• Belén Matanza

Tabaco y salud


Que el tabaco perjudica la salud es de todos conocido, no en vano las propias cajetillas llevan incorporada esta advertencia. Y, sin embargo, seguimos fumando, imagino que pensando que a nosotros no nos va a afectar, y que los efectos adversos del tabaco solo perjudican a los otros. Y qué confundidos estamos.


No me voy a extender sobre la relación directa que existe entre el hábito de fumar y el cáncer de pulmón, aunque no sea cuestión baladí, dado el número de muertos que se producen anualmente por este tipo de tumor, que para este año 2021 tiene una previsión de fallecimientos de 29.549 personas, constituyendo el tercer tipo de cáncer en importancia, precedido solamente por el cáncer de colón y recto, con 43.581 casos y el de próstata con 35.764, y con una tasa de supervivencia de tan solo el 12% de los casos detectados.


La relación directa entre el tabaco y el cáncer de pulmón se prueba en el hecho cierto de que el número de varones fallecidos por cáncer de pulmón ha descendido en los últimos años como consecuencia del abandono del hábito tabáquico por este grupo de población, mientras que en las mujeres aumenta de forma vertiginosa por la incorporación progresiva de las féminas a este hábito.


Que el tabaco posee sustancia adictivas también es de vox populi. Pero lo que la población desconoce es que tiene mucha relación con un grupo numeroso de enfermedades, además del cáncer. Así, fumar aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas y vasculares, derrames cerebrales, enfermedades pulmonares crónicas y que entorpece la cura de las heridas.


Los estudios se han centrado en los efectos de la nicotina, el monóxido de carbono y el cianuro de hidrógeno del humo. La nicotina interfiere en el suministro de oxígeno, induciendo isquemia tisular y disminuye el flujo sanguíneo por los efectos vasoconstrictores, pues libera epinefrina, lo que reduce la perfusión de la sangre, incrementando la viscosidad sanguínea al disminuir la actividad fibrinolítica y aumentando la adhesividad plaquetaria. Por su parte, el monóxido de carbono del cigarrillo aumenta la hipoxia tisular al unirse a la hemoglobina con una afinidad superior, doscientas veces mayor que el oxígeno, lo que disminuye la fracción de hemoglobina oxigenada en el torrente sanguíneo.


El cianuro de hidrógeno altera el metabolismo celular del oxígeno, lo que lleva a un consumo excesivo de oxígeno en los tejidos. Todo ello, dificulta la cicatrización de las heridas y aumenta el riesgo de infecciones oportunistas. Está científicamente probado que durante la fase proliferativa de la cicatrización de las heridas, la exposición al humo del tabaco disminuye la proliferación de fibroblastos, lo que dificulta la recuperación epitelial y alterando el equilibrio de las proteasas. Por este motivo, dejar de fumar ayuda a la regeneración tisular y reduce la infección con lo que favorece la cicatrización y cura.


Creo que todo lo señalado son motivaciones de peso para dejar de fumar. Aparte de que existe mucho fumador pasivo como consecuencia de la convivencia habitual con fumadores, cuyo organismo se va a ver seriamente afectado por el contacto prolongado con el tabaco que fuman otras personas. La dificultad se encuentra en dejar de fumar, ya que las comercializadoras se han ocupado de introducir en el tabaco sustancias adictivas que inciten a continuar consumiendo cigarrillos. Pero hoy en día, existen muchísimos métodos en el mercado que ayudan a dejar de fumar, que son efectivos. Y de los que os hablaré en mi próximo artículo.

Imagen de - edad de niebla -




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