• Estrella Collado

Eloy Gonzalo García "El héroe de Cascorro"


Hoy la historia es familiar. La contaba mi abuela Josefa Torre Gonzalo, es la triste vida de su primo carnal Eloy Gonzalo García, conocido popularmente en todo el país, pero sobre todo en Madrid, como “El héroe de Cascorro”.



Eloy Gonzalo García, El héroe de Cascorro. Fotografia del Ejército de Tierra


Eloy Gonzalo Sánchez era natural de una remota aldea llamada Ambingue en el concejo de Ponga (Asturias). Nació en el seno de una familia humilde y había quedado huérfano de padres, al cuidado de una abuela muy anciana y con su hermana María de muy corta edad. Eloy que era un joven atractivo, inteligente y lleno de inquietudes tenía muy claro que su futuro no estaba en la pequeña aldea pongueta. Y aprovechando una de las pocas ocasiones que se presentaban, huyó con unos comediantes que se iban para Madrid.


Pronto su hermana se quedó completamente sola al fallecer la abuela. Era una niña muy bella y con 15 años contrajo matrimonio con D. Gonzalo Torre, un hombre que le triplicaba la edad, de buena posición, oriundo del vecino concejo de Amieva, que regresó de la Habana con caudales y había fijado su domicilio en Gijón donde tenía algunos negocios. María con 16 años al dar a luz a la segunda hija falleció en el parto, -la niña era mi abuela paterna, Josefa-. A su hermano Eloy jamás volvió a verlo aunque si le había escrito varias

misivas por las que llegó a saber que se había establecido en Madrid, que había ingresado en el ejército y se había casado con una joven de familia acomodada.


Eloy era muy mujeriego”… decía su familia. Siempre le habían vuelto loco “las faldas” y ni siquiera al casarse perdió la afición. Así que conoció a una pobre chica, Luisa García, que había llegado del pueblo madrileño de Chapinería, en busca de trabajo a la capital, y se enamoró perdidamente de Eloy. De esa relación extramatrimonial nació un hijo a quien su padre le dio sus apellidos pero jamás quiso, o jamás pudo, hacerse cargo de él. Luisa García se vio sola, demasiado joven, sin medios, ni fuerzas para sacar adelante a su hijo. Trabajaba como aparcera eventual, con una vida presidida por la necesidad. La pobre mujer tomó la más tremenda decisión de su vida, y con todo su pesar, dejó al pequeño a la puerta de una iglesia, en una noche probablemente fría del día 1 de diciembre de 1868. Luisa, tal vez analfabeta, debió de encargar a algún escribano la nota que dejo entre la ropa que cubría a su pequeño, donde aparece con buena letra escrita la filiación del bebé y su nombre: Eloy Gonzalo García, hijo de Luisa García y de Eloy Gonzalo Sánchez.


El pequeño vivió en la inclusa, después fue adoptado o al menos vivió por algún tiempo con un guardia civil y su mujer. Creció falto de afecto y de cariño. Su padre adoptivo era un hombre excesivamente frío y serio. Con el paso de los años ingresó en el oficio de las armas. Se enamoró de una joven con quien iba a casarse. A los 21 años corriendo el año de1889 ingresa en el Regimiento de Dragones Lusitania nº 12, y llega a obtener la graduación de Cabo. En 1892 pasa a formar parte del Cuerpo de Carabineros, estando destinado en Algeciras y en Estepona. En 1895 lo que prometía ser una carrera con futuro en el ejército, se ve zanjada por un delito de insubordinación, siendo condenado a 12 años de prisión militar. El motivo fue batirse en duelo con un superior al descubrir que su novia y este eran amantes. Eloy, que tenía el carácter bravo de los astures en la sangre, se enfureció tanto que se enfrentó al oficial. Pero dado el rango de su oponente fue condenado y trasladado a Valladolid para cumplir su injusta condena. Llevaba tres años en prisión, cuando tuvo la posibilidad de recuperar la libertad gracias a un real decreto que permitía el alistamiento de presos para la sorda guerra que se estaba librando en Cuba. El ejército español se encontraba embarcado en una larga y fatigosa batalla, con escasos recursos contra los mambises o guerrilla local, que reivindicaban representación en la gestión del suelo de su patria y se habían pasado a la resistencia.


En ese año el estallido de los conflictos de Cuba y Filipinas, hizo que muchas penas se conmutaran a cambio de ir a luchar a estos lugares. Eloy Gonzalo García vio su gran oportunidad y se fue para Cuba, alistándose en el Regimiento de Infantería María Cristina nº 63, con destino en Puerto Príncipe. La guerra estaba en su momento más sensible y complicado. El 22 de septiembre de 1896 unos tres mil insurrectos cubanos cercaban la pequeña localidad de Cascorro, ubicada en las inmediaciones de Puerto Príncipe. Quedando sitiados los españoles en condiciones de precariedad absoluta, volviéndose penosa y preocupante su situación con un larguísimo asedio. En situación límite y a punto de ser totalmente derrotados, los españoles entienden que el único modo de salir de aquella trampa mortal donde habían caído, era volar por los aires una casa donde se encontraban atrincherados y donde se abastecían de municiones, los sublevados que estaban poniéndole las cosas cada vez más difíciles al capitán al mando, Francisco Neila. Se pidieron voluntarios para una misión suicida, era prácticamente imposible sobrevivir a los casi trescientos metros que separaban el parapeto español de las filas insurrectas.


El día 26 de septiembre de 1896 Eloy Gonzalo García, soldado de raza, rehabilitado otra vez a su rango de cabo se ofrece voluntario para ir con una lata de petróleo a hacer estallar el edificio, alegando que no tenía ni novia, ni familia, ni nadie que le esperase en España. Con decisión y de nuevo con esa bravura que le recorría la sangre, cogió una lata de petróleo junto a su fusil y solo pidió que le ataran una cuerda a la cintura, pues siendo lo más probable que estallara con él dentro o que fuera descubierto, no quería que su cuerpo se quedara en manos enemigas. Y con la cuerda, sus compañeros, podrían tirar de él para recuperarlo.


Eloy tenía fama de buen tirador con su inseparable Mauser y también era muy hábil en las acciones de camuflaje que llevó a cabo ocultándose bajo la piel de un caimán para observar los movimientos del “enemigo”. Llegó el momento de actuar y tras dos hora y media de arrastrarse por la tierra debidamente camuflado, alcanzó la edificación desde la que se hacían fuertes los mambises, y que era el objetivo. Contra todo pronóstico su hazaña fue todo un éxito, el depósito de municiones sufrió una explosión impresionante y los sitiados soportando la severidad de la malaria algunos y al borde de la extenuación la mayoría, fueron liberados del largo sitio. Eloy por tal acción pasó a ser el protagonista de uno de los golpes de mano más memorables de la historia militar de nuestro país.


Pronto su acción fue conocida en toda España y el Madrid más castizo, especialmente, que sabía que era uno de los suyos, lo eligió como su héroe y como su emblema de hombre valiente del pueblo. Eloy siguió combatiendo en Cuba y obtuvo la prestigiosa Medalla al Mérito Militar con distintivo rojo, con pensión de 7,5 pesetas incluida, pero nunca volvería vivo a España, ya que este héroe marcado desde su nacimiento por la desgracia, cae enfermo de disentería, arrebatándole la vida el 18 de Junio de 1897 en el Hospital de Matanzas. El cuerpo de Eloy Gonzalo fue repatriado en el vapor San Ignacio llegando a Santander, paradójicamente en el mismo mes en que nació, diciembre, del año 1898 junto a los generales Santocildes y Vara del Rey, sus restos descansan en el cementerio de la Almudena, junto a otros héroes anónimos de aquellas guerras coloniales.


El pueblo de Madrid no olvidó jamás a su héroe, primero le dedicó una calle y el ayuntamiento erigió en su recuerdo una estatua en el Rastro, en una plaza que a pesar de ser de Nicolás Salmerón, para los madrileños siempre fue la plaza de Cascorro, con su héroe Eloy Gonzalo.


La estatua fue obra del escultor segoviano Aniceto Marinas y el pedestal del arquitecto López Sallaberry. Siendo inaugurada por el rey Alfonso XIII en 1902. También el pueblo madrileño de Chapinería tiene una plaza en honor a Eloy con su estatua. Sobre su vida se escribieron diversos libros y fue llevada al cine en varias ocasiones, una de estas películas fue El héroe de Cascorro dirigida por Emilio Bautista en 1929 y protagonizada por los actores Javier de Rivera y Amelia Muñoz.


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