• Merche Toraño

El aprendizaje de la violencia



La violencia está presente en las relaciones humanas por defecto Es algo que se aprende y se guarda en el interior como recurso de reacción y autodefensa en momentos de tensión o percepción de peligro ante algo. Y en otras ocasiones se utiliza habitualmente como mecanismo sistemático del comportamiento.


Aunque la violencia no es solo patrimonio masculino, es tal vez a este género a quien tradicionalmente se le ha educado en la fuerza y la dominación por lo que este impulso innato tiene una gran parte de origen educacional. A los chicos siempre se le ha educado en la fortaleza física y psicológica y han escuchado a sus propios padres cosas como “los hombres no lloran” o esto o aquello no lo hacen los hombres, mientras que a las mujeres se les consideraba más femeninas cuando mostraban su debilidad emocional, debilidad que también ellos poseen aunque no estuviera bien visto que la mostraran.


No ha pasado demasiado tiempo desde que en las familias solo se mandaba a la universidad a los chicos o en el que las mujeres casadas no podían hacer uso de su propio patrimonio, heredado de sus antecesores, sin obtener para ello el permiso de su marido, y tiempos muy cercanos en los que el sexismo era el gran protagonista en los juegos y juguetes de los pequeños (juguetes bélicos a ellos y cocinitas y muñecas a ellas). Esta exigencia de fuerza para llegar a ser un hombre de verdad y la incapacidad para expresar sus sentimientos provoca en ellos un desconcierto anímico que puede convertirlos en individuos sin alma y llevar a los más propensos a reacciones violentas, a perder absolutamente el control sobre su forma de actuar.


Aunque la violencia puede estar presente en cualquier lugar, tal vez es la familia el núcleo en el que se abren los ojos ante esta manera de actuar, y el hogar la primera escuela en la que se aprenden frases de contenido violento.


La familia es el agente de socialización más importante en los primeros años de la vida de las personas. Es un sistema que a su vez está constituido por otros subsistemas, formados por cada uno de sus miembros que tendrán su manera particular de funcionar y relacionarse. El sistema de dominación y sumisión más radical ha sido el del patriarcado, una estructura primaria de poder que provoca desigualdad entre los hombres, que dominan, y las mujeres, subordinadas, origen, sin duda, de la violencia de género y que se mantiene de forma deliberada, considerando a la mujer como un ser inferior al hombre. Por eso, es el varón el que debe ocupar los puestos de más relevancia, no solo en el ámbito familiar sino también en el social e institucional, reservando para él las ocupaciones que exigen una mayor fortaleza intelectual y física, relegando a la mujer a tareas profesionales de jerarquía inferior y al cuidado de la casa y los hijos.


Históricamente la violencia en el hogar no recibió atención por parte de los operadores sociales. Y si a esto se añade el ocultamiento del maltrato por parte de las víctimas, se entiende la creencia general de que el ambiente parental era el más seguro para los componentes de la familia. Afortunadamente esto fue puesto en cuestión a partir de los años setenta, época en que los especialistas en familia efectuaron evaluaciones sistemáticas sobre la violencia en el ámbito familiar, constatando el hecho de que es ahí donde más violencia se ejerce habitualmente. El maltrato puede ejercerlo cualquier miembro contra cualquier otro integrante del grupo. En este caso los agresores tienen con sus víctimas vínculos que pueden ser de tipo biológico, civil, afectivo y de convivencia.


Según Corsi (1995), la identidad masculina hegemónica se define en dos procesos psicológicos al mismo tiempo: el hiperdesarrollo del yo y la represión de la esfera emocional. Masculinidad no necesariamente es igual a violencia, pero es una relación de afirmación entre estos dos términos. La mayor parte de la autoría de hechos violentos está protagonizada por hombres y constatado que, la violencia de género tiene direccionalidad. Lo auténticamente desgraciado es que en la actualidad las actitudes violentas y las reminiscencias de una sociedad patriarcal, reforzadas con ejemplos en películas , lecturas o juegos virtuales, siguen vivas en la juventud actual, siendo estas elementos ejemplarizantes de la masculinidad.


Las investigaciones no aportan datos concluyentes que determinen con rotundidad un perfil concreto de hombre maltratador, pero si existe acuerdo en que los maltratadores ofrecen sesgos cognitivos relacionados con ideas erróneas sobre la legitimación de la violencia como formas de resolver problemas o sobre roles sexuales. Existen datos que afirman que más de un 50% solo son violentos en el ámbito familiar o que se han formado en una cultura de desigualdad sobre lo que significa ser hombre o mujer o en ambientes familiares sobreprotegidos y permisivos. Como contrapunto a todo esto, hace tiempo que en casi todo el mundo los colectivos de hombres considerados pro-feministas han tomado conciencia de que el fenómeno está presente y han empezado a reflexionar sobre el estereotipo de masculinidad y las consecuencias que este modelo tradicional conlleva tanto para las mujeres como para ellos mismos. Esto los ha hecho unirse para luchar contra la problemática de la violencia de género y demostrar que no todos los hombres actúan de la misma manera. Lo terrible es que, aunque los violentos no sean todos, todavía hay demasiados ,a juzgar por las noticias espeluznantes que nos ofrecen a menudo los medios de comunicación.


Imagen de - edad de niebla -



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