• Estrella Collado

Llamarse andana

Su porqué




Todos hemos escuchado y utilizado esta expresión en algún momento de nuestras vidas, en el sentido de desdecirse, arrepentirse o retractarse de lo que hemos dicho o prometido.

Pero realmente este dicho tiene su origen en otras épocas, como bien lo escribe Quevedo en “Capitulaciones de la vida en la Corte”, donde explica que en el siglo XVII algunas personas que delinquían escapaban del lugar de los hechos para refugiarse en un templo o iglesia, motivo por el que obtenían impunidad. En el argot de gentes proscritas, presos y criminales, lengua de germanía, se llamaba a la iglesia antana y altana, según nos lo cuenta, también, Deleito Piñuela en “La mala vida en la España de Felipe IV” y parece que de ahí nació la frase llamarse antana como sinónimo de esquivar el cumplimiento de obligaciones o castigos.


Las iglesias conforme a lo prescrito en las leyes de la época podían otorgar el derecho de asilo a aquellas personas que solicitasen acogerse a “sagrado” para gozar de este derecho. Al criminal que era detenido por la justicia le interesaba hacer uso del ganado derecho de asilo, por estar o haber estado acogido, era frecuente llamarse iglesia, es decir, el empeño en no responder otra palabra que iglesia cuando le preguntaban.

En alguna de sus jácaras Quevedo escribió, a este respecto:


“Tienen gran tirria conmigo

los confesores de historias;

más sólo iglesia me llamo,

pueden hacer que responda”


Así podemos entender el sentido de llamarse andana, que se fue extendiendo popularmente con el pasar del tiempo y hasta nuestros días.

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