• Estrella Collado

Los miedos y las sombras




Dentro del gran abanico de miedos humanos relacionados con el cuerpo, la sombra ocupa un lugar privilegiado. Su presencia o ausencia, como el caso del personaje de cuento Peter Pan que la perdía y huía de ella porque no quería crecer, estaba relacionada con creencias atávicas.


La RAE –Real Academia Española- define la sombra como: “imagen oscura que sobre una superficie cualquiera proyecta un cuerpo opaco, interceptando los rayos directos de la luz”. Skia es la palabra griega que la designa. Para los árabes significaba seguidor o seguidora. Para otras culturas denotaba un concepto que se opone, es el caso del “ying-yang” chino que literalmente quiere decir ladera-clara ladera-oscura.


En general los pueblos de la antigüedad las interpretaban como proyecciones del alma a través del cuerpo. De ahí que cuando una persona perdía su sombra era signo inequívoco de que el alma la había abandonado, es decir se había escapado de su envoltura carnal alejándose hacia otra vida. Una de las causas por la que las personas podían peder su alma era cuando un vampiro acercándose por la espalda le robaba la sombra y la clavaba en la pared.


En las formas umbrías que proyectaban los fuegos de las chimeneas, el imaginario popular veía cuerpos humanos decapitados, demonios y un sinfín de figuras maléficas. Dentro de estas tradiciones ancestrales, había que proteger también la sombra de los difuntos de posibles adversidades, sin ir más lejos, en la Europa medieval tenían la creencia de que si una persona fallecía en la noche y su espíritu –su sombra- se alejaba, corría el riesgo de que cruzara grandes extensiones de agua que le impedían pasar a la otra vida, -de ahí mitos como Caronte el barquero que transportaba al inframundo, o el barquero celestial egipcio- entonces el alma regresaba al cuerpo del difunto convirtiéndose así en muerto ambulante, en vampiro, o zombi. Por esta cuestión se tapaban los barriles con agua de lluvia y se construían puentes aunque fueran de madera o de cuerdas.


Lo cierto es que aún en nuestros días hay quien tiene gran temor de las sombras, humanas o de otro tipo, convirtiéndose en enfermedad u obsesión que recibe el nombre de esciofobia. Las personas que la padecen no salen de casa en horas diurnas debido al miedo que les produce incluso ver la suya proyectada.


Imagen de - edad de niebla -






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