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  • Foto del escritorMerche Toraño

Un año que se termina y otro que le continúa




Hoy despedimos el año 2023, el viejo como se acostumbra a decir, y daremos la bienvenida al 2024, popularmente “el nuevo”.

 

Uno más, el que comienza, que transcurrirá para la humanidad, probablemente como siempre, con sus más y sus menos, con más pena que gloria: más conflictos bélicos en el mundo, más enfrentamientos entre  grupos ideológicos de todos los países en su lucha por el poder, no por el bien común de los habitantes de este desgastado planeta, que es lo que debiera ser; más deterioro de los ecosistemas imprescindibles  para la vida de esta tierra que según los entendidos, los  agoreros o los visionarios, estamos llevando a pasos agigantados hacia su destrucción, gastos millonarios en organización de conferencias, cumbres, simposios, reuniones varias internacionales y bla bla bla… a las que los ponentes e interesados en los asuntos a tratar, viajan al país señalado para su celebración en aviones privados, por lo general. En el lugar de esas reuniones organizadas, presuntamente para proponer soluciones y llegar a acuerdos  destinados al cuidado y conservación del planeta, la paz en el mundo, el hambre, atención a la diversidad  u otra causa, esos personajes tan importantes que parecen manejar el mundo disponen de coches de gran cilindrada para los desplazamientos, se hospedan en hoteles con todo tipo de lujos y celebran cenas de gala. Mientras ellos debaten sobre esos temas importantísimos sin llegar por lo general a conclusiones definitorias, la organización del evento se encarga de entretener a sus parejas o acompañantes de viaje, con tours turístico-culturales en los que les ofrecen la degustación de la más selecta gastronomía y les muestran lo mejor de cada ciudad. Mientras, en multitud de lugares de ese mismo mundo millones de seres de su misma especie mueren de hambruna asesinados en guerras sin sentido o simplemente de inanición en países que se autoproclaman desarrollados. Esto ocurre año tras año desde hace muchos muchos, y la humanidad continua igual o peor.

 

Y mientras los medios de comunicación ocupan la mayor parte de sus espacios en contarnos el trabajo que suponen las reuniones de esos seres tan poderosos para exponer propuestas que casi nunca alcanzan acuerdos y jamás soluciones, la gran  masa del resto de mortales de casi todo el  mundo,  cada día nos sentimos más expuestos a la manipulación mediática y política, con menos libertades, más empobrecidos, más esclavos, con miedos a nuevas enfermedades, a perder nuestro trabajo, a enfrentamientos entre países a atentados terroristas a individuos que enloquecidos, tal vez por una situación que no son capaces de controlar,  cogen un arma y empiezan a disparar  a diestro y siniestro contra personas, en centros educativos o en la misma calle, asesinando a quien se le ponga por delante. Y esperad que ya tenemos encima la inteligencia artificial, que miedo da también lo que nos pueda deparar, pero de esta hablaremos en otra ocasión.

 

Me pregunto si cuando aparentemente convencidos recitamos eso de “ Año nuevo vida nueva” somos realmente conscientes de lo que estamos diciendo o simplemente repetimos un formulismo social establecido sin más. Y es que en cada uno de los últimos años transcurridos ni he notado mayor vejez en los que finalizaron  ni demasiadas cosas nuevas en los que comenzaron con ese uno de enero hasta los trecientos sesenta y cinco días, uno más en año bisiesto.

 

Creo firmemente que esa vida nueva solo nos la podemos proporcionar nosotros mismos con nuestra actitud ante nuestro día a día, con hechos cuidados  y con nuestros sentimientos y emociones que tenemos que procurar sean positivas, porque vamos listos  si esperamos que sea el mundo o el propio año el que nos proporcione esa vida de novedad .

 

 Y como soy una convencida de que la felicidad está en uno mismo, os deseo  ¡feliz año y feliz vida! aunque no sea tan nueva.






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