• Edad de Niebla

Hay que optimizar



Rafael, el negro sudafricano que pide limosna discretamente a la puerta del supermercado y ayuda a las señoras mayores a llevarles a casa la cesta de la compra, es un joven alto, fuerte y guapo que muestra una sonrisa permanente iluminando su rostro. Cuando le pregunto por su vida, me contesta en un castellano correcto, aunque un tanto pintoresco. Y me habla de sus dificultades y carencias, pero siempre sin perder la sonrisa, como si todo aquello no fuera más que un juego del que podría salir en cualquier momento. Vive hacinado con otros inmigrantes como él, anda largas caminatas a pie en busca de trabajo, se acerca de madrugada a Mercamadrid, por si puede encontrar alguna tarea de carga o descarga de camiones, en pugna con un montón de desocupados como él.


-¿Y cuándo piensa volver a su país y a su familia, Rafael?


-El mes que viene detrás del mes que viene- responde invariablemente. Me dice que tiene padres y muchos hermanos: ¿Siete? ¿Ocho? Ya ni se acuerda. Que allí ya no se vive tan mal como en la época del Apartheid, pero que el gobierno, blanco o negro, sigue robando todo lo que puede y que los negros de su clase siguen siendo tan pobres como siempre. Y aunque no me lo dice abiertamente creo que envía a la familia algunas pizcas del dinero que consigue ahorrar con su esfuerzo.


Y me lo cuenta todo sin dejar de sonreír con la boca y con los ojos.


Porque siempre hay que ser optimista frente a la adversidad, me sigue diciendo. Sólo que él se ha inventado una forma personal de expresarlo: Hay que optimizar.


Pues sí, señor, tiene razón mi amigo sudafricano, hay que optimizar. Frente a tantas desgracias como ocurren a nuestro alrededor, optimicemos los desánimos y los fracasos. Se dice que todas las cosas malas tienen un lado bueno, aunque a menudo resulte difícil encontrarlo. Pero si hacemos la búsqueda con determinación y la sonrisa sincera y permanente de mi amigo Rafael, es posible que hallemos un resquicio para convertir la esperanza en realidad. Una esperanza optimizadora, desde luego.


Y que esta esperanza hecha realidad alcance igualmente, con nuestra comprensión y solidaridad, a tantas pobres gentes como llegan a España en busca de un mundo mejor.


Postdata: hace meses que he dejado de ver a Rafael. ¿Habrá pasado por fin el mes que viene después del mes que viene y habrá regresado a su hogar familiar? Ojalá haya sido así y la vida haya empezado a sonreír a mi sonriente amigo sudafricano. ¡Se lo merece!).


Miguel Garrido


90 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo