• Estrella Collado

El zamuro


Fetiches de la naturaleza, romanticismo y un toque de nostalgia






En Venezuela un zamuro puede ser muchas cosas, desde un ave, un empleado de una funeraria, un hombre mujeriego, un viejo al que le gustan las jovencitas, es decir, el equivalente al “viejo verde” español o un árbol.


Vamos a referirnos al árbol Zamuro de nombre científico Mucuna pruriens, y popularmente conocido también como ojo de buey , chiporro, yerepé, grano de mar, ojo de venado, entre otros. Es originario de India, África tropical y zonas de influencia caribeña. Este arbusto trepador puede llegar a alcanzar hasta los quince metros de alto. Entre sus peculiaridades destacan sus flores y vainas cubiertas de pelos anaranjados que producen graves alergias si entran en contacto con la piel humana. También por el polvo de sus semillas utilizado con fines medicinales que contiene alcaloides tóxicos y alucinógenos, y por las propiedades apotropaicas de su semilla.


En algunos países pero especialmente en Venezuela esta semilla conocida también como “Pepa de zamuro”, es un elemento mágico, venerada y arraigada en la cultura prehispánica de este bello país caribeño. Se utiliza como amuleto protector contra el mal de ojo y las malas energías, dicen los chamanes que sus poderes son ilimitados. Atrae la buena suerte de quien lo porta y potencia su autoestima, autocontrol y seguridad personal. Para que sea efectivo ha de ser regalado y ha de estar en contacto con nuestro cuerpo. De este modo creará una especie de malla defensiva para repeler todo el mal que pueda acecharnos o que pueda crearse a nuestro alrededor..


En casa recordaban a un presidente venezolano ya fallecido, Luis Herrera Campins, quien tenía gran fe en este talismán y, según decían por allá, llevaba siempre una “pepa de zamuro” como símbolo de la buena suerte. Por esta razón, dentro de las clases más acomodadas, allá por los años 50 se extendió el uso de “pulir la pepa” o el ojo de venado en joyería y decorarlo con oro para lucirlo a modo de colgante en el cuello o en la muñeca, la “moda” impuso personalizarlo con la inicial del nombre de su propietario o propietaria. Era costumbre, también por esas fechas, que las parejas de enamorados las utilizasen como románticos regalos. Buscando en el baúl de los recuerdos de mis padres encontré la que mi padre le regaló a mi madre con la inicial de su nombre (Blanca).




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