• Estrella Collado

La infanta Isabel y su estancia en la localidad asturiana de Nueva/Llanes



La Chata fue la hija primogénita de la reina Isabel II y Francisco de Asís de Borbón. Nació en 1851 y fue bautizada con los nombres de Maria Isabel Francisca de Asís Cristina Francisca de Paula Dominga de Borbón y Borbón. Fue considerada Princesa de Asturias desde que llegó al mundo y hasta que nació su hermano Alfonso quien paso a ser el heredero de Isabel II. Contrajo matrimonio con Cayetano de Borbón-Dos Sicilias, Conde de Girgenti, quien enfermó de epilepsia y se suicidó de un disparo en la sien en 1871. La infanta quedó viuda con 20 años de edad y regreso a vivir con su familia, entonces exiliados en París. Tras los sucesos de la Revolución Gloriosa del 68. Instalada en la capital de Francia, su principal misión fue asesorar a su hermano el rey y a la restauración borbónica junto a Cánovas del Castilllo.

La infanta consciente de sus compromisos instucionales recorrió España en varias ocasiones ganándose, por su trato cercano y llano, el cariño de los españoles. En algunos de sus viajes a Asturias visitó el Palacio de Nueva, invitada por los Condes de la Vega del Sella, donde paso algunos días. Al menos en dos ocasiones fue obligada su visita al Santuario de Covadonga. De su última estancia en Nueva ha quedado constancia gráfica paseándose por los jardines del palacio, gracias a la cámara del Conde Polentinos.

La infanta fue el miembro más carismático de la historia de la Corona, por su carácter llano y sencillo que la convirtieron en un personaje que gozó de gran simpatía popular entre los madrileños sobre todo, que le pusieron el apelativo de la Chata, y lejos de molestarle le gustaba que la llamases así porque en ello iba la demostración del cariño sincero que le profesaba el pueblo, pues ella sabía descender de su jerarquía y ser una madrileña más que nunca faltó a la cita con la castiza fiesta de San Isidro de la Pradera, donde bebía y reía con las gentes más humildes.


En su honor le dedicaron la conocida y madrileña calle de la Princesa. Por esta simpatía con la que contaba y a excepción de otros miembros de la realeza no fue obligada al exilio al proclamarse en España la II República. En esta fecha contaba ya con una avanzada edad y ella voluntariamente decidió acompañar a su familia en Francia. Cinco días después de abandonar España, murió en tierras galas.

La infanta Isabel paseando por los jardines del palacio del Conde de la Vega del Sella en

Nueva (Llanes-Asturias). Foto: Fototeca del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura. Fondo fotográfiico del Conde Polentinos.

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