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  • Foto del escritorEstrella Collado

Estraperlo




Al escuchar la palabra estraperlo, rápidamente me sitúo en los tiempos de posguerra. Recuerdo las historias que contaban mis abuelos, sobe todo de aquellas mujeres valientes que tenían a sus maridos en las cárceles de Franco, o eran viudas de republicanos. Para poder sacar a sus hijos adelante muchas de ellas se dedicaban a la compra venta en el mercado negro, de comestibles y artículos de primera necesidad. A ellas las llamaban renoveras. Pero esta actividad recibía el nombre de estraperlo.


Lo curioso del tema es la procedencia del término, que viene de Straperle, una ruleta eléctrica cuyo nombre se debe a sus dos inventores. Uno el aventurero judío Strauss y el otro Perel, socio del anterior, también judío, y empresario de juegos de azar en Niza. Para ellos su invento era “juego de sociedad y habilidad” y no de azar. Era fundamental la vista, la rapidez del cálculo y la sangre fría del operador. Y con esta definición el objetivo era introducirlo en países donde los juegos de azar estaban prohibidos.


Realmente el Straperle no era más que un fraude para enriquecer a sus pícaros creadores. Por ello Strauss ya había sido expulsado de Holanda y llegó a España entorno al año 1933 a Sitges, Cataluña, lugar elegido para ubicar su ruleta eléctrica, pero la Generalidad, siendo su presidente Lluís Companys, no entró al trapo de sus pretensiones y le denegó el permiso. Con las mismas, se fue a Madrid, donde por medio de un promotor de boxeo y de Aurelio Lerroux, sobrino del famoso político Alejandro Lerroux, trató por todos medios que el ministro de la Gobernación, a la sazón Salazar Alonso, le diera la autorización pertinente para instalar su straperle en el casino de San Sebastián. Consigue la autorización del gobernador de la capital donostierra, poniendo su juego en marcha. Aunque duró muy poco, pues a las tres horas quedó prohibido por la policia. Animado por Aurelio Lerroux se traslada con su invento a Mallorca donde muy pronto fue también prohibido por las autoridades. Ante la imposibilidad de hacer negocio con su “ruleta”, escribió una extensa carta al presidente de la República, entonces Alcalá Zamora. Donde explicaba lo ocurrido y reclamaba al estado una indemnización de 80.000 florines. Se le pasó el asunto al Presidente del Gobierno Joaquin Chapaprieta, en octubre de 1934. Supuso un gran escandalo en el que estaba involucrado el ya citado sobrino de Lerroux quien ocupaba el cargo de ministro de Estado tras formar coalición con la CEDA, además de su sobrino estaban implicados siete altos cargos de su partido. De estos hechos se dio cuenta al Parlamento donde se nombró una comisión para depurar responsabilidades.


Azaña y Prieto líderes de las izquierdas, conocían el caso y no dudaron en utilizarlo como arma arrojadiza para desmantelar al partido de los radicales. Y lo consiguieron. Alejandro Lerroux aunque salió libre de culpa se vio obligado a abandonar el gobierno y la jefatura de su partido.


El estraperlo fue tan escandaloso en nuestro país y tan nombrado en la prensa y entre las gentes de la calle, que pasó a ser el término utilizado para designar todo negocio sucio, fuera de la ley o exageradamente lucrativo. De ahí, que este término pasara a dominio público para referirse al mercado negro de la posguerra en la debilitada España del franquismo.


lmagen: Archivo del periódico La Opinión de Málaga.


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