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  • Foto del escritorMerche Toraño

El servicio de correos y el voto

Elecciones 23, julio 2023



Debo confesar que empecé a preocuparme un poco ,lo justo, cuando en los medios de comunicación se comenzaron a escuchar mensajes con connotaciones desastrosas referentes al funcionamiento de correos, y digo lo justo porque soy de las personas que utilizan el criterio propio antes de creer lo que escuchan. sobre todo si intuyo que detrás de ello puede existir la posibilidad de una falacia espuriamente interesada. Pues bien, hasta comprobar lo que realmente podía ocurrir y limitándome a considerar solo como palabras las manifestaciones de los que proclamaban el mal funcionamiento de ese servicio, estuve atenta a la llegada de la documentación que había solicitado para votar por correo, ya que soy una de esas ciudadanas a las que las elecciones generales iba a "pillar" fuera de su localidad. Y os voy a contar mi experiencia:


Mi vida se mueve entre la península y Canarias. En junio estaba en el norte, en mi ciudad del Cantábrico, pero tenía previsto irme la segunda semana de julio y, como el día 23 de ese mes iba a estar en ese precioso archipiélago, solicité mi voto por correo al remite donde todavía pensaba encontrarme cuando, por fecha, correspondía que me la enviaran. Las circunatancias quisieron que por una causa de fuerza mayor tuviera que irme antes de lo previsto, el dia 3. La respuesta a mi solicitud iba a llegar, pues, a mi dirección peninsular ¡Qué lio! pensé. ¿Qué podía ocurrir cuando el cartero llevara a mi domicilio la documentación solicitada? Porque era condición obligada que se le entragara al solicitante y yo iba a estar a tres mil kilómetros. Con la esperanza de poder hacer algo para que mi elección electoral pudiera llegar a las urnas, le pedí a mi hija que fuera revisando mi buzón y, en cuanto encontrara en él el aviso de correos, me lo comunicara. Y todo pasó como estaba previsto. La documentación llegó en tiempo y forma y yo no solo no estaba en casa sino que me encontraba en un lugar con el océano por el medio. No sabía muy bien si había una solución que me permitiera cumplir con el derecho democrático de votar. Solo se me ocurrió dirigirme a la oficina de correos de mi nuevo lugar de asentamiento para ver si me podían orientar acerca de lo que tenía que hacer para que mi voluntad pudiera contabilizar en el escrutinio de unas elecciones tan determinantes como las de este 23 de julio 2023. Es una oficina pequeña dentro de una población muy turística en la que las funcionarias que encontré allí, dos señoras, atendían con estoicidad y amabilidad a todas las personas; empáticas unas, menos educadas otras, con la labor de quien está trabajando; usuarios con diferentes idiomas a los que a veces cuesta entender. Pero observé que estas empleadas hacían todo lo posible porque el trato a los beneficiarios de este servicio público fuera lo más correcto y paciente posible. Cuando llegó mi turno, les expliqué mi problema y con toda la voluntad y el interés, que yo agradecí infinitamente, atendieron mi causa, incluso haciendo llamadas telefónicas cuando desconocían algún punto de los pasos a seguir para facilitar que la documentación que me había llegado al domicilio peninsular fuera remitida al insular con el tiempo suficiente para que pudiera ejercer mi derecho constitucional. El hecho consistió en pedir a la oficina receptora, en Asturias-Gijón, el reenvío del sobre que contenía la documentación que iba a permitir mi participación en el sufragio mediante esa modalidad que autoriza al ciudadano a votar sin tener que acudir a su colegio electoral. Esto ocurría el martes 11 de julio y el lunes 17. A primera hora de la mañana, recibí una llamada de la administración de correos a la que había acudido en demanda de ayuda, Esta llamada era para comunicarme que desde la oficina de la península ya les había llegado la documentación reclamada. ¡Eficiencia total! En siete días con un sábado y domingo por el medio ya tenía mi voto en la administración de Caleta de Fuste en Fuerteventura, y las funcionarias de esa administración de correos, el mismísimo lunes a primerísima hora, me avisaban de que ya tenía mi voto disponible.


Y para que los agoreros no preparen con posterioridad a las elecciones un discurso sobre falsos fraudes y tongos, hay que aclarar la imposibilidad de eso porque el procedimiento legal vigente obliga a que el votante se identifique en dos ocasiones (por ello no nos lo pueden dejar en casa si no estamos): una en la solicitud, y otra en la recepción del voto, aunque yo tuve que hacerlo tres porque también se requirió mi identificación para la reclamación de cambio de dirección.


Quiero que este modesto y sencillo escrito sirva de homenaje a esas dos funcionarias de esa oficina pequeña, pero siempre llena de gente debido a la masividad de población de turismo itinerante, en ese precioso y cuidado pueblo; a todos los funcionarios de correos que cumplen rigurosamente con su obligación y a la institución misma, A todos ellos por el esfuerzo demostrado en una situación tan límite como han sido los preliminares a estas elecciones generales en que la capacidad de la institución de correos y sus trabajadores se ha visto prematuramente cuestionada con el fin, tal vez, de tener a la población receptiva ante una posible y posterior manipulación de la opinión pública en caso de fracaso electoral. Y es que sembrar dudas sobre la gestión del voto por correo me parece un juego sucio que embarra las instituciones democráticas.


La desinformación que deslegitimiza los procesos electorales es un juego asqueroso por lo peligroso que puede resultar para la estabilidad de la democracia.


      Imitar a Trump no me parece el mejor ejemplo .           


                                                            Imagen de - edad de niebla -              

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