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  • Foto del escritorEstrella Collado

La Vijanera, mascarada de invierno en Silió




El año pasado publicábamos un post a cerca  de las celebraciones ancestrales que por estas fechas se llevan a cabo en muchos lugares del mundo. Recientemente  hablamos de los Mummers de lrlanda, en fin, la intrahistoria de las mascaradas abre un mundo de mitos, ritos y leyendas que han llegado -a pesar de los grandes paréntesis por diferentes causas casi siempre represivas a lo largo de la historia- hasta  la actualidad formando parte de ese arcaico acervo cultural tan característico de las comunidades que conforman el Noroeste de la Península Ibérica, Sur de Francia,   Irlanda, y otros pueblos de la Europa central.

Las teorías de algunos antropólogos parten de explicar como los pueblos prerromanos concebían el tiempo de forma circular, es decir, que cosechas, solsticios y equinoccios se repetían. Así en este concepto cíclico lo único fijo era la luna cada noche. En esta cosmovisión el solsticio de invierno es la batalla de la luz que vence a la oscuridad,  los días comienzan a ser más largos, y  las gentes celebran esa transición con los espíritus del pasado que regresan, en cada lugar reciben distintos nombres, y salen por las casas a pasar revista para comprobar si los habitantes de las mismas son merecedores de la luz,  de ahí también los “aguinaldos” como ritos de paso. La ruptura con la antigua vida y el renacer  en la nueva. Estos festejos rememoran los propios cambios de los individuos y de la Naturaleza en sus ciclos vitales: nacimiento, fecundidad y muerte, de un profundo contenido espiritual.

 

Con la llegada del año nuevo estas costumbres ancestrales se repiten. Y en Silió, pueblo perteneciente al municipio cántabro de Molledo, en el Valle de Iguña,  esta celebración ritual se conoce en toda la comarca  con el nombre de Vijanera, siendo en la actualidad la única que se celebra la de Silió. Según algunos historiadores su nombre proviene de un monte sagrado, desde la antigüedad, para los lugareños: El “Pico Jano”, siendo  Jano claramente un teónimo, ya que tras la romanización se consagró este monte al dios de enero. En otros documentos del siglo XIX aparece alguna referencia con el nombre de “Viejanera”, lo cual podría referirse al año viejo que se deja atrás.

 

La Vijanera de Silió se celebró desde tiempos ancestrales ininterrumpidamente hasta el año 1937, en plena Guerra Civil.  Tras una larga pausa en el tiempo fue recuperada con mucho empeño, prueba del arraigo y pervivencia del rito en el imaginario popular. Los vecinos y vecinas trabajan en unión para salvaguardar sus tradiciones.  En una capilla desacralizada en la plaza del pueblo la Asociación “la Vijanera” ha creado un museo. Estuve esta primavera y un joven del pueblo y participante en la mascarada, muy amable,  nos explicó con detalle y orgullo, todo lo referente a su cultura y sus raíces.  Disfrutamos de sus comentarios y también de  un interesante documental. Hay constancia que en las Cuevas de Altamira y del Castillo en Puente  Viesgo, los hombres prehistóricos plasmaron figuras zoomorfas que nos recuerdan los personajes que recrean estas mascaradas de invierno. Es indudable que en el noroeste peninsular los cultos de época prerromana eran de carácter naturalista. La ancestralidad se respira en estos ritos.

 

En la actualidad se celebra el primer domingo de cada año, siempre que este no coincida con el día de Año Nuevo. Está declarada “Fiesta de Interés Turístico Nacional. Y desde el año 2021 es Bien de Interés Cultural Etnográfico Inmaterial.  La comitiva está integrada por un elenco de extraños personajes:  Danzantes blancos y negro, el Trapero seis Zarramacos

también conocidos en otros lugares de Cantabria y en Asturias como Zamarrones -siendo el vocablo que designaba las cuadrillas de jóvenes guerreros de las tribus que ocupaban estos territorios antes de ser conquistados por Roma-, el oso y el amo, seis Trapajones, Madama, Mancebo y Marquesito, la Vieja y el Viejo, la Pepa, Gorilona grande y pequeña con su amo el Húngaro, los pasiegos con muñeco de trapo. El médico y la preñá, los guardias, la bruja y el diablo entre otros, que recorren las calles de la localidad haciendo sonar los cencerros.

 

Todas estas celebraciones son raros ejemplos de supervivencia cultural con gran interés tanto antropológico como turístico. De hecho os recomiendo asistir a estos festejos, pero planificando la visita con mucha antelación, pues la asistencia es multitudinaria y todos los hoteles están reservados.  Para este año ya no da tiempo, pero podéis visitar  a lo largo del año este hermoso pueblo cántabro y su Centro de  Interpretación de la Vijanera, la iglesia  románica de San Facundo y San Primitivo y recorrer el municipio de Molledo, atravesado por el río Besaya,  de gran belleza paisajística con numerosas rutas para los amantes del senderismo y de la Naturaleza.  Una propuesta a tener en cuenta para este 2024.

 

Feliz  Año


 Imagen de - edad de niebla -

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