• Merche Toraño

El saludo también tiene sus reglas

Vamos a recordarlas



Tal vez pronto podamos volver sin reparo a aquellos saludos de cercanía, esos en los que encontrarse con alguien y darnos un apretón de manos o un abrazo era lo más habitual, incluso un par de besos en la mejilla que significaba la expresión más moderna.


El saludo fue siempre, y continúa siendo, un convencionalismo social en todas las partes del mundo. En Europa las reglas de cortesía, en general, fueron perdiendo rigidez y adaptándose a momentos de un mayor desenfado, condicionado, a veces, por criterios de tipo moral en evolución, incluso por pandemias como ha ocurrido en 1918 con la famosa gripe española o en estos tiempos de COVID. Saludarse es un acto que coloca a dos personas o más en una situación de acercamiento o igualdad pero de una igualdad con reservas porque, precisamente al ser un convencionalismo, tiene sus reglas, unas reglas que. lo mismo que ocurre en una presentación, obedecen a la condición jerárquica de quienes se saludan por lo que conviene conocerlas si nos encontramos en alguna ocasión de "compromiso" en un grupo social de nuestro interés en el que necesitamos ser bien juzgados por quienes nos observan, por lo que ello pudiera ayudar a la determinación de ser aceptados o, por el contrario, resultar rechazados si consideran que somos lo suficientemente patanes para que no nos merezcamos la apertura de las puertas de entrada a su privilegiado universo terrenal.


La urbanidad era algo que se enseñaba en los colegios como asignatura obligada hace bastantes años, y que dejó de formar parte de la educación reglada no sé por qué. Y es que las normas, aunque sea en una materia como la cortesía o la buena educación son importantes para que la interrelación entre las personas se practique de forma respetuosa y como consecuencia resulte más cordial la convivencia. Pero no hay que confundir nunca el respeto y las buenas formas con la sobreactuación o la cursilería. La gente cursi lo es con educación o sin ella y cualquier ser humano puede ser cortés y educado de forma natural sin ningún tipo de empalago. Ocurre una cosa entre quienes conocen las reglas y quienes las desconocen o no las practican: que estos últimos no van a ser bien vistas en ambientes determinados en los que la educación forma parte y conforma el comportamiento o manera de actuar del grupo que compone ese ámbito concreto .


La verdad es que hoy en día no vemos buenos ejemplos ni en los parlamentos ni en los medios de comunicación, con personas más bien zafias que se gritan, descalifican e insultan sin pararse a pensar el lamentable espectáculo que eso significa. Y a base de presenciar esos deplorables comportamientos, llegamos a familiarizarnos con esa forma de actuar sin que apenas nos cuestionemos el nefasto ejemplo que ello ofrece. Hasta que nos topamos con una clase de personas que actúan de otra forma, son cordiales, se dirigen a nosotros con respeto y es entonces cuando nos percatamos de que hay diferentes formas de ir por la vida y con esta última nos sentimos más relajados y más a gusto. Nos pueden decir lo mismo que el que grita, incluso más verdades y palabras duras, pero de otra forma que no humilla y que nos permite reflexionar.


Hay muchas normas en esto de comportarse en sociedad. Las hay para todo: para sentarse a la mesa y conducirse en ella, para hacer una presentación para ir de visita, recibir invitados, para utilizar el teléfono, viajar, etc y, como no, para algo tan acostumbrado y universal como es el saludo. ¿Nos hemos parado alguna vez a reflexionar sobre si lo estamos haciendo bien? Es tan cotidiano que, como todo cuya práctica es habitual, lo ejercemos de forma mecánica y sin pensar, tal cual nos sale, y si no nos han instruido nunca en la forma correcta de hacerlo podemos quedar muy mal. Las reglas de cortesía no son ni deben percibirse como un corsé en el que debamos sentirnos presionados/as o incómodos. Pertenecen simplemente una manera de actuar sencilla y normal que sale de forma espontánea si en nuestra formación desde pequeños se han tenido en cuenta la urbanidad o porque nosotros mismos nos hemos ocupado de conocerla y adoptarla en algún momento de nuestra existencia.


Me viene a la cabeza aquello de :"Nunca es tarde si la dicha es buena" Y qué mejor satisfacción que acudir a cualquier evento en el que tengamos que alternar con otras personas y podamos hacerlo con la seguridad de que cuando nos vayamos nadie va a cuestionar nuestros modales o quedar comentando, ni tan siquiera pensando, que no estamos preparados para interactuar en algunos ambientes determinados. Esto solo puede ocurrir cuando nuestra forma de comportarnos sea la correcta conforme a unos cánones establecidos, aceptados y practicados a través del tiempo, incluso en un gesto tan aparentemente pequeño como es un saludo.


Por ello, desde mi formación en protocolo, con el único afán de ayudar a quienes desconozcan las normas que rigen en la cotidiana costumbre de saludar y tengan interés en conocerlas, por lo de que "nunca es tarde", y con toda humildad, paso a enumerarlas.


Aunque me centraré en España, en cuestión de jerarquía, es lo mismo en Europa y en buena parte de países del mundo.


REGLAS PARA EL SALUDO EN ESPAÑA


1. Cuando en el saludo intervienen dos personas de distinta edad (diferenciada o sabida) , saluda primero el de mayor edad. Es decir, la persona más joven espera a que sea la mayor quien tienda la mano o haga el ademán del abrazo.


2. Si son un hombre y una mujer, es el hombre quien tiene que esperar a la iniciativa femenina. No será él el que tienda la mano primero sino la mujer, y el caballero esperará a que se la ofrezca.


3. Cuando el saludo se produce entre dos personas de diferente jerarquía, será la de menor categoría la que espere a que tienda la mano la de rango mayor.


4. Entre personas muy jóvenes se admite más desenfado y no es relevante quien salude primero. a no ser que el encuentro se produzca en un entorno de trabajo o en un evento muy formal. En esos casos regirá el criterio de jerarquía.


5. Si participamos de un evento o acto oficial al que asistan los reyes o miembros de la familia real, serán ellos quien nos tenderán la mano. Nunca debemos hacerlo nosotros primero, tampoco dirigirles la palabra si ellos no lo hacen antes. Bastará con mostrarles una sonrisa para acompañar el saludo.


6. Otra forma de saludo que corresponde al hombre y se hacía solo a mujeres casadas, es el besamanos. Está pasado y casi en desuso. Ya solo se ve dirigido a señoras de mucho rango. Pero si nos gusta esa modalidad, debemos saber que según las reglas solo se hace en sitios cerrados, y para hacerlo bien el caballero con las piernas juntas y rectas, inclina la cabeza hasta alcanzar la mano que la mujer le tiende, la cual no debe llegar a besar sino apenas tocarla con los labios. El equivalente, pero dirigido de un hombre a otro hombre de muchísimo rango sería, desde un cuerpo recto, una leve inclinación de cabeza al contacto de la mano que nos ofrecen.


7. Según las reglas de cortesía, no se saluda a través de la mesa. Si estamos sentados ante una mesa de despacho y recibimos a alguien, las reglas de cortesía dicen que debemos levantarnos, acercarnos a quien llega para ofrecer la mano, invitar a esa persona a sentarse y volver a nuestro sitio .


8. Si un hombre está sentado (en el salón de su casa, en un restaurante, etc) y llega alguien con quien se va a saludar, debe levantarse. A la mujer le está permitido quedarse sentada si es un hombre quien la saluda o una señora más joven que ella, aunque hoy en día, y con la justa reclamación de derechos igualitarios, estas normas se están relajando y ya empieza a ser acostumbrado ver a muchas mujeres, entre las que me cuento, que les gusta actuar de la misma manera y levantarse también como nuestra de respeto e igualdad, aunque sea un hombre quien las salude.


En cuanto a la manera de hacerlo, el saludo más extendido es el apretón de manos, con algunas excepciones como en Japón donde se evita el contacto físico en este convencionalismo. Aunque, en la actualidad, con la globalización y viajes a territorios con otras culturas es muy normal ver a ciudadanos japoneses utilizar esta forma de saludar cuando salen de su país


El saludo con beso es más informal y se practica en entornos desenfadadas y de confianza o entre personas jóvenes. Puede variar la forma de hacerlo según el país. Por ejemplo, mientras que en España lo más frecuente es damos un toque con la boca en cada una de las mejilla o uno en un solo lado de la cara, en Francia , por ejemplo, son cuatro, (uno en una, luego en la otra y se repite), etc. Cuando vamos a otros lugares, no estaría mal enterarnos también de sus costumbres en el terreno de la cortesía.

Y por último, tres matices muy importantes que rigen. El saludo con apretón de manos debe se ser: breve, seco y firme.


Breve. No nos quedemos enganchados en la mano que estrechamos. la cogemos, le damos el clásico apretón y la soltamos


Seco. Nunca demos una mano mojada o sudada


Firme: con la mano entera, cálido y sin flojeras, Bueno, sin flojeras... pero tampoco apretando hasta romperle los dedos a nuestro saludado o saludada ¿eh!



Y, sobre todo, nunca vamos a quedar mal por conocer y, especialmente cuando sea necesario, practicar esas reglas de cortesía ya que el no cumplirlas sí puede ponernos en evidencia.


Imagen de - edad de niebla -


NOTA:

Si queréis formularnos alguna pregunta al respecto, podéis hacerlo en el cajetín para comentarios que está junto al símbolo del "me gusta" en este mismo artículo.







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