• Edad de Niebla

El Reloj

Relatado por su protagonista

Foto cedida a - edad de niebla - por Isabel González de Velandía



Recuerdo que estaba sentada en el suelo del pasillo de tarima vasta de color gris. Jugaba con una caja de botones de todos los colores y tamaños. Los colocaba en forma de muñeca y la "vestía" de colores chillones.


Mientras, mi tía Carmen escuchaba la radio -siempre la tenía puesta- barría el pasillo de un lado para otro escuchando "Peticiones del Oyente" de Radio Madrid. Le gustaba escuchar las dedicatorias. Todas eran de amor: "Para mi querida Paquita, desde el Cuartel de Cerromuriano, y para que vea que no la olvido, le dedico la canción de Lucho Gatica, "El Reloj". Empezó a sonar, ella suspiró y abrazada a la escoba, comenzó a bailar.


Estaba preciosa, con su pelo largo castaño recogido con dos horquillas detrás de las orejas, una blusa de mangas abullonadas de tonos rosas, la falda "tubo" negra y su cintura de avispa. Olía a Heno de Pravia y cuando se movía bailando, ese olor se expandía y yo la aspiraba ¡Olor de Tía Carmen!


"Reloj no marques las horas

porque voy a enloquecer,

ella se irá para siempre

cuando amanezca otra vez..."


Seguía bailando y de repente descubrí que una lágrima caía por su mejilla. Me levanté del suelo y tiré de su falda: ¿Estás malita?... Ella me dijo: "No, cariño". La canción seguía sonando:


"No más nos queda esta noche

para vivir nuestro amor,

y tu tic-tac me recuerda

mi irremediable dolor..."


Daba vueltas con la escoba apretada al pecho y sus caderas se movían al son de la música. Yo la miraba con la admiración de ver a un ser querido, tan bello, disfrutando de sus emociones de manera absolutamente sincera, como si nadie la viera.

¿Quién sería aquella escoba?...¿Algún muchacho de quien estaba enamorada o sólo la ilusión de encontrar a su "príncipe azul?


"Reloj detén tu camino

porque mi vida se apaga,

ella es la estrella

que alumbra mi ser

yo sin su amor no soy nada."


Más lágrimas, tiré de nuevo de su falda para preguntarle que le pasaba. De repente tiró la escoba, se agachó y me cogió en brazos. Mi cara junto a la suya..., sonrió con su preciosa boca y me cogió de la mano para bailar conmigo la última estrofa:


"Detén el tiempo en tus manos

haz esta noche perpetua,

para que nunca se vaya de mi

para que nunca amanezca."


Ella cantaba con Lucho. Yo me reía a carcajadas mientras la miraba embelesada.

Cuando se fue, y ahora también, cada vez que escucho "El Reloj" revivo aquel baile donde ella me cambió por la escoba.


Isabel González de Velandía




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