• Belén Matanza

Timos y sus múltiples caras



La semana pasada, muchos ciudadanos hemos conocido un mensaje de la Policía Nacional informando que estaban enviando de forma masiva mensajes para que entremos en internet y robar nuestras claves para poder acceder a nuestras cuentas bancarias y así obtener la contraseña de nuestro banco y conseguir un duplicado de nuestra tarjeta de crédito. Como podemos apreciar, los timos se han perfeccionado adaptándose a los nuevos tiempos y convirtiendo internet en un espacio perfecto para estas pequeñas estafas, al no existir ningún contacto personal con el estafador.


Los timos existen desde la antigüedad, en Egipto encuentra su origen uno de los más populares y que todavía podemos encontrarnos en muchos pueblos, como es el timo del trile, en el que el trilero sirviéndose de una bola y tres vasos opacos consigue hacerse con el dinero de los incautos que deciden apostar en lo que a primera vista es un simple juego, siendo siendo España tradicionalmente un país de picaros, hasta el punto que hemos convertido la picaresca en un género literario. Y algunos timos son famosos, pocos son realmente los que podrían decir que hoy desconocen en qué consiste el timo del tocomocho o el timo de la estampita, pero a pesar de ello, hoy, los timadores todavía encuentran incautos que "pican".



El despliegue de técnicas utilizadas por los timadores es tan grande que el legislador a la hora de regular estas conductas delictivas ha tenido que dejar al juez la valoración de si el comportamiento es punible o no, por lo que se ha limitado a definir cuales son los elementos que deben concurrir para poder calificar una conducta como delito de estafa, que es la figura penal en la que podemos incardinar los conocidos popularmente como timos.


El delito de estafa viene regulado en el articulo 248 del Código Penal, y requiere la concurrencia de los siguientes elementos:


1. Existencia de engaño, entendiendo por tal el comportamiento que induce a error, como por ejemplo, cuando se presenta en un establecimiento comercial un falso inspector imponiendo una sanción que pretende cobrar “in situ”.


2. El engaño debe ser bastante y suficiente como para inducir a error en la victima. Aplaudí la sentencia dictada por un juez asturiano en un asunto que llevo mi hermano en el que la estafadora "limpió" la cuenta del banco de su víctima aduciendo que tenía el dinero contaminado, y que tenía que dejárselo unos días para que lo limpiase, con esta burda mentira la falsa santera consiguió que la perjudicada le entregase 30.000 euros que tenía ahorrados y cumplió con su propuesta, pues realmente lo "limpió", lo "limpió" tanto que al final el dinero se esfumó. Pero, en este caso, el juez entendió que los hechos no se podían calificar de estafa, pues la mentira había sido tan burda y resultaba tan evidente que en ningún caso podía sustentar un error.


3. Como consecuencia del error en el que la víctima se ve inducida, se produce una disposición patrimonial a favor del estafador ya que otro de los elementos fundamentales de este delito, es la existencia de ánimo de lucro.


Resulta necesario ser especialmente prudente cada vez que nos soliciten la entrega de una cantidad económica o de un bien, porque como ya he indicado, los estafadores estudian a la víctima propicia que puede ser cualquier persona, aunque existen colectivos especialmente vulnerables como son las personas mayores que durante mucho tiempo se vieron acosados por falsos inspectores de gas que conseguían estafarles pequeñas cantidades de dinero, pero que desestabilizaban la economía de sus hogares, dadas las exiguas pensiones que cobran muchos de nuestros jubilados. Otro colectivo bastante propenso son los turistas que desconocen realmente como funciona el sistema en nuestro país. De todos es conocido cómo muchas veces falsos o incluso auténticos policías, que a veces son expulsados del cuerpo por cobrar multas directamente, cuando existen países en que esta práctica es habitual, como sucede por ejemplo en Francia donde la policía esta habilitada para cobrar directamente la multa por lo que resulta muy fácil engañar.


Pero el elenco de conductas es tan amplio, que víctima puede ser cualquier persona, y los timadores no dejan escapar ninguna oportunidad para hacer el agosto. Así, a voz de pronto, recuerdo como la policía tuvo que advertir a los comerciantes que estuviesen especialmente atentos con falsos inspectores de trabajo que visitaban los negocios y pretendían cobrar la sanción que supuestamente imponían, pues la osadía de estos amigos de lo ajeno es tan grande que se pueden hacer pasar incluso por agentes de la autoridad y en las estafas más elaboradas de internet, hasta por bancos.


Incluso hay un tipo de estafas que se integran dentro del grupo de ‘románticas’, en las que el estafador se pone en contacto con su víctima, coge su confianza, digamos que la ‘enamora’, y aprovecha para pedirle dinero, muchas veces con la excusa de necesitarlo para realizar los trámites necesarios para regularizarse en el país. Recuerdo un caso, en Francia, de una señora estafada que cuando se pusieron a investigar, su romántico enamorado tenia 13 años. Este tipo de estafas al perjuicio patrimonial acompaña también el daño sentimental, producido normalmente en personas solas que van a tardar mucho tiempo en poder confiar en alguien.


Muchas víctimas de los timos se niegan a denunciar al culpabilizarse de ser tan ingenuos, pero lo que no se dan cuenta es que los estafadores son expertos en seleccionar a su presa y aprovechar la ocasión, cogiendo la mayoría de las veces desprevenido al que va a ser estafado, por eso, si ha sido el objetivo de una estafa, lo primero es tratar de identificar al estafador, tarea ardua en ocasiones, sobre todo si el delito se ha cometido por internet. Reunid todas las pruebas podibles de la estafa, entre las que se pueden incluir las fotografías, grabaciones, publicidad, transferencias realizadas, correos electrónicos…y denunciar a la policía o bien poner una querella en el juzgado, pero en este caso se requiere la intervención de abogado y procurador, y si la estafa se produjo por internet contactad con el Instituto Nacional de Ciberseguridad y difundid el fraude a través de las redes sociales, informando del modus operandi, pero sin dar nombres de personas o empresas, pues hasta que no haya sentencia condenatoria podríamos incurrir en un delito contra el honor, pero la mejor recomendación de todas es SER PRECAVIDO. Y recordad que como decía mi abuela "nadie da duros a cuatro pesetas”, por lo que no debéis adelantar ninguna cantidad de dinero hasta que no este todo debidamente documentado, y por supuesto, no hay que fiarse de desconocidos. Creo que es el mejor consejo. Y fjjaos lo listas que eran nuestras abuelas, porque todo esto ya me lo decían cuando yo era una niña.




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