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  • Foto del escritorMerche Toraño

San Jordi y la rosa



El día de San Jorge/Jordi, se conmemora en casi todo el mundo y con un carácter muy especial en Cataluña. Aunque es laborable este día, las calles de las ciudades y los pueblos catalanes se llenan de gente, cultura y rosas rojas. Se celebra el amor y la literatura. La costumbre es regalar a los seres queridos una rosa, una, simbolizando el exclusivo amor, generalmente acompañada de una espiga como alegoría de la fecundidad, y libros. Hace ya tiempo, viví dos años en Barcelona, y para mí, oriunda del centro norte de España, fue en aquella época un grato descubrimiento conocer y disfrutar de esa tradición.


La tradición de regalar una única rosa se debe al deseo de simbolizar un amor exclusivo, el color rojo la pasión. y la espiga de trigo es símbolo de la fecundidad.


El santoral católico lo componen un conjunto de hombres y mujeres que la Iglesia ha reconocido como santos y beatos. Son casi siete mil personas cuyos nombres se reparten para su conmemoración entre los diferentes días del año y cuando nuestro nombre coincide con el del santo “del día” se dice que es nuestra onomástica o día de nuestro santo.


Pues bien. El pasado 23 de abril se celebraban: Adalberto de Praga,Eulogio de Esmirna, Gerardo de Toul, Marolo, Egidio de Asia, Elena Valentini, María Gabriela Sagheddu, María de la Cruz Menetti y San Jorge/San Jordi (No sé si alguno más). Pero es este último, San Jordi, el elegido para este artículo porque, además de ser una de las celebraciones más emblemáticas de Cataluña, la elección de este santo como patrono de esa comunidad autónoma conlleva una bonita leyenda que es digna de conocer. Y la razón por la que se regalan libros y rosas se debe la la coincidencia en el mismo día de dos tradiciones: la conmemoración de San Jordi y el Día del libro.


Aunque existen pocos datos sobre los orígenes y vida de este santo, y lo que se sabe de él está fundado en distintas versiones de leyendas y relatos, en lo que sí parece haber acuerdo, es en el origen de su nacimiento en el seno de una familia cristiana en Capadocia (Turquía, perteneciente en aquel momento al Imperio Romano) a finales del siglo III. Según la historia, este hombre fue un caballero que a las órdenes del emperador Diocleciano se negó a perseguir a los cristianos y por ello fue martirizado y decapitado un 23 de abril del año 303.


Según las leyendas que circulan alrededor de Jorge, este se fue a Palestina enrolado como soldado. Cuando Diocleciano comenzó la persecución contra los cristianos el guerrero donó sus bienes a los pobres y se enfrentó al emperador asegurándole que nunca renunciaría a su fe. Esta aseveración le costó su martirio y muerte.


Se le achacan muchos milagros a este santo. En la antigua Corona de Aragón se venera a San Jordi porque, según uno de los relatos existentes, ayudó a los cristianos a recuperar Huesca en a batalla de Alcoraz en 1096 en la que Pedro I, rey de Aragón, ganó a los musulmanes, gracias a la aparición del santo que descendió del cielo para combatir a su lado. Y también se dice que se le apareció a Jaime I para ayudarlo entrar en Valencia como conquistador.


Pero la respuesta al título de este escrito es el porqué de la rosa.


"Y de la sangre del dragón brotó un rosal de rosas rojas"


La leyenda del caballero Jorge se cuenta relacionándola también con otros países, pero una de las versiones catalanas transmitida de generación en generación dice que la tradición de la rosa tiene su origen en un relato medieval que cuenta como un descomunal dragón tenía atemorizados a los habitantes de un pueblo de Tarragona llamado Montblanc. Esa terrible fiera se alimentaba a base de animales. Para que no se acercara demasiado al pueblo los propios habitantes le iban proporcionando el ganado, que se fue acabando debido a la voracidad del monstruo. Entonces, los ciudadanos, aterrorizados con la idea de que el animal atravesara la muralla y se introdujera en el pueblo sembrando la destrucción, decidieron empezar a sacrificar a los propios vecinos entregándole al dragón uno diario. Para elegir a la víctima se introdujeron los nombres de todos, sin excluir a nadie, en un recipiente, y una “mano inocente” era la encargada de sacar el nombre de la víctima. Un día le cayó la mala suerte a la hija del rey, llamada Cleodolinda. De nada sirvieron los ruegos del monarca para que no sacrificasen a la princesa. Para el pueblo era una más entre quienes ya habían sido entregados. La joven tuvo que repetir el destino de quienes la habían precedido y cruzó al otro lado de la muralla donde el dragón esperaba impaciente a su presa. Cuando aquella mole viviente y salvaje estaba a punto de comerse a la chica, montando un caballo blanco, apareció un caballero que enfundado en una armadura y armado con escudo y espada luchó con él monstruo hasta herirlo de muerte y liberar a la muchacha. Del charco de sangre que la bestia dejó en el suelo, brotó una planta con rosas rojas. San Jordi arrancó una y se la entregó a la princesa. convirtiéndose este gesto, a partir de ahí, en símbolo de amor caballeroso. Sin embargo, otra versión, que constata la constancia histórica, afirma que en el siglo XI en el Palau de la Generalitat de Barcelona se celebraba una feria o mercadillo de rosas por la festividad de San Jordi en la que participaban las parejas que se iban a casar, y que de ahí viene la tradición. De todas formas, y venga de donde venga, la auténtica realidad es que a día de hoy, cada año por esa fecha es difícil no encontrar por las principales calles de la ciudad condal a una sola persona que no lleve en su mano una rosa, y también algunas un libro, regalos destinados a un ser querido.


El tema del libro llegó más tarde, a principios del siglo XX cuando Vicent Clavel i Andrés propuso al Gremio de Escritores y a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona la organización de un evento para promover la literatura en toda la comunicad. Se aceptó la idea y durante la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 se montaron puestos donde los libreros regalaban y vendían libros. Tuvo este acto tanto éxito que se determinó el 23 de abril como El Día del Libro en coincidencia, además con la fecha de la muerte de Shakespeare y del entierro de Cervantes. El Día del libro es hoy una celebración internacional promovida por la Unesco en 1988.


En Cataluña se creó una fecha única con las dos celebraciones que festejan la cultura y el amor. Y Barcelona y toda la comunidad catalana, el 23 de abril llenan sus calles principales con improvisadas librerías y floristerías al aire libre en las que se oferta al mismo tiempo, cultura y delicadeza a quien las quiera adquirir para regalar a sus personas queridas,


Imagen de - edad de niebla -


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