• Merche Toraño

Los pensionistas españoles recibieron la carta del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social


Al fin parece que se abre la esperanza a una vejez más digna



En enero, como desde hace un tiempo cada año por estas fechas, llegó una carta a los domicilios de los jubilados. En el remite del sobre reza: Ministerio de Inclusión Seguridad Social... Y va rubricada, nada más y nada menos, que por el ministro o la ministra de turno, que es este año José Luis Escrivá, Ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.


Sobrecoge un poco cuando al sacarla del buzón se lee en el remite: Secretaría de Estado de la Seguridad Social y Pensiones. ¡Ay Dios, que me dirán estos! Es la exclamación que se le ocurre a uno de pronto, porque, aunque se recibiera cada año, venía siendo tan poco relevante, debido a lo ofensivo que suponía su contenido para el receptor que, por aquello de “la memoria selectiva”, este prefería olvidar la mofa de ocasiones anteriores. Y es que, no me digan que no era humillante leer cada enero, en ese envío que se recibía por correo ordinario, la noticia, en clave rimbombante, de que la subida de la pensión mensual ascendía nada más y nada menos que a un euro con setenta céntimos al mes o, dos o cuatro a los más afortunados. No es que en alguna legislatura anterior las cosas en ese terreno hubiesen sido especialmente mejores, pero en los últimos años, fue Fátima Báñez, ministra de Empleo y Seguridad Social del gobierno de Rajoy, quien a través del acostumbrado escrito y sin sonrojarse ni un poco, comunicaba el “gran esfuerzo” hecho por el ejecutivo para poder ofrecerles tan pírrica recompensa. Casi costaba más el sello de esa carta que la suba mensual acordada.


La misiva de este primer mes del año a los hogares de los pensionistas españoles contiene una información algo más generosa y abre la esperanza a la posibilidad de una pensión un poco más digna en un tiempo. El ministro, después de notificarnos que “desde el Gobierno de España han trabajado intensamente en reforzar y modernizar el sistema público de pensiones” -hasta aquí leemos más o menos lo mismo que todos los años anteriores- continúa diciendo que las pensiones, -ahora viene la novedad- :“van a mantener siempre el poder adquisitivo”, que en 2022 la subida es de un 2.25% para las contributivas y de un 3% para las pensiones mínimas y no contributivas y que, además, el compromiso de revalorización con el Índice de Precios de Consumo se hará efectivo todos los años a partir de ahora por lo cual, y en definitiva, el 1 de enero de cada año la pensión subirá exactamente lo mismo que haya aumentado el IPC en+medio del año anterior, garantizando así su revalorización.


A medida en que se va leyendo no parece nada especial con relación a las cartas que se recibían cada año por estas mismas fechas, pero lo es. Porque aunque con la subida, igual a ese indicador de inflación (o deflación) llamado IPC (índice de precios al consumo) no se va a llegar a la equivalencia con el salario mínimo interprofesional ni tampoco se va a recuperar el poder adquisitivo perdido por los pensionistas (mientras, por ejemplo, se rescataba a los bancos) y, por tanto, las pagas por jubilación dejan todavía bastante que desear para ser dignas, por lo menos, pasan del mísero insulto que suponía la vergonzante limosna de uno o tres euros de los dos últimos gobiernos anteriores (legislaturas X y XI), a treinta y tantos, a día de hoy, en las pensiones más pequeñas. Y es que, aunque pueda parecer una insignificancia a efectos de las necesidades de bienes de consumo, desde un euro, dos, tres o cuatro de las subidas de años anteriores a los treinta y tantos de esta última, existe una bienvenida diferencia como indicio de que, por lo menos, alguien se está empezando a concienciar acerca de las necesidades vitales que las personas mayores tienen que cubrir, y que es de justicia social no condenar a este colectivo humano a la miseria, después de haber laborado toda una vida para mantener en pie a esa misma sociedad que ahora intenta invisibilizarlos y castigarlos a la tristeza de una vejez llena de carencias en lo más básico, como son el alimento, el vestido o mitigar el frio térmico en sus hogares. Que sí, que los precios de los productos de consumo también se han elevado y con la cuantía de esta subida solo se llega a la paridad con la de los precios de consumo... y que el montante de las pensiones necesita todavía seguir siendo revisado hasta facilitar una vejez cómoda a sus beneficiarios, estoy totalmente de acuerdo pero, por lo menos, esta última subida aprobada no se parece para nada a la burla de años anteriores. Me da igual el color político de quien haya propiciado este principio de cambio pero, por justicia, hay que declarar que ha sido el gobierno de Pedro Sánchez con el consenso de las diferentes fuerzas políticas que lo componen quien lo ha sacado adelante ¡Al César lo que es del César! Y aunque se tendrá que continuar ejerciendo presión social para conseguir alcanzar esa dignidad de vida que se merecen los mayores después de su cese laboral, hay que reconocer que la reforma que acaba de entrar en vigor incluye medidas importantes que pueden ser un esperanzador comienzo para que el sistema público de pensiones en España llegue a ser más justo y pueda algún día, no lejano, alcanzar el equiparamiento con el de otros países de la Unión Europea en los que sus mayores se pueden permitir una vejez relativamente confortable en cuanto al cumplimiento de las necesidades fundamentales para su supervivencia.


Imagen de - edad de niebla -



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