• Merche Toraño

Diccionario panhispánico de dudas



Con la intervención multitudinaria de personas en las redes sociales se pone en evidencia cada día la abundancia del mal nivel ortográfico existente.


Estoy segura que a bastantes de vosotros en ocasiones os duelen los ojos ante las tremendas faltas de ortografía que se observan en muchos comentarios que se pueden leer en Facebook, Instagram, twitter… Bien es cierto, que algunas personas de las que participan en esas páginas tienen una edad en la que las oportunidades educativas, por el motivo que fuera, no estuvieron a su alcance y eso las libera totalmente de críticas, por lo menos de la mía, pero otras, la mayoría, son personas relativamente jóvenes que, aunque sí han tenido la oportunidad de acceder a estudios, en esas páginas se muestran como auténticos indigentes ortográficos. Dominan las redes pero no se molestan en usarlas para algo que es tan sencillo como utilizar el diccionario cuando se disponen a intervenir por escrito.


Es muy fácil buscar las palabras en el mismo dispositivo que tienen abierto para escribir los mensajes. Claro que para ello, lo primero sería ser consciente de que la ortografía y uno no tienen una muy cordial relación. Los diccionarios están hoy tan al alcance de la mano que solo con clicar para abrir Google y poner en su buscador la palabra o palabras que se quieren utilizar tendrás al alcance los más rigurosos diccionarios de consulta: el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española, El de María Moliner, etcétera. Pero hoy, quiero hablaros de uno tan útil como los demás pero muy especial, el Diccionario panhispánico de dudas, que también es una obra con carácter normativo, se basa en las normas que regulan actualmente el uso del español en la parcela de la máxima corrección en el lenguaje. Se lleva a cabo por iniciativa de la RAE, respondiendo a una demanda del director de la Academia Chilena de la Lengua y acogida por la Asociación de las Academias de la lengua española, cuya presidencia ostentó Víctor García de la Concha desde 1999 hasta 2010 .


Se llama panhispánico porque ha sido redactado con la colaboración y la intervención de todos los países de habla hispana. Es el resultado de la labor de un numeroso grupo de lingüistas; mucho tiempo, viajes y encuentros.


Con su primera edición por la editorial Santillana en Madrid en el año 2005 y con las precisas actualizaciones hasta hoy, presenta como especial novedad un tratamiento de los extranjerismos en el que la RAE se posiciona a favor de la no incorrección, calificándolos como: “grafías propias de otras lenguas” y levantando la mano ante esos préstamos lingüísticos sobre los que, en tiempos no muy lejanos, se mostraba rigurosa en favor de la etimología española. Respeta al mismo tiempo las divergencias y normas que rigen entre los demás países de habla hispana, considerando absolutamente legítimos los usos regionales, siempre que estos no supongan un riesgo para la unidad de la lengua. Sin perder el purismo trata de implantar una cierta homogeneidad a la hora de utilizar los neologismos o extranjerismos, respetando la diversidad existente.


El cuerpo de la obra lo constituyen una lista de palabras o términos dudosos que se organizan, como en todos los diccionarios, por orden alfabético, estableciendo diferencias entre términos que comparten la misma etimología pero que han especializado sus usos.


Consta de varias partes: el diccionario propiamente dicho y cinco apéndices con el siguiente contenido:


1.Modelos de conjugación verbal

2. Lista de abreviaturas

3. Lista de símbolos alfabetizables

4. Lista de signos o símbolos no alfabetizables

5. Lista de países y capitales con sus gentilicios

Y un glosario de términos lingüísticos que aclara conceptos gramaticales y la nómina de fuentes citadas.


Su publicación ha levantado polémica, sobre todo en la comunidad hispanoamericana, por cuanto algunos lo encontraban recomendado solo para personas especializadas en los recovecos del lenguaje o que sus contenidos podrían ser discutibles. Personalmente encuentro que es un diccionario con definiciones muy sencillas, claro y conciso. De fácil comprensión en lo que se refiere a los datos identificativos de las fuentes citadas, en los ejemplos de uso y el criterio seguido para los topónimos y gentilicios. Se han añadido además, cosa que me parece muy acertada, algunos extranjerismos no recogidos por el diccionario académico, pero que son hoy de uso frecuente en el español de España.


No sé si esa obra hará más fuerte el castellano, pero supone para los profesionales, o simplemente amantes del correcto uso de la lengua, una gran ayuda en la búsqueda de información y orientación. Y aunque su edición haya provocado multitud de críticas y elogios indistintamente, creo que este libro de consulta viene a llenar un vacío que existía a la hora de resolver con comodidad las dudas surgidas, especialmente a profesionales en cuyo trabajo es imprescindible el conocimiento de la lengua como herramienta, al permitirles acceder a cualquier plano del campo lingüístico como el morfológico, el sintáctico, el fonográfico y el léxico-semántico.


Hay que tener humildad, no tener ningún problema al reconocer que no sabemos de todo, y tomarnos un tiempo para “buscar”. ¡Ánimo! con un “clic”, en cualquier buscador de Internet, tendremos a nuestra disposición, este y otros diccionarios sin que nos cueste un céntimo.


Imagen de - edad de niebla -

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