• Merche Toraño

Sobre una cola en el INEM



Hacían cola desde las seis de la mañana. Todos aguantaban con la esperanza de que la suerte estuviera esta vez de su parte y les ayudara a conseguir el anhelado trofeo: una ocupación que les podría introducir en la dignidad que les correspondía como seres sociales. Alguien les había explicado a unos que un trabajo era un derecho constitucional, otros, incluso habían podido acceder en alguna ocasión al texto aprobado en 1978 que así lo exponía.


Tres horas antes de la apertura de la oficina del INEM, un número considerable de personas comenzaron a formar una fila que llegaría a hacerse interminable. En ella iban a convivir durante una fracción de la jornada ilusiones, necesidad, confianza y, sobre todo,¡pobres ilusos!, esperanza.


Puntualmente, se abrió la puerta del habitáculo cuyo interior guardaba el objeto de deseo de tal afluencia humana: aquella ansiada ocupación profesional gracias a la cual estos desfavorecidos podrían conseguir unos ingresos que les permitirían, por lo menos, seguir sobreviendo. Casi todos los que entraban iban saliendo con la cabeza baja y el gesto hundido . El resto seguían aguantado entre charlas y bostezos una ligera, pero molesta y pertinaz lluvia que parecía querer decirles, mientras humedecía suavemente las ropas y los cuerpos de los que no podían soportarla bajo techo: "¡marchad ya! porque , en esta ocasión, apenas alguno tendrá el privilegio de alcanzar 'el reino de los cielos' " .

Tuvieron que comprender este sabio mensaje de la naturaleza cuando alguien les comunicó que la hora del cierre de la oficina había llegado. Las expresiones reflejadas en los rostros de aquellos que no habían podido acceder al interior del local, fueron tantas y tan variadas que podían haber sido un importante material para los estudiosos en psicología y gestualidad, Hubo de todo en aquel heterogéneo grupo de espectantes ciudadanos, que habían madrugado con el ánimo de quien ansía una excelente recompensa por tan exigüo esfuerzo ¡Total por levantarse un día un poco más temprano!


Aparente resignación de algunos, llantos de los más sensibles, desilusión de los que confiaban, improperios y comentarios destructivos de los incrédulos, ataques de los ácratas contra el sistema, arrepentimiento de los respetuosos de ser ciudadanos legales y hasta instigación a la desobediencia civil, fueron las reacciones de los que tenían que volver a su casa con la sensación de fracaso que se experimenta cuando no se puede conseguir ni lo más básico.


Desde la observación de este espectáculo de cuerpos humedecidos y almas sangrantes, caras descompuestas por la desilusión, transformadas en el gesto por la rabia, y reafirmación de posturas heterodoxas, actitudes todas ellas acompañadas de estornudos, tal vez propiciados por la inclemencia meteorológica. durante la espera, se podía intuir un no se qué que no resultaba ni novedoso ni tan siquiera un final de algo.


El grupo de los no agraciados por la suerte se fue disolviendo mientras la vida, mejor o peor, continuaba.

Imagen de - edad de niebla -

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