• Edad de Niebla

Nostalgia de La Codorniz y otros plumíferos.




Y la señora le dice al caballero que la corteja "No me regale esos ramos de flores tan grandes que en el de ayer encontré un león".


Aquel dibujo, con dos figuras humanas esquemáticas y el texto citado, componían la portada de uno de los primeros números de La Codorniz, que se autodefinía como La revista más audaz para el lector más inteligente.


En los primeros años de la postguerra española, hacia 1941, la irrupción en los quioscos de prensa de aquella avecilla insolente supuso una llamarada de luz en el sombrío panorama de nuestra vida nacional. El humor absurdo de los textos y la heterodoxia de los dibujos chocaban con la grandilocuencia del Régimen franquista. Incluso el mismo título de la revista ya parecía un insulto: "He aquí un ave que ensucia los cielos azules de nuestra patria reconquistada," parecían decirse los jerifaltes. Y durante muchos años las escopetas de la censura oficial trataron de abatir aquel pájaro entremetido, que a pesar de quedar tocado del ala en más de una ocasión siempre terminaba por escapar y volver a molestar a nuestros Intocables.


La revista se hizo enormemente popular en todo el país, incluso entre quienes no la leían. Se comentaban las cosas de La Codorniz, o "codornizadas". Y también se le achacaban textos y frases que no habían sido publicadas por ella. Cuando la propaganda oficial repetía hasta la sociedad el eslogan "Franco sí, comunismo no", la gente aseguraba haber visto un dibujo codornicesco, donde fuera de la imagen principal y escondida en el rincón de una pared, había una pintada donde se leía: "Franco sí, comunismo tampoco". Aquella frase tuvo mucho éxito, pero no puedo asegurar que naciese en nuestra codorniz.


Al principio fueron los años de Tono, de Mihura y de Herreros: historietas y chistes absurdos, a menudo con mensajes subliminales o escondidos contra el Régimen. Y después la larguísima etapa de Álvaro de la Iglesia, con un humor más tradicional, pero no menos hiriente y de doble sentido, e incluso más subrepticiamente político. Muchos de nuestros grandes humoristas gráficos y literarios de la segunda mitad del siglo XX se forjaron en La Codorniz: Mingote y su pareja gótica, Pablo y su Oficina siniestra, Evaristo Acevedo con la Cárcel y la Comisaría de Papel donde enjuiciaba y encerraba a los malos escritores, Remedios Orad, Chumy Chúmez, Gila y muchos más.


A la llegada de la democracia y de la auténtica libertad de prensa, las revistas satíricas invadieron el país, entraron de lleno en la política, vetada durante tantos años, y le hicieron la competencia a nuestra avecilla. Recuerdo con especial afecto a dos de aquellas nuevas revistas: Hermano Lobo y Don José, creadas en parte con disidentes de La Codorniz, que huían de la tacañería de Álvaro de la Iglesia. Pero todas ellas perdieron fuelle y fueron desapareciendo, incluyendo a nuestra Codorniz, que se había ido descafeinando y diluyendo en los nuevos aires de libertad, porque la sátira y la ironía a nivel de revista exclusiva habían dejado de interesar al público. Así que podrían haberse aplicado a sí mismas una frase que entonces empezó a ponerse de moda: "Contra Franco vivíamos mejor."


Conservo excelentes recuerdos de aquellas revistas en general y de La Codorniz en particular. Y por supuesto, una notable cantidad de viejos ejemplares de todas ellas.


Miguel Garrido

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