• Merche Toraño

Un poco de por favor



Parece mentira que en el siglo XXI , con la popularización del uso del agua y los jabones, todavía tengamos que sentir la sensación de desmayo por el olor corporal que desprende alguien que pasa a nuestro lado.


Hace unos días saqué mi número de turno en el expendedor de la pescadería del supermercado de un centro comercial. Me introduje en el espacio acotado para la venta de dicha mercancía con el fin de sumarme a las personas que esperaban el momento de ser atendidas. No lo pude soportar, no olía a pescado, olía a transpiración humano a axila descuidada, a falta de higiene, a camisa sudada y vuelta a usar sin lavar, un tufo que traspasaba el tejido de mi mascarilla (soy de las que todavía se la ponen). Quería hacer mi compra e intenté soportar semejante agresión a mi, por desgracia, desarrollado sistema olfativo, que, al fin, no tuvo más remedio que enviar a mi cerebro una señal de arcada que me hizo escapar de aquel espacio sin realizar mi compra. No contabilicé el tiempo pero, así a ojo, creo que mi resistencia estomacal sucumbió a la huida al cabo de no más de tres minutos de taparme la nariz, aguantar la respiración, abanicarme… ¡Nada! Con la esperanza de encontrar un aire menos poluto, cambié de ubicación y me adentré por los pasillos de estanterías en busca de alguno de los productos que llevaba en mi lista de una compra que no pude completar, porque, mientras los iba cogiendo, en algún momento la evidencia me indicaba que el aire inodoro que pretendía respirar no iba a existir hasta que saliera de aquella concurrencia entre la que algunas personas pululaban con una camisa que habían olvidado meter en la lavadora por lo menos durante ocho ocasiones.


Era un día muy caluroso, de esos que te hacen beber mucho, hacer pis de forma proporcional al líquido ingerido y sudar. ¿quién no ha sudado en uno de esos días en los que la canícula nos tortura, en los que caminamos con prisa o estamos nerviosos? Es algo natural. Todos traspiramos en alguna ocasión pero no por ello hay que hacer mártires a las glándulas olfativas de los que pasan a nuestro lado. Y no me estoy refiriendo a las personas que padecen de ese exceso de sudoración llamado hiperhidrosis, y que es un trastorno que necesita la visita a un especialista, generalmente dermatólogo. Hablo de ese sudor con cualidades añejas, instalado en las axilas o en la ropa, delator de falta de higiene y, por consiguiente, de ausencia de agua. jabón y el complemento de un buen antitranspirante.


Todos sudamos y no es agradable, pero ser víctima de la excesiva y desconsiderada sobaquina ajena me produce una especie de delirio que me hace apetecer comenzar a chillar algo como... ¡SOCÓRRANME,POR FAVOR!, mientras señalo al causante de esa estela nauseabunda con la que irrumpe en espacios comunes, contaminando el aire que estamos respirando


La elección de tejidos transpirables en la ropa y calzado puede ser un aliado contra las incomodidades de la sudoración, pero mantener una adecuada higiene es la primera condición para evitar el mal olor corporal. Estamos comenzando el verano y algunas personas tendrían que tener en cuenta que premiar a su cuerpo diariamente con agua y jabón, eliminando las bacterias que producen el mal olor ,no solo beneficia a su salud sino que, también, se puede manifestar como una muestra de respeto para con la gente con la que en algún momento, y por lo que sea, tienen una proximidad. Así que, por favor, aunque el olor del pescado no resulte muy agradable, es lo que se espera encontrar en cualquier establecimiento que distribuya ese producto. Lo insólito es que el hedor humano de algún cliente mitigue al genuino de lo que allí se vende.


Es decir, en una pescadería tiene que oler a pescado, no a sobaco humano. O sea, y lo digo de forma contundente: cuando salimos de casa hay que hacerlo aseados y con ropa limpia, aunque solo sea por respeto a los demás , así que... ¡"Un poco de por favor"!


Imagen de - edad de niebla -







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