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  • Foto del escritorMerche Toraño

Las abarcas desiertas


Miguel Hernández y el 5 de Enero.





En España la Epifanía o llegada de los tres Reyes Magos se espera  por el colectivo infantil con ansiedad e ilusión. Es una tradición que estos tres reyes sean quienes cada 5 de enero se encarguen de hacer que esa noche sea mágica, pasando por las casas mientras los niños duermen para dejarles regalos, y algo de carbón a los que no se han portado bien del todo. Ese día, antes de irse a dormir, los peques dejan sus zapatos o zapatillas en un sitio visible para que Melchor, Gaspar y  Baltasar depositen allí los obsequios que les han reservado.

 

Según escuché cuando era pequeña, esto de dejar el calzado tiene el origen en una leyenda que cuenta que dos amigos del niño Jesús, apenados de verle siempre descalzo, debido a lo pobre que era su familia, quisieron regalarle sus zapatos y como eran viejos los lavaron bien y los dejaron por la noche en la ventana para que se secaran. Los Reyes Magos pasaron por allí y para premiar la buena acción de los niños les dejaron los zapatos llenos de dulces y regalos.

 

Pero, leyendas aparte, aunque esta sección se titule Historias contadas, no voy caer en la tentación de relatar la historia de esta celebración harto ya conocida. Y, además, son otro tipo de manifestaciones las que me conmueven, como la que se entiende en Las abarcas desiertas, aquel poema de Miguel Hernández (1937) del que copio algunos versos:

 

 

Por el cinco de enero/ cada enero ponía/ mi calzado cabrero a la ventana fría

 

(…) Por el cinco de enero/ para el seis, yo quería/ que fuera el mundo entero/ una juguetería

 

Y al andar la alborada/ removiendo las huertas/ mis abarcas sin nada/ mis barcas desiertas

 

Ningún rey coronado tuvo pie, tuvo gana/ para ver el calzado en mi pobre ventana.

 

(…) Por el cinco de enero/ de la majada mía/ mi calzado cabrero a la escarcha salía.

 

Y hacia el seis, mis miradas/ hallaban en sus puertas/ mis abarcas heladas/ mis abarcas desiertas.

 

No hace mucho leí en una revista que databa del 3 de enero de 1928 un artículo en el que después de comentar que los zapatos de los niños de Madrid ya se estaban colocando en cada casa para esperar a sus majestades, su autor pasaba a contar que en la capital se empezaban a hacer las compras para esa celebración a partir del día 15 o 16 de diciembre , compras que iban creciendo  a medida que se acercaba el 5 de enero, y que los establecimientos especializados en juguetes venían a hacer al día, como término medio, una venta de la sustanciosa cantidad de unas doscientas pesetas. Cifra que empezaba a subir, a partir del veinte, a unas cuatrocientas de media manteniéndose así hasta el cuatro  y cinco de enero días en que se elevaba  a la desorbitada cantidad de cuatro o cinco mil pesetas. Y, continuaba diciendo el reportero: “ Los juguetes contemporáneos son ruinosos”. “Así los Mecanos, los trenes eléctricos, las muñecas que andan, los pajaritos que aletean y trinan , los automóviles, todo esto tiene precios fantásticos;  quinientas pesetas, ochocientas, mil…” Y, sigue contando  que esos juguetes venían de Francia , Alemania, y el Mecano de Inglaterra. Por eso debían ser tan caros. Y continúa: ” Claro que muy pocos niños, elegidos, serán los que se encontrarán el día seis al lado de sus zapatos juguetes como esos”. Y aclara, que lo que más se compra son: (y estos ya fabricados en España) para las niñas: muñecas sobre todo de trapo, cocinitas, réplicas de enseres como cacerolas, tacitas y platos, etc y para los niños: coches, caballos de cartón, soldaditos, juegos de bolos, escopetas… Estos eran los regalos de la época que pedían los peques.

 

Muy diferentes fue lo que solicitaban en sus cartas los niños y niñas a esos mismos  Reyes Magos años después.

 

La misma revista, el 5 de diciembre de 1937 publicaba:

 

“El soldado combate en los frentes por una vida nueva, y en la retaguardia organizaciones como el S.R.J., Comité Central de Vecinos, Mujeres Antifascistas, Unión de Muchachas y Federación de Pioneros, que canalizan el fervor y la solidaridad del pueblo, harán feliz la fecha para los niños, para los hijos y hermanos del combatiente. Ropa de abrigo, dulces, juguetes, nada faltará esos días dedicados exclusivamente a su fiesta, a la Fiesta del Niño (…) y se sentirán dichosos aunque arrecien los bombardeos””.

 

En las cartas a los RR.MM los niños de 1937 pedían cosas muy diferentes a los de años anteriores y nada que ver con los deseos  y caprichos de los de este  2024 en los países que gozan de paz. España estaba en guerra y en sus cartas, y con su mentalidad infantil,  los niños escribían peticiones como, “que los buenos triunfen sobre los malos” o que sus seres queridos volvieran del frente sanos y salvos . Y paz, pedían mucha paz. Me imagino que es lo mismo que habrán pedido estas navidades y piden todos los días a la vida al destino, a los poderosos o a quien fuere, los niños de Israel, Palestina, Ucrania, Siria, Somalia, Birmania, Sahel y Magreb, Yemen y otros países inmersos en crisis y conflictos insoportables para poblaciones de civiles inocentes que viven desde hace tiempo épocas muy duras y terribles.

 

El mundo evoluciona pero los cerebros humanos no cambian.

 

“Ningún rey coronado

tuvo pie, tuvo gana

para ver el calzado

de mi pobre ventana

 

Toda gente de trono

toda gente de botas

se rio con encono

de mis abarcas rotas

 

Rabié de llanto

hasta cubrir de sal mi piel

por un mundo de pasta

y un mundo de miel

 

Por el cinco de enero

de la majada mía

mi calzado cabrero

a la escarcha salía

 

Y hacia el seis, mis miradas

hallaban en sus puertas

mis abarcas heladas

mis abarcas desiertas “

 

Poema de Miguel Hernández, 1937

 


lmagen - edad de niebla -




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