nuestras predecesoras desde el siglo XVII y que ya no podemos permitir que nadie nos arrebate aunque para ello tengamos que llevar encima "la escopeta siempre cargada y "dormir al pie de un cañón".































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