• Estrella Collado

El fantasma de Nicolás Avellaneda y la Casa Rosada




Nicolás Avellaneda nació en Tucumán en 1837, hijo del periodista y político Marco de Avellaneda, quien por ser opositor del dictador Juan Manuel de Rosas, murió ejecutado cuando su hijo contaba, apenas, cuatro años de edad. Por este motivo el pequeño y su madre se vieron obligados a huir a Bolivia.


Regresan a su país en 1850 y el joven Nicolás comienza a cursar estudios superiores y se licencia en Derecho por la Universidad de Córdoba. Posteriormente obtendría el Doctorado en la Universidad de Buenos Aires. Fue abogado, profesor de economía y también destacado periodista. Trabajó como redactor en los periódicos El Pueblo, El Nacional del que fue director y fundó El Eco del Norte en 1855. Al igual que su padre se sintió atraído por la política y comenzó su carrera, resultando elegido diputado por la provincia de Buenos Aires en 1859. Durante la presidencia de Sarmiento fue ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, se volcó con entusiasmo en su ministerio, llevando a cabo interesantes proyectos educativos con la creación de numerosas escuelas primarias y normales, así como de colegios nacionales por todo el país.


En 1874 derrotó al presidente Mitre en las elecciones presidenciales, tomando posesión de su cargo y reprimiendo la rebelión llevada a cabo por el presidente saliente, quien consideraba el resultado electoral ilegal.

Ocupó la presidencia de Argentina de 1874 a 1880, siendo el último que presidió la llamada República Liberal.


Dentro de sus logros destaca la ley de Inmigración, llamada ley Avellaneda, que prometía tierras y trabajo a los campesinos de Europa. Y finalmente firmó la paz con Paraguay, poniendo fin a la guerra de la Triple Alianza. Culminó la ocupación de la Patagonia en 1879 y fijó la capitalidad del país en Buenos Aires.


La casa presidencial de Argentina se llama la “Casa Rosada” en cuyo solar levantaron los españoles una fortaleza defensiva en el siglo XVI, a principios del siglo XVIII se construyó con ladrillos un sólido fuerte siendo residencia de gobernadores y virreyes, e incluso del primer presidente de la República tras la independencia.


Avellaneda ordenó la construcción del Palacio de Correos y Telégrafos. Pocos años después el presidente Roca, su sucesor en el cargo, decidió la construcción definitiva del palacio de gobierno uniendo las dos edificaciones, la antigua fortificación y el palacio de Correos.


El nuevo presidente quiso homenajear a Nicolás Avellaneda ordenando pintar su retrato. Nada tendría de particular, a no se porque para pintar este cuadro, que forma parte del Museo de la Casa Rosada, se utilizaron partes del cadáver del homenajeado, concretamente su barba que fue pulverizada y utilizada en la obra pictórica. Tanto trabajadores como visitantes del museo y de la Casa Rosada, aseguran que en ese cuadro se oyen ruidos y se ven sombras que parecen salir del mismo. A pesar de que fue cambiado de lugar en varias ocasiones la presencia del viejo presidente sigue viva pululando por los pasillos del palacio.


La periodista argentina Liliana Franco escribió un curioso libro titulado “Los secretos de la Casa Rosada” con diferentes anécdotas, rarezas e historias singulares, que encierra el icónico edificio bonaerense y entre ellas cita también las apariciones del famoso espectro: “La rareza más grande que tiene la Casa Rosada es que hay un fantasma en el museo. Avellaneda murió ahí y Roca para homenajearlo, hizo realizar un retrato de él. Ese cuadro pongas donde lo pongas, hace ruido de botas caminando sobre el piso de mármol”


Muchas son las personas que dicen haberlo visto e incluso lo han captado en sus cámaras fotográficas. Realidad, mito, leyenda…¡quien sabe! El caso es que yo visité el museo, por entonces ignoraba las historias de las apariciones, y en el cuadro del presidente Avellaneda te fijas, irremediablemente, y percibes una especie de sensación inquietante que, cuando menos, impacta.


Imagen de -edad de niebla -










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