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  • Foto del escritorEstrella Collado

La Luna tiene dueño




Un californiano y un alemán se disputaron la propiedad de la la luna en el siglo XVlll.  El alemán defendía que se la había regalado Federico ll de Prusia, por su valentía como soldado en la Guerra de los Siete Años. El californiano lo hacia en virtud de una ley, entonces vigente en su país,  que otorgaba una propiedad (sin dueños) al primero que la solicitase. No sabemos en que quedo el pleito de estos, pero si sabemos que quien se quedó con la propiedad extraterrestre fue un chileno extravagante y bohemio, escritor, pintor y abogado de profesión, amigo del que fuera presidente de Chile, del 1970 a 1973, Salvador Allende y del poeta Pablo Neruda, de nombre Jenaro Gajardo Vera.

Jenaro Gajardo Vera, a mediados del pasado s. XX se fue a una notaría y registró a su nombre el único satélite de la Tierra, por tanto se convirtió en  dueño de la Luna.  Suena a chiste,  pero en la sociedad Los Cóndores de Talca –Institución de labor benéfica y cultural-  cuentan esta  aventura del que fuera uno de sus integrantes. Con esta acción pretendía reírse del capitalismo que invadía el mundo, también Chile. Y para pasarles por los morros a los "Cóndores" su escritura lunar. Ya que en 1954, Jenaro, quiso entrar en este selecto club como socio, pero la respuesta fue negativa. Durante la cena los responsables le informaron que por su condición de abogado si podría asociarse, pero al no ser propietario de nada no podían admitirle.


Al ser rechazado Jenaro  salió, y se fue caminando hasta la plaza de Talca. Le molestó que se le diese tanta importancia a las cosas materiales. La noche era clara y el cielo estaba espectacular. Se detuvo para contemplar  la Luna llena, y  pensó, entonces:  “el satélite pertenece a la Tierra, tiene dimensiones y nadie lo ha inscrito a su nombre". Al día siguiente llevó al conservador de Bienes Raíces y notario de Talca, unos documentos con sus pretensiones y los datos de las medidas de la Luna. El notario se sorprendió, pero tras revisar los formularios y la argumentación, le dijo al  abogado: Tienes toda la razón. La Luna pertenece a la Tierra y tiene deslindes. No creo que nadie la haya inscrito, pero de aquí en adelante te van a tildar de loco. Jenaro hizo tres publicaciones de aviso en el Diario Oficial y, como nadie contestó oponiéndose, volvió a la notaría de Talca para registrar una mítica escritura de la luna, el 25 de septiembre de 1954:



"Jenaro Gajardo Vera, abogado, es dueño, desde antes del año 1857, uniendo su posesión a la de sus antecesores, del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475.00 kilómetros, denominada LUNA, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: Norte, Sur, Oriente y Poniente, espacio sideral. Fija su domicilio en calle 1 Oriente 1270 y su estado civil es soltero. Carnet nº… . , Talca, 25 de septiembre de 1954".


Con el folio sellado en la mano, Gajardo ya era un lunático. Así que se fue al Club  y les  dijo ya que tenían tanto interés por los bienes materiales: he inscrito el satélite lunar de acuerdo a la ley, así que me pertenece. Aquí está la copia de la inscripción autorizada por el notario y el conservador de Bienes Raíces.


Explicaba uno de los miembros de esta Sociedad, ya en tiempos más recientes: Que don Jenaro registró la Luna por 42 pesos, pero nunca la vendió ni fue su intención.Ya que decía: "No la inscribí con  afán de especular.  Si obtengo dineros por ella, la historia se echaría a perder. Quise hacer un acto poético de protesta interviniendo en la selección de los posibles habitantes del satélite y sacarle partido para que la Humanidad tuviera un poco más de paz".


Al ser propietario no les quedó más remedio que aceptar a Jenaro en el club. 


El asunto empezó a correr de voz en voz y  tomo tal dimensión que hasta salió en la prensa chilena de la época e incluso en la de otros países. Pero, "curiosamente", se encontró con la Hacienda de su país que le envió a una inspección donde le notificaban que sabedores de que era dueño de la luna  y de que no la había declarado lo consideraban evasión de impuestos y por tanto había cometido un delito. Pero se encontraron con la inteligente y socarrona respuesta de Jenaro:


  -Muy bien, no nos vamos a complicar la vida. Ustedes van a tasar la Luna primero y una vez que la tasen, hablamos. Los inspectores no volvieron a aparecer.



A mediados de 1969,  aunque no hay constancia documental, se convirtió en toda una leyenda  urbana, cuando -según cuentan- el agregado cultural de la Embajada de EEUU en Santiago de Chile entregó a Gajardo Vera un mensaje del mismísimo Richard Nixon, donde en nombre de los EEUU se le pedía autorización para pisar  el satélite de su propiedad,  en aquella gran gesta del Apolo 11  de la que formaban parte los astronautas Aldrin, Collins y Armstrong, a lo  que el propietario respondió dando su conformidad.


Una noche de 1998, a los 79 años de edad, don Jenaro Gajardo falleció. Antes había redactado un testamento que tan sólo podría ser fruto de una persona de su inteligencia y talento : "Dejo a mi pueblo la Luna, llena de amor por sus penas".



Imágenes de - edad de niebla -

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