• Estrella Collado

El retrete, gran avance para la sociedad



A lo largo de 22 siglos un invento romano del s. II a. de C, “el orinal”, fue un instrumento doméstico básico para atenuar vejigas y vientres, pero también, y al grito de: ¡Agua va!, una forma de extender el tifus y otras enfermedades contagiosas. Aunque no está claro quien fue el autor de tal descubrimiento, lo cierto es que se populariza con La Escuela Monge

-posteriormente Instituto Carnot de París- que presentó un invento anónimo en el año 1883, al que llamó “taza de retrete”.


Ya en 1596 un ahijado de la reina Isabel I creo una especie de váter conectado a un depósito de agua que arrastraba los desechos. Pero el invento de sir John Harrington no tuvo éxito. Nunca llegó a difundirse porque parece ser que la reina le negó la patente para poder fabricar más. En 1775 Alexander Cummings, relojero de Londres, retoma la idea y lleva a cabo lo más parecido a un inodoro moderno. Y en 1883 la Escuela Monge de París presentó un invento anónimo de similares características pero menos avanzado.


Su aspecto era similar al que tenemos actualmente en nuestras casas. La taza estaba realizada con chapa y tenía tapa de madera que podía subirse y bajarse. Entre los expertos en medicina no gozó de buena acogida. Los médicos se engancharon en largas discusiones que ponían en tela de juicio la salubridad de este invento. Sin embargo, el debate médico fue decisivo pues le incorporaron un cisterna de agua perfeccionando este invento tan necesario y tan higiénico.


Aunque existe cierta controversia sobre las ideas para mejorar este gran invento, algunos historiadores defienden que fue inglés Thomas Crapper quien en 1886 puso en marcha la instalación de un pequeño depósito con capacidad para 10 litros de agua, colocado a cierta altura del retrete y cuyo contenido se liberaba mediante un sistema de palanca al tirar de una cadena, siendo, de este modo, arrastrados los excrementos hacia los desagües donde se diluía la materia fecal gracias al agua, contribuyendo a que los vertidos, que finalmente acababan en los ríos, fueran menos densos. Crapper también cambió el diseño de la taza incorporando un sifón para que garantizara el depósito permanente de una cantidad de agua en la taza que tiene como finalidad evitar que suban los malos olores. Este modelo más avanzado recibió el nombre de inodoro o water closet. Y fue finalmente aceptado contribuyendo a mejorar la vida humana.


Crapper era un fontanero inglés que gracias al perfeccionamiento del retrete, con varios inventos patentados a este respecto, logró fundar la empresa Thomas Crapper & Co en Londres, una compañía de equipos de plomería. Su empresa fue la primera del mundo en mostrar un sala de exhibición de inodoros, lavabos y baños. Perteneciente a una familia humilde se formó con su hermano que era maestro del plomo. Durante tres años ejerció como plomero oficial y en 1881 se instaló como ingeniero sanitario con su propia fundición de latón. En esta fecha su empresa recibe la petición del Príncipe Alberto – posteriormente Eduardo VI- para suministrar en la mansión de campo de Norfolk, toda la plomería así como numerosos baños con asientos y cerramientos de madera de cedro. Por esta relación comercial con la casa real recibió su primera Royal Warrant, orden real de nombramiento para personas que suministran bienes o servicios a la familia real, lo cual suponía la mejor carta de presentación para un negocio, y le otorgaba distinción y prestigio.


No sabemos exactamente quien fue el inventor pero, está claro, que con las mejoras de Crapper incluidas, ha hecho que sea uno de los mejores inventos de la historia, que contribuyó decisivamente a mejorar la salud y la higiene. Aún así, y en pleno siglo XXI, hay muchos millones de personas en el mundo que carecen de él. Y por esta razón se celebra el Día del Retrete, el 19 de noviembre, con una serie de campañas que pretenden visibilizar que casi la mitad de la población mundial no tiene servicios de saneamiento gestionados de forma segura. La finalidad es aportar una solución consistente en la adopción de medidas para dar respuesta a la crisis de saneamiento mundial y lograr el Objetivo del Desarrollo Sostenible que garantice el agua y el saneamiento para todos de aquí a 2030. No debemos olvidarnos que cada día más de 700 niños mueren por enfermedades diarreicas causadas por agua insalubre y por saneamiento o higiene deficientes.


El acceso al saneamiento es un derecho humano reconocido por las Naciones Unidas, no obstante todavía se precisa cuadruplicar las inversiones e implantar importantes innovaciones para ver progresos a lo largo de la “cadena del saneamiento”, desde los retretes hasta el transporte, la recogida y el tratamiento de los excrementos humanos.


Imagen de - edad de niebla -

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