• Merche Toraño

Y Kevin no pudo más

Fotorreporteros Pulitzer: Kevin Carter


Premio Pulitzer de fotografía, 1994. La niña del buitre

Su autor fue Kevin Carter (Johannesburgo, Sudáfrica, 1960-1994)


La foto que condujo a este periodista y reportero de guerra hasta el Pulitzer causó en la sociedad un gran debate de tipo moral en el que se cuestionó hasta qué punto un fotógrafo debe permitir una escena como esa por interés personal sin intervenir. Pero las cosas no son siempre lo que aparentan y los juicios sociales son muchas veces injustos, crueles y destructivos y acostumbran a hacerse desde la visión de lo superficial, sin profundizar sobre las verdaderas circunstancias vitales ni las emociones de aquellos a quienes se cuestiona.


Las siguientes palabras quedaron escritas del puño y letra de Kevin Carter:


"Ante todo he de decir que lo siento, lo siento mucho, he llegado a un punto en el que el dolor de la vida supera con creces a las alegrías, en el que la dicha ya no existe. Me persiguen los recuerdos de las masacres y los cuerpos..."



( Serie: Reporteros Pulitzer. Relato 2)


Kevin Carter fue el reportero gráfico sudafricano, freelance, que según la leyenda que circuló en la época, en contra de todo sentimiento de piedad, esperó veinte minutos para hacer la foto hasta que un buitre se posara cerca de la niña sudanesa famélica y moribunda.

Según esta versión, no se sabe a ciencia cierta si fue la ambición personal o el deseo de despertar las conciencias humanas lo que hizo que su mano no temblara mientras esperaba el momento de utilizar su cámara y, sobre todo, cuando apretó el disparador.


La historia de esta fotografía de 1994 esconde el misterio de su veracidad ya que los testimonios varían según la fuente consultada.


Dos años antes de que Nelson Mandela entrara en la cárcel, nacía Kevin Carter. Entendió muy pronto el gran privilegio que significaba ser blanco en Sudáfrica y tenía veinticuatro años cuando descubrió en el periodismo el camino que le conduciría en su lucha contra el apartheid. Su carrera comenzó en 1984 y se desarrolló inmersa en esa reciente historia de Sudáfrica, entre los años en que las periferias de las grandes ciudades, y como Soweto, cercana a Johanesburgo, se habían convertido en campos de batalla, y los cuatro años posteriores a la salida de Mandela de la cárcel (1990) que empezó un proceso de paz durante el cual, paradójicamente, se desató una violencia mayor que duraría cuatro años hasta el establecimiento de la democracia.


En ese escenario, desde las cinco de la mañana hasta el mediodía, se movía cada día el "Bang Bang Club" como les llamaban al grupo que Kevin Carter había formado con otros tres amigos, también fotógrafos, que siempre iban juntos con sus cámaras en mano, fotografiando escenas espeluznantes y exponiéndose a mil peligros.


La coraza emocional con la que tiene que blindarse una persona para poder soportar el día a día cuando uno se mueve en un campo de muerte, tuvo que ser lo que le suministró la suficiente sangre fría en aquel mes de marzo, en que recién aterrizado en Sudán donde se disponía a pasar unas vacaciones, se topó con la escena que le proporcionaría el premio más codiciado por los fotógrafos de prensa.


El suicidio de Carter a los treinta y cuatro años, unos meses después de obtener el Pulitzer, fue caldo de cultivo para adjudicar la razón a aquellos que habían provocado hacia él una gran presión social, atacándole con saña. al interpretar la actitud del reportero ante la inminente muerte de la niña como su indiferencia ante el dolor de los demás. Él nunca había contradicho estos rumores, permitiendo que la carga simbólica de esa imagen justificara su trabajo. La conclusión que prefirió sacar la gente sobre el final trágico del periodista fue la de adjudicar la causa del fatal desenlace a la imposibilidad por parte de Kevin de resistir la presión social y sus propios remordimientos. La versión que parece más real es la del reportero gráfico Joäo Silva, que viajó con Carter a Sudán y cuenta que algunos periodistas habían viajado desde otra ciudad a Sudán, aprovechando un vuelo de Naciones Unidas que iba a repartir comida, y que estuvieron allí unas pocas horas. Continúa diciendo que era la primera vez que habían visto una situación grave de hambruna y que hicieron todos muchas fotos. "Algunos padres habían dejado a sus hijos en un estercolero para que hicieran sus necesidades mientras ellos iban a recoger la comida de N.U." Esta era la situación de la niña, que al final era un niño que se llamaba Kong Nyong,


Continúa Silva:


"Los buitres se acercaban, acudían a diario al estercolero del pueblo para comer la materia fecal. Un buitre se posó detrás de ella a la espera de que terminara. Para meterlos a ambos en el cuadro, Carter se acercó despacio para no asustar al buitre e hizo la foto desde unos diez metros, disparó algunas tomas más de otros buitres y luego se fue".


Respecto al suicidio, Silva testifica otros intentos de autoeliminación antes de la foto, y la nada fácil vida que tenía Kevin Carter como free-lance, lo que le hacía sufrir depresiones, y su consumo de drogas.


El niño sobrevivió a la situación de hambruna y murió víctima de unas fiebres catorce años después de la fecha de la foto.


Fuente: este artículo está inspirado en un trabajo universitario de su autora

Asignatura: Fotoperiodismo








92 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo