• Estrella Collado

El culto fálico




En muchas comunidades antiguas el culto fálico tenía equivalencia con los ritos femeninos de fertilidad. Además de otras implicaciones iniciáticas, también adquiría significación legal en la ceremonia del matrimonio.


Este culto giraba alrededor de una serie de liturgias e imágenes del miembro viril en estado de erección, simbolizando la fecundidad y la reproducción. Son característicos en comunidades campesinas y ganaderas propiciando a través de ciertas solemnidades la analogía entre la reproducción humana y la renovación del ciclo anual con la fertilidad de la tierra y del ganado. Este símbolo no tuvo siempre el mismo sentido, por ejemplo en las religiones chamánicas tenía carácter místico y mágico, mientras que en otras comunidades su significación era puramente sexológica.


A lo largo del Mediterráneo el culto fálico está asociado al dios Príapo, para algunos estudiosos deriva de dos términos egipcios: Phré y apa: Padre de los Pueblos del Sol. O lo que es lo mismo, Osiris. Según la mitología griega y la romana, era un titán que enseñó a Marte el arte de la danza y de la guerra. Se solía representar mediante un falo, aunque también existen representaciones zooantropomórficas: Un Príapo mitad hombre y mitad cabrón, con cuernos y orejas caprinas, coronado con hojas de vid y ramas de laurel, que personificaba la fuerza viril, la sexualidad y el instinto reproductor. Este dios se representaba desnudo con una figura sentada con el pene erecto, y así se conservaba en los templos, siendo la costumbre impuesta a las mujeres griegas, antes de casarse, presentarse ante los sacerdotes que les explicaban sus futuras funciones sexuales en la vida conyugal. Tras esta especie de “cursillos prematrimoniales”, las novias, como la ofrenda más sagrada que podían hacer al dios, le entregaban su virginidad sentándose sobre sus muslos e introduciendo el pene en sus vaginas. Este ceremonial con diversas variantes suponía un acto religioso de efectos jurídicos, practicado por diversos pueblos de la antigüedad, con idénticas prácticas, en India donde las novias antes de casarse consumaban la desfloración en el templo mediante un falo de marfil o de piedra del dios Siva. Y las futuras esposas romanas lo hacían sentadas sobre el instrumento viril de Mutunus deidad fálica del matrimonio.


Según describe Heródoto en sus textos, los egipcios representaban el “phalos”, construyendo unos muñecos de un codo de altura, móviles por medio de unos resortes que llevan por las calles las mujeres moviendo y agitando obscenamente, un miembro casi tan grande como lo restante del cuerpo, formaban una comitiva o procesión guiada por un músico tocando la flauta, mientras las mujeres cantaban himnos dedicados al dios Osiris (Dionisos griego y Baco romano, dioses del vino y de la fertilidad). Fue introducido en Grecia por Melampo hijo de Amitaón. En la antigua Roma el culto a este dios, tenía entre los ritos centrales de las orgías o bacanales, el descubrimiento de un falo con la acepción mistérica de una iniciación sexual. Los falóforos eran los portadores de atributos sexuales masculinos en las procesiones y entonaban las canciones llamadas fálicas con letras obscenas, y relacionadas con antiguas fiestas agrarias romanas.


En Grecia en las llamadas tesmoforias –fiestas de la siembra- consagradas a la diosa Deméter, e instituidas por las danaidas –hijas del rey Dánao- tenían carácter fálico, y en ellas las mujeres casadas portaban en procesión un atributo viril, mientras recorrían las eras suplicando por la fertilidad de la tierra. Durante estas celebraciones, que duraban tres días, las mujeres debían practicar castidad ritual sin poder mantener relaciones sexuales. Ni esclavas ni cortesanas eran admitidas en estas ceremonias. Entre los antiguos pueblos germanos también eran habituales estos cultos, la simbología del miembro viril se modelaba en madera o piedra. El dios nórdico Freys se representaba con una estatuilla cuya parte más prominente era su gran pene.


El culto fálico y las representaciones del sexo con carácter religioso, tanto masculino como femenino, están presentes en diferentes objetos, sin duda con fines rituales, así como en pinturas y estaturias. Extendiéndose a lo largo de la historia en todas las culturas. En la Península Ibérica, en Ampurias, la que fue la más importante fundación griega, en su muralla meridional romana aparece tallado en la piedra un falo de gran tamaño. Así mismo en diferentes yacimientos de nuestro país se han hallado fragmentos de decoraciones fálicas sobre vasos cerámicos de época romana.


En el pueblo conquense de Los Hinojosos se hallan hincadas representaciones fálicas en piedras de un tamaño respetable, claro culto a la fertilidad dirigido a las personas y a las cosechas, procedentes de época romana. Estas simbologías son frecuentes en elementos decorativos de la arquitectura románica rural, es el caso de una escena de un hombre y una mujer en pleno coito esculpida en un canecillo de la iglesia de San Miguel Fuentiduña de Segovia; en los canecillos del alero de la iglesia de San Juan de Amandi en Villaviciosa (Asturias) hay varias escenas, una de ellas es la representación de una pareja abrazada tocándose los pechos; en Cantabria por citar alguno de los muchos ejemplos, en la iglesia de Villanueva de la Nía, una mujer exhibicionista muestra su sexo a los feligreses desde el arco triunfal, y en la Colegiata de Santillana, dentro de la iglesia se puede ver la representación de una mujer acariciando un pene de grandes dimensiones. Incluso se puede apreciar esta iconografía en las grandes catedrales cristianas, en la de Ávila se evidencian tallas eróticas en la sillería del coro, al igual que en la sillería gótica de la catedral de Oviedo. En los capiteles, en canecillos y en otros elementos arquitectónicos son frecuentes estas imágenes de escenas que se repiten frecuentemente: hombres itifálicos, onanistas o no; mujeres mostrando su sexo, o escenas del coito, lo que para muchos autores es una continuidad de los antiguos cultos paganos de fecundidad.



Imágenes -Edad de Niebla- representación hombre fálico en un canecillo del Monasterio románico de San Pedro de Villanueva(Cangas de Onís).

Detalle capitel románico rural del Valle de Sedano. Burgos.

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