• Estrella Collado

Islas fantásticas



Si contemplamos un mapa de la Edad Media en el que se represente todo el océano Atlántico, llamará nuestra atención la existencia de una notable cantidad de islas que a día de hoy no existen. Lo cierto es que unas más grandes, otras numerosas aunque diminutas, han tenido nombres y han figurado durante siglos en todos los mapas.


En la cartografía del siglo XV, más concretamente un mapa catalán de 1450, aparecen una serie de islas legendarias del océano Atlántico, como isla Desierta, Isla Bella, isla del Infierno, entre otras.


Tierra de Sannikow, situada en el Ártico al norte de las islas de Nueva Siberia, aparecía en las cartas medievales con una interrogación. El barón Toll investigador ruso murió en 1902 buscando este territorio, jamás encontrado y posteriormente borrado del mapa.


En otros casos islas ubicadas en el Atlántico sur, puestas en duda en los mapas del siglo XVIII que aparecían señaladas con interrogantes, como es el caso de Bouvet fue confirmada en 1898 por la expedición Valdivia. Posteriormente, en 1927, fue anexionada por Noruega dado su interés para los balleneros de este país.


En 1932 se extendió por el mundo la noticia de que la Isla de Pascua había desaparecido. Dando por sentado que se la habría tragado el mar como consecuencia del tremendo terremoto de Chile acaecido en 1922. Años más tarde fue encontrada sin haber sufrido daños, por lógica los buques que la buscaban, durante todo ese tiempo, tuvieron que haberse equivocado.


En el archipiélago de las Filipinas apareció en 1871 la isla de Camiguin cuya montaña más alta se eleva a 1626 metros sobre el nivel del mar, estas diferencias de niveles pueden ser causadas por erupciones volcánicas. Lo que si parece cierto es que algunas islas aparecen y desaparecen como consecuencia de las fuerzas tectónicas, tal como ocurriera en 1886 en el océano Pacífico en que surgió el archipiélago de Tonga a causa del estallido de un volcán.


Las islas fantasmas son también fenómenos marítimos que hacen que efectos ópticos como la puesta del sol y las líneas de vapor presenten apariencia de trozos de tierra en medio del mar. Otras no son fantasmas pero si van a la deriva con vegetación arbórea, según testimonios de navegantes. Parece ser que son trozos desprendidos de grandes islas por la acción del martilleo de las olas. Tal es la hallada en 1892 a doscientas millas al sudeste de Nantucket de treinta y cinco kilómetros cuadrados en la que crecían árboles de unos diez metros de altura.


Leyendas como la de San Brandrán dan noticia de que algunos aventureros desembarcaron sobre ballenas dormidas confundiéndolas con tierra firme. Este santo es un héroe legendario irlandés, una especie de Ulises, que tiene su origen en un monje real que fue abad de Cluain Fearta en el siglo VI. Otra de las islas legendarias es la de Brasil o isla de la felicidad que fue protagonista de las poesías de Gerald Griffin, donde habitaban bellísimas doncellas con sed de amor. Un obispo danés llegó a escribir que las islas a la deriva eran siempre monstruos marinos.


Como consecuencia de los fenómenos de espejismos que se producen en muchos lugares de la tierra, las gentes han fantaseado y han creído en islas surgidas y desaparecidas bajo la acción de la magia y la brujería originando numerosas leyendas, sin ir más lejos la de la isla de San Borondón en Canarias, conocida también como “la perdida”, la “encantada”, entre otros muchos apelativos. En la Gomera se habló también durante siglos de una isla que aparecía y desaparecía hacia el Oeste, y que sus habitantes la conocían como Isla de la Manteca, ya que nadie la había logrado nunca pisar. Hubo varias expediciones para encontrar estas islas, la última fue e 1721, a cargo de Juan de Mur que trató de hallar la misteriosa isla canaria. Como dato curioso, existe una carta de navegación francesa que sitúa la de San Borondón como una isla real a 29º de latitud Norte, 5º de longitud este de la isla del Hierro.


Antiguas creencias dicen que con medios mágicos se pueden fijar en un sitio estas islas fantasmas. Una de las formulas es con hierro, por ejemplo disparando una flecha. La isla de Gotlandia, en el mar Báltico, está envuelta en mitos, entre ellos se contaba que tan solo se hacía visible por las noches cuando surgía del mar. Según la tradición se logró alcanzar con una flecha de fuego, quedando fijada.


Son muchas las historias que guardan las tradiciones populares de islas fantásticas o fantasmas que se dan en muchas partes del mundo y sobre todo y con especial profusión en las costas de Irlanda.

Imagen de -edad de niebla-

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