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El mejor aliado contra la ansiedad



En el elenco de enfermedades típicas de la sociedad actual creo que ocupa un lugar privilegiado la ansiedad.


La califico de patología intuitiva pues su mera mención pienso que rememora en todos nosotros lo que sienten las personas que la padecen. Son muchas las circunstancias de la vida que pueden provocarnos ansiedad y que esta íntimamente relacionada con situaciones de estrés. Se suele decir que el estrés es la reacción del cuerpo a una amenaza y que la ansiedad es la reacción del cuerpo al estrés, y la estrecha relación entre ambas siempre me hace pensar en la eterna cuestión de que fue primero ¿el huevo o la gallina? Pues en la ansiedad existe un importante componente psicológico, existiendo un perfil de persona ansiosa que suelen ser gente que anticipa el peligro y que se preocupa excesivamente por las cosas.


A pesar de ese componente psicológico, lo cierto es que la ansiedad tiene manifestaciones físicas variopintas. Uno de los retos de las enfermeras en los servicios de hospitalización es aprender a diferenciar, cuando un paciente les dice que se ahoga y nota que le falta el aire, si es un problema ligado a la respiración o es que tiene ansiedad. Una de las manifestaciones físicas más características de la ansiedad es la sensación de ahogo y falta de aire y diferenciarlos es muy fácil, nos basta con un control de la saturación de oxígeno. Si esta es normal tenemos que pensar que hay un trastorno ansioso subyacente. Pero las formas bajo las que se suele presentar esta patología son de lo más variado, pudiendo destacar las palpitaciones, la taquicardia, sudoración, náuseas, vómitos, sensación de “nudo” en el estómago, hormigueo, tensión y rigidez muscular, incluso inestabilidad y mareos. Y en las formas más graves puede llegar a afectar el sistema inmunitario del individuo, al disminuir la capacidad de resistencia de este frente a las enfermedades.


Para prevenir o mejorar la ansiedad, casi, como repito en todos mis artículos sobre salud, es fundamental una adecuada higiene de vida que incluya una alimentación saludable, la práctica de ejercicio, y un sueño reparador. Lo habitual es que cuando se tiene este trastorno, ligado la mayoría de las veces a situaciones estresantes, no podamos dormir, por este motivo lograr conciliar el sueño se convierte en un reto para estos pacientes. Cuando logran mecerse en los brazos de Morfeo durante toda la noche y levantarse descansados, se han dado pasos de gigante en el control de la enfermedad.


Otras recomendaciones para controlar la ansiedad son evitar las situaciones estresantes, lo que resulta lógico teniendo en cuenta la relación tan íntima que existe entre este trastorno y el estrés. A estos pacientes, como a los niños, se les recomienda mantener una rutina habitual y eliminar las sustancias estimulantes como la cafeína, por supuesto, nada de alcohol, y es muy importante rodearnos de los familiares y amigos queridos. Expresar nuestras emociones y sentimientos pueden ayudarnos a controlar los ataques de ansiedad y mejorar nuestra calidad de vida.


Si nos encontramos un paciente con una crisis de estas características, una buena táctica es proponerle que respire en una bolsa de plástico, suele ser habitual que en las unidades sanitarias se haga esta recomendación. Al concentrarse en la respiración estamos desviando su atención y ayudándoles a canalizar el nerviosismo que presentan. Otra buena táctica son las gomas de mascar. Hay que hablarles con frases cortas y firmes, y por supuesto, no reírnos de ellos, entendiendo su situación.


La gran cuestión es si la ansiedad se cura


La respuesta es afirmativa, aunque ello depende de muchos factores como es el grado de la enfermedad, la adherencia al tratamiento por parte del paciente y el tiempo que lleva con este problema. No olvidemos que dentro de esta patología se incluyen formas tan graves como el trastorno obsesivo compulsivo y el trastorno de estrés postraumático, resultando claro que estos son mucho más difíciles de tratar y con peor pronóstico.


Normalmente la ansiedad se cura en unos meses y en su tratamiento interviene tanto la medicación como la psicoterapia; en muchas ocasiones es necesario combinar ambos. Los medicamentos utilizados para tratar la ansiedad son los ansiolíticos que no producen ni sueño ni sedación, y que incluye benzodiazepinas, busparinas, antibloqueantes y antidepresivos. Es recomendable acudir a terapia con un psicólogo y practicar alguna técnica de relajación.


Y personalmente añado otra recomendación que parece una tontería pero que no lo es en absoluto, reir, existen talleres de risoterapia, y lograr reírnos de nosotros mismos y de la vida, es un arma muy eficaz frente a las contrariedades pues nos ayuda a minimizar los problemas, que son el principal handicap de estos pacientes que se preocupan en exceso por todo. Así que estimados lectores ríanse, cuanto más mejor.


La risa es el más bueno de los antídotos para vencer la tristeza, la melancolía y la depresión. Con ella segregamos endorfinas que constituyen una auténtica píldora natural contra el estrés, logrando esa sensación de bienestar que todos buscamos y que tantas veces nos es esquiva.


Ríanse amigos míos. Verán la vida con otros ojos.


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