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  • Foto del escritorEstrella Collado

Secretos y cotilleos de Palacio. Versalles




Un hecho memorable en la Corte francesa fue el nacimiento del hijo de Ana de Austria – infanta española- y de su esposo el rey Luis Xlll -de la Casa de Borbón y de la dinastía de los Capetos- teniendo en cuenta, sobre todo, que el real matrimonio estuvo 20 años sin lograr descendencia.


Un 5 de septiembre de 1638, entre la consabida alegría de su familia llegaba al mundo el que reinaría como Luís XIV, conocido como el Rey Sol. Lo insólito del nacimiento del tan esperado hijo que aseguraba la sucesión dinástica, fue que el real bebé nació provisto de dientes, cosa extraña pero no un milagro –como algunos cortesanos proclamaban-, sino una anomalía de la naturaleza, cuestión que constituyó un secreto de los mejor guardados de palacio. El parto fue asistido por la comadrona madame Peronne, y fue tan duro para la reina que duró más de 12 horas.


Tras el paso de los años Luis XIV se convirtió en hombre y en rey de Francia y de Navarra, copríncipe de Andorra. Y conde rival de Barcelona durante la sublevación catalana iniciada en 1643. Casado con María Teresa de Austria el monarca, conocedor del sufrimiento de su madre para traerlo al mundo, fue partidario y defensor de la ciencia obstetricia, hasta el siglo XVII fue un ramo de la medicina ejercido por las mujeres, pero Luís XIV para traer al mundo a sus hijos –tanto a los legítimos como a los bastardos- nombró al hábil quirurgo Julie Clément quién empezó a ejercer ese arte con gran éxito. Se puso de moda y tras él lo ejercieron algunos otros médicos. Desde entonces Clément sería el encargado de atender los partos de palacio y también los de las amantes del rey. Curiosamente cuando el doctor atendía alumbramientos fruto de las relaciones extramatrimoniales, el monarca ordenaba que el doctor realizase su trabajo con los ojos vendados. A pesar de estas incomodidades, para preservar la identidad de las amantes, algunas casadas con hombres relevantes de la sociedad parisina, le pagaba unos generosos honorarios por cada parto que atendía.


En 1682 tuvo lugar el nacimiento de su nieto, hijo de su primogénito Luis, y conocido como El Gran Delfín. El parto se complicó y el doctor Clément aplicó una cataplasma compuesta con huevo y aceite de almendras dulces. Para evitar la inflamación del vientre de la parturienta, María Ana Cristina de Baviera, ordenó la aplicación de la piel aún caliente de un carnero negro recién desollado, de lo cual se ocupó un carnicero en una estancia adyacente. Se produce entonces un hecho que trascendió como una de las anécdotas más extrañas de palacio: el suceso fue “trending topic” de la época. Ya que el carnicero para que la piel no se enfriara, fue raudo a llevarla hasta la cámara donde se estaba llevando a cabo tan duro parto, olvidándose de cerrar la puerta. Poco después, ante el espanto de los presentes, irrumpió en el cuarto real el pobre carnero, despellejado y sangriento, lazando terribles balidos hasta el mismo lecho de la reina. En esta ocasión sin venda y con los ojos bien abiertos el doctor Clément logró que tanto la madre como el retoño no sufriesen daños irreversibles, y recibió del monarca la cantidad de 10.000 libras, -moneda francesa entonces, sustituida por el franco en 1795-.


El palacio de Versalles fue durante algunos siglos la casa real de la monarquía francesa desde 1682 hasta 1789 en que se produce la Revolución Francesa. Este lugar fue núcleo de corrupción, lujos desmesurados -mientras los súbditos morían de hambre-, y de numerosos escándalos sexuales .Todo ello influyó negativamente en el respeto que hasta entonces proyectaba la corona francesa en el pueblo, y por tanto, el germen del descontento generalizado junto con las corrientes ilustradas, lo que originó la Revolución.


El entorno familar de la realeza de la Casa Borbón se veía envuelto en escándalo tras escándalo. Para bochorno del Rey Sol uno de sus hijos habidos fuera de su matrimonio, con su amante Luisa de la Vallière, conocido como Luis de Borbón, tuvo que ser expulsado de Francia por las orgias homosexuales que organizaba con sus colegas y donde abusaban de menores de edad. Pertenecía al club secreto conocido como “La Sagrada Fraternidad de Gloriosos Pederastas”. Enterado su padre se sintió agraviado por la conducta irreverente y desviada de su hijo, -y no tanto por las violaciones a menores- influido por la homofobia de aquella sociedad- por lo que tomó cartas en el asunto para darle un castigo ejemplar. Lo mandó azotar en su presencia y lo envió al exilio junto con otros nobles involucrados en las depravadas orgias y fueron desterrados a Normandía.

Son muchas las historias, cotilleos y sucesos que podríamos seguir contando a cerca de la corte de Versalles y en otros palacios de las monarquías europeas y como el tema da para mucho, en sucesivos post lo retomaremos.


Imagen de - edad de niebla -





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