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  • Foto del escritorMerche Toraño

La mujer que enamoró a Alberti.



"Surgió ante mi, rubia. Hermosa, sólida y levantada, como la ola que una mar imprevista me arrojara de un golpe contra el pecho".


Con estas palabras recordaba Rafael Alberti su encuentro con el gran amor de su vida.


María Teresa León Goyri Nació en Logroño en 1903. Perteneció a una familia burguesa. Su padre era coronel del ejército y su madre, aunque se dedicaba a la casa, era en su forma de pensar muy detractora de las injusticias sociales y de la desigualdad entre hombres y mujeres, y hermana de María Goyri, que fue la primera mujer en España de obtener el título de licenciada en Filosofía y letras, defensora de los derechos femeninos y mujer de Ramón Menéndez Pidal.


María Teresa León, a la que fascinaba la forma de ver la vida de su tía, fue una mujer creativa, trabajadora, autora de una treintena de obras de literatura, además de periodista, ensayista, traductora, poeta, defensora de los derechos de la clase obrera y preocupada porque la alfabetización y cultura llegase a las clases trabajadoras y campesinas. Desde muy pequeña había mostrado su afición por la literatura y leía libros que no acostumbraban a leer las niñas: Dumas, Pérez Galdós, Víctor Hugo o Diderot, y quería estudiar. Era una época en la que no existían una tecnología dispuesta a idiotizar a las personas. programas de televisión alienantes, Internet con sus redes sociales y fake News, y las personas con inquietudes leían a los grandes autores. Desde muy pronto, también, adquirió un fuerte compromiso político,


A los 17 años se casó con Gonzalo de Sebastián Alfaro en Barcelona. La pareja tuvo un primer hijo, Gonzalo, y más tarde después de una separación con reconciliación posterior, tuvieron un segundo al que llamaron Enrique. El matrimonio no era lo que Maria Teresa pensaba. Y con ese hombre no llevaba la vida que le gustaba. Estuvo hasta la muerte de su padre con su marido y después decidió irse. Esto supuso un gran escándalo en la familia, eran los años veinte y, además, su marido se quedó con el hijo que tenían, lo llevó con él a Burgos y le prohibió a su mujer que lo viera. Entonces no había las leyes actuales y eso podía hacerse. El niño enfermó de meningitis y a ella no le permitían verlo más que unas horas, y sufrió el horrible chantaje de que si quería ver a su hijo, tenía que estar con su marido. María Teresa aceptó volver a su lado y convivir con él. Regresó a la infelicidad. Una vez en Burgos, empezó a escribir artículos y algún cuento en el Diario de Burgos. Era muy joven todavía, daos cuenta que se había casado a los diecisiete años. Escribía con el seudónimo de Isabel Inghirami. En esos artículos ponía ya de manifiesto su interés por la justicia social y su rechazo al sistema que protegía al hombre y dejaba indefensa a la mujer. Es en esa vuelta cuando nace su segundo niño. El matrimonio viven juntos hasta 1928 en que ya rompen definitivamente a la vuelta de un viaje a Argentina. Fue el año siguiente el que cambiaría su destino y la marcaría para el esto de su vida.


Transcurría 1929 cuando, en casa de unos amigos, conoce a Rafael Alberti, entre ellos se produce un flechazo y no tardan demasiado en comenzar una vida en común.


Durante la Segunda República Española participa en la fundación de la revista Octubre que era una publicación revolucionaria, asiste a consejos y congresos mundiales y a través del Socorro Rojo recauda fondos para los obreros de la Revolución Asturiana. En agosto de 1936 se empezó a publicar una revista semanal que había aparecido en sus inicios como una hoja o folleto y de la que se responsabilizaban ella, Alberti, José Bergamín, Rafael Dieste, Lorenzo Varela, Antonio R. Luna, Arturo Souto y Vicente Salas. Se llamaba El Mono Azul y se subtitulaba: Hoja semanal de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa. Fue publicada por el bando republicano durante la Guerra Civil Española y, aunque duró poco, tuvo una gran repercusión. Estaba patrocinada por la Alianza de intelectuales Antifascistas para la defensa de la cultura y entre ellos se encontraba también María Zambrano, además de otros muy destacados en ese periodo, muchos de ellos pertenecientes a la llamada generación del 27, como Vicente Alexandre, Luis Cernuda, Antonio Machado, Ramón J. Sender y otros españoles como Pablo Picasso que colaboró con las ilustraciones, o no españoles como por ejemplo Pablo Neruda,


El nombre de El Mono Azul, aunque pueda sonarnos a simio y que habían tomado el nombre de un monito que tenían en su casa, no tenía nada que ver con eso. La llamaron así por el mono que usaban los milicianos en el frente de la guerra. Y es que la misión que tenía esa revista era llegar a los soldados para que tomaran conciencia de la tarea que tenían en la defensa de la República y la democracia contra los sublevados, el ejército franquista. Fue una de las publicaciones más importantes de carácter cultural, intelectual y artístico de la época. Llegaba al frente y alguien de los que sabían leer, la leía en voz alta para los que no habían alcanzado la alfabetización. Fue una publicación, según se puede ver en la reseña de la Hemeroteca Nacional, que trató de comprometer a los intelectuales españoles en la causa republicana y al mismo tiempo dar a conocer o que fueran conocidos los intelectuales extranjeros que la apoyaban. Prácticamente participaban todos los intelectuales hermanados a la República Española. (Aparte de los que ya cité: Miguel Hernández, León Felipe, Octavio Paz, César Vallejo, y otros).


Pero volviendo a la protagonista de esta historia, durante la Guerra Civil fue secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas. La República la nombró vicepresidenta del Consejo central del Teatro y, mientras se producía la contienda bélica, dirigió e interpretó numerosas obras de teatro, que era una muy importante propaganda al servicio del Frente Popular. Ejerció como directora del Teatro del Arte y Propaganda y dirigente de la política cultural del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Fue la encargada de trasladar de Madrid a Valencia, y custodiar para su protección, 64 obras del Museo del Prado y del Monasterio del Escorial, entre ellas Las meninas de Velázquez.


Tras la derrota de la República, junto a su siempre amado Rafael Alberti, se exilia, Pasa primero por Orán, Francia, Argentina, donde vivieron 23 años y nace su hija Aitana, terminando en Italia. Y cuando se instaura la democracia, regresan a España.


Los síntomas de su enfermedad, con la que moriría, aparecerían en los últimos años de su exilio en Roma. Estaba escribiendo sus memorias e hizo un gran esfuerzo por terminarlas. Cuando el 27 de abril de 1977, un año antes de aprobarse la Constitución española vuelven a España porque Alberti había sido elegido como diputado por el Patido Comunista, María Teresa ya no era totalmente consciente del regreso porque el alzheimer ya la enajenaba y tuvieron que meterla en una residencia. Un tiempo después, Rafael rehace su vida con una valenciana, profesora de instituto, María Asunción Mateo, cuarenta años más joven que él, con la que después de unos años de relación se casó. Estuvo con ella veinte hasta su muerte. Con María Teresa había estado cincuenta.


María Teresa, que durante casi cuarenta años había clamado por una patria: "Una patria, Señor", decía " Una patria para reemplazar a la que me arrancaron del alma de un solo tirón" Este era su anhelo. Pero cuando pudo volver a esa patria, lo hizo para ingresar en una residencia sin ser ya consciente de ello.


El 13 de diciembre de 1988, muere a causa de esa enfermedad que le venía de herencia familiar. Y se dice que se va de este mundo sin que el que había sido su gran amor, el hombre de su vida, hubiese ido a verla. No sé si es cierto. De todas formas ella ya no se enteraba. Pero la viuda de Alberti contaba en una entrevista que le hicieron después del fallecimiento del poeta, que Rafael había pasado unos años muy duros a su vuelta a España con la enfermedad de María teresa y que tuvo que hacer grandes esfuerzos para pagarle la residencia en la que estaba. Y sigue contando, que ella la había visitado y que le resultó muy duro presenciar la situación de aquella mujer que había sido tan fuerte y ocupado un lugar tan importante en el corazón del poeta,


María Teresa está enterrada en el cementerio de Majadahonda y el epitafio es un verso de Alberti que dice : " Hoy, amor, tenemos veinte años"











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