• Merche Toraño

La ley del más fuerte



El día fijado todos habían acudido a la cita. Era una ocasión importante esta reunión anual de vecinos. La concejala había aceptado la invitación. Hoy les explicaría como iban las cosas para esta comunidad de la zona rural que se sentía uno de los patitos feos de ese municipio.


Ellos no eran de los que enarbolaban la sumisión por bandera ni ejercían la callada por respuesta . El sentido crítico de los habitantes de esa pedanía no les permitía ser los tuertos en el país de los ciegos porque utilizaban ¡y cómo! los dos ojos para ver, y esto no sentaba bien a los que por encima de promesas no cumplidas y dudosos repartos, mostraban desdén hacia los ciudadanos y expropiaban sin pudor propiedades familiares que habían sido adquiridas a fuerza de mucho sudor, privaciones y hasta alguna lágrima. Por eso su zona sufría un atraso inusitado en lo que se refiere a servicios públicos. Sin atisbo de resignación habían tenido que aceptar esto como tantas otras cosas. Sabían que desde siempre los más fuertes imponían su ley y eran los “faraones” de turno, los nuevos Ramsés que se trasladaban con chófer en coches oficiales de alta cilindrada, viajaban a otras ciudades y países con presupuestos públicos, organizaban eventos a los que casi siempre asistían las mismas personas. Y, a ellos, ¡pobre pueblo llano! siempre les tocaban las duras porque las maduras nunca alcanzaban, en ese reparto injusto, a los que tenían que vivir de su trabajo.


Hoy era un día especial, la edil que los visitaba venía aparentemente en son de paz, aprovecharían para pedirle aquellas cosas que pensaban les correspondían como contribuyentes y de las que en el siglo XXI y por la proximidad a una ciudad bastante importante a la que pertenecía su parroquia, deberían haber dispuesto hacía mucho tiempo.

La hora fijada para la reunión era las siete de la tarde, las siete y media en segunda convocatoria . A y cuarto llegó la esperada visitante, que fue recibida a la puerta por el presidente, el vicepresidente y el secretario de la asociación. Con una sonrisa que nadie de los que allí estaban se creyeron más allá de dibujada en su rostro, la cabeza alta con esa altanería que le proporcionaba saber que las demandas de los que la rodeaban estaban en sus manos, caminó por el pasillo central hasta sentarse a la mesa en la que tenía reservado un lugar de honor. Después del saludo y la presentación de la invitada, por parte de quien en ese momento llevaba las riendas del vecindario anfitrión, al fin, iba a hablar la representante de la ciudadanía ¡Qué expectación! Hasta las moscas dejaron de volar para no hacer ruido con su aleteo. Todos escucharon la ansiada voz que dio las buenas tardes para continuar con el acostumbrado discurso de autobombo, poco claro y no menos increíble para aquellas gentes que conocían mejor que nadie la situación del territorio que pisaban, disfrutaban y sufrían cada día. ¿Cómo iban a creer “los esfuerzos" que había hecho el consistorio municipal para que la zona estuviera ya gozando de la bonanza de los servicios municipales los que caminaban sobre barro cuando llovía, los que tenían que evacuar las aguas sucias a una fosa séptica, caminar seiscientos metros para depositar la basura en unos contenedores o, en último caso, tener que quemarla, y recurrir a pagar un taxi para poder pasar consulta médica por carecer de transporte público? No era esta comunidad la más dispuesta a permitir que se le metiera el dedo en el ojo, por eso, en tono cordial y correcta réplica, el representante de ese grupo de parroquianos, sentado a la misma mesa de la visitante, le recordó a esta protagonista del mitin lo incierto de esa afirmación puesto que algunos pobladores del lugar todavía no gozaban de esas "modernidades",


La mirada fulminante que la mujer le lanzó por haberla colocado públicamente en situación de evidencia, le hizo comprender de inmediato al replicante que, aun en un sistema democrático, las consecuencias de su “intromisión" conllevarían, como venganza, por parte del más fuerte, el incumplimiento de las promesas de progreso para el lugar.


La sentencia estaba decidida.


Imagen de - edad de niebla -

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