• Belén Matanza

Algunas verdades y mentiras sobre la vacuna de la COVID



Hoy es un día importante en nuestras vidas y supone un antes y un después, en la lucha contra el virus Sars-Covid-2, pues ha comenzado la campaña de vacunación contra este virus causante de la pandemia que ha asolado nuestro planeta durante el presente año 2020, provocando estragos, no solo a nivel sanitario, sino también a nivel económico.


El sentir generalizado es de miedo, no solo ante el COVID, sino también ante la vacuna, pues nos movemos en una nebulosa de incertidumbre, de ahí, la importancia de informarse adecuadamente y después decidir si queremos ponernos o no la vacuna, ya que dicha decisión es voluntaria.


Con ese ánimo informativo, me parece importante tratar en este apartado de Salud mayor, algunas verdades y mentiras sobre la vacuna del COVID 19. Es tal la campaña de propaganda desplegada sobre estas vacunas, ya que son varias, que hoy en día, casi todos nos hemos convertido en expertos genetistas, y sabemos que las primeras que nos van a poner son la Pfizer y la Moderna que presentan un grado de eficacia similar pero con importantes diferencias en cuanto a su conservación, pues la primera precisa temperaturas de entre 50 y 80º, lo que ha obligado a un costoso y complejo sistema de distribución y almacenaje, mientras que la segunda solo requiere 20º y se puede almacenar en un congelador doméstico. También sabemos que son vacunas de ARN mensajero. Precisamente los detractores de las vacunas utilizan este argumento para su rechazo, diciendo que va a afectar a nuestro ADN. Y ello es incierto. Las vacunas de ARNm, lo que hacen es inocularnos un pequeño trozo de material genético del virus que dependiendo del tipo de vacuna, pueden ser microorganismos vivos o atenuados, pero en este caso, el material genético que nos inoculan es muerto, por lo que nunca va a producirnos la enfermedad. Lo que se pretende con ello, es que nuestro organismo detecte en la superficie de la célula la proteína S, llamada también proteína spike, que es la que existe en la superficie del virus, al objeto de reconocerla como un cuerpo extraño, y dando las instrucciones para descomponer el virus, impidiendo su entrada en la célula, y lo va a hacer con la respuesta de nuestro sistema inmunitario, que va a poner a trabajar a los soldaditos de nuestro organismo, los famosos anticuerpos, para combatir la enfermedad. Este ARN, nunca va a entrar en contacto con el ADN, pues se va a introducir en el citoplasma de las células, entrando en contacto con los ribosomas, que podemos considerar como la fabrica de anticuerpos de nuestro cuerpo ,pero nunca entraran en el núcleo de la célula, que es donde esta contenido nuestro ADN, y al actuar el proceso de expansión génica unidireccionalmente desde el ADN, hasta los ribosomas, nunca al revés. De hecho, las vacunas ARN, no son nuevas y los científicos llevan décadas trabajando en ellas. Y está claro, que el futuro irá de la mano de esta tecnología, que ya se estaba aplicando en las investigaciones sobre el cáncer, buscando la respuesta del sistema inmunitario a células cancerosas específicas. Creo que todos hemos oído comentar que los nuevos avances de las investigaciones del cáncer iban por el terreno de la inmunoterapia, y en ella, el uso de la tecnología del ARNm constituye su estrella esencial.



El principal escollo que presenta la vacunación es que, debido a la premura con la que han visto la luz, falta por conocer los resultados de la fase IV, que es la que recoge los resultados de la vacunación a largo plazo con lo que se desconoce realmente la inmunidad que va a producir. Lo único que se sabe a ciencia cierta, es que los vacunados están inmunizados una semana después de haber recibido la segunda dosis de la vacuna. Porque las vacunas del COVID, como otras muchas, por ejemplo, la de la hepatitis, requiere dos dosis para ser efectiva; la Pfizer a los 21 días de la primera dosis, y la moderna a los 28 días de la segunda dosis, y se sabe que los pacientes quedan inmunizados una semana después de recibir la segunda dosis. Pero lo que no se sabe, es por cuanto tiempo van a quedar inmunizados, si esa inmunidad va a ser temporal, y cada cuanto tiempo habrá que ponerse la vacuna o si ya quedarán inmunizados de por vida. Por eso será necesario continuar realizando estudios e investigaciones, recabando los nuevos datos que arrojará la campaña de vacunación.


Pero lo que sí va a lograr la vacunación, o al menos lo que se pretende con ella, es que se logre la llamada inmunidad de rebaño o inmunidad de grupo No sé si recordáis al inicio de la primera ola, cómo Boris Johnson quería dejar que la población se infectase de forma natural para lograr esa inmunidad de rebaño, idea que tuvo que abandonar, pues ello hubiese supuesto la muerte de mas de 77 millones de personas. Dicha inmunidad no se pudo lograr de forma natural, pero sí por medio de la vacunación. En realidad, en lo que consiste la inmunidad de rebaño es en dejar que una determinada población se infecte para actuar como barrera contra la expansión del virus. Se da cuando en el grupo de población hay suficientes individuos protegidos inmunológicamente, lo que va a impedir que el virus continúe creciendo exponencialmente, con lo que, al final, va a perder su capacidad de contagio, y acabara desapareciendo. Así el umbral de la inmunidad depende del grado de contagiosidad del virus. Para un virus poco contagioso, el umbral de inmunidad para proteger a la población podría ser del 30%, así si un 30% de la población es inmune el virus va a tener muy difícil transmitirse. Otros, como por ejemplo el del sarampión, precisan un umbral muy alto, alrededor del 95%. En el caso del Coronavirus, el umbral de inmunidad se piensa, no se sabe, es del 70 u 80%, de ahí, que nos digan, que la vacunación no va a ser realmente efectiva hasta que no este vacunada el 70 u 80% de la población, porque lo que se busca es lograr ese umbral de inmunidad del 70-80% para que el virus deje de transmitirse.



En cuanto a los efectos secundarios de la vacunación, se ha constatado que produce los mismos efectos que el resto de las vacunas, como son dolor e inflamación en el punto de inyección, fatiga en los días sucesivos, escalofríos, fiebre… pero esto, no podemos considerarlo como efectos negativos, sino que en realidad, es que nuestro sistema inmunitario esta trabajando y actuando contra la infección por lo que en caso de notar estos efectos no debemos alarmarnos, simplemente hay que seguir las indicaciones sanitarias para paliar los síntomas. Se ha hablado mucho de las reacciones alérgicas que la vacuna produce, pero estas reacciones no dependen de la vacuna en sí, sino de como la recibe nuestro sistema inmunitario, por ese motivo, antes de vacunar, el personal medico evalúa el historial de alergias de la persona y determina si es apta para ponerse o no la vacuna. En principio, la vacuna del COVID no provoca alergias, si el sistema inmunitario no esta debilitado ya con alergias previas graves a medicamentos o fármacos y se recomienda no ponerse la vacuna a las personas que portan adrenalina inyectable por episodios graves de reacción alérgica a fármacos o medicamentos, pero en todo caso, cada situación debe valorarse individualmente y serán los profesionales médicos quienes determinaran si se puede o no se puede poner la vacuna.


Con esto he querido aclararos un poco el estado de la cuestión existente en torno a las vacunas, y luego que cada cual decida libremente sobre si quiere o no quiere ponérselas. Yo personalmente voy a ponerla porque tengo claro que la vacuna no mata, el virus si; es segura, ha sido ensayada en mas de 40.000 personas, cuando un medicamente normal antes de ponerse a la venta se ensaya en 1.000 individuos. En la actualidad existen mas de doscientos y pico ensayos clínicos realizando estudios sobre esta vacuna, que es eficaz, que los efectos de las mismas, son inmediatos y que las vacunas, mal que les pese a los detractores de ellas, han salvado muchas vidas y erradicado muchas enfermedades, y que, mejor o peor, a día de hoy siguen siendo la más optima protección que tenemos contra las infecciones. Aun así, reconozco que tengo miedo y que preferiría no tener que ponerla, pero al mismo tiempo soy consciente que, si queremos combatir de forma rápida este maldito virus que tantas vidas ha sesgado y tantas secuelas esta dejando en gente joven, no queda otra que vacunarnos para lograr esa inmunidad de rebaño de la que os he hablado. Y así lo debieron pensar las 22.000 personas que, en un solo día, se prestaron voluntarios para ponerse la vacuna. Realmente espero por nuestro bien, que la vacunación sea la panacea que de una vez por todas acabe con este virus y que nunca más volvamos a tener que oír hablar de él.





113 vistas1 comentario

Entradas Recientes

Ver todo