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  • Belén Matanza

Artritis reumatoide



La paciente acaba de recibir el diagnóstico de artritis reumatoide y le han puesto un enorme peso encima de la cabeza, no sabe muy bien que es, aunque intuye que es una enfermedad grave, además de dolorosa, lo que conocce bien por los brotes que ha tenido desde que empezó a manifestarse.

Como todas las enfermedades terminadas en "itis", la artritis reumatoide es una inflamación de las articulaciones. No se conoce su origen exacto pero está catalogada como enfermedad autoinmunitaria, siendo el propio sistema inmunitario del paciente el que ataca los tejidos blandos que revisten las articulaciones. En la mayoría de los casos se inflaman primero las pequeñas de las manos, pies, muñecas y dedos de las manos y los pies. También afecta las de las rodillas, el hombro, los codos, los tobillos y las caderas. Las articulaciones inflamadas se vuelven dolorosas y rígidas especialmente después de despertarse pudiendo durar más de 60 minutos o tras estar inactivos durante un periodo prolongado.

Existen varios factores de riesgo para el desarrollo de esta patología que muestra preferencia por el sexo femenino, la mediana edad, el tabaco, el sobrepeso y tiene un componente genético importante, dado que si tienes familiares directos afectados la probabilidad de desarrollar artritis es mayor. Entre las complicaciones habituales de esta enfermedad destacan la osteoporosis, los nódulos reumatoides, las infecciones, el síndrome del túnel carpiano, el síndrome de Sjogren que aumenta la sequedad de los ojos y la boca, problemas cardíacos al endurecer y obstruir las arterias cardíacas e inflamar el saco que rodea el corazón, y aumenta el riesgo de tener linfoma.

Es fundamental controlar los brotes para mantener a raya la enfermedad y evitar las complicaciones. Gracias al diagnóstico precoz y los nuevos tratamientos se logra mantener la calidad de vida de los pacientes, pues no podemos olvidar que es una patología altamente incapacitante por la deformidad que produce, siendo la que más inhabilita de las enfermedades reumáticas. El tiempo que dura un brote puede variar entre unas horas hasta varios días o semanas. Los de corta duración se pueden controlar con esteroides, cremas antiinflamatorias y almohadillas térmicas. Los más difíciles de tratar podrían requerir el cambio de los medicamentos antirreumáticos, modificadores de la enfermedad habituales. Si los brotes se repiten con más frecuencia podría ser un indicativo de que la enfermedad está progresando.

Como medidas complementarias se recomienda dormir entre ocho y diez horas, utilizando un colchón duro con una almohada baja y empezar el día con un baño de agua caliente que ayuda a reducir la rigidez y el agarrotamiento matutino. Y si te lo puedes permitir vete a vivir a un sitio cálido pues el calor reduce el dolor, relaja los músculos e incentiva la circulación sanguínea. Y muévete todo lo que puedas: nada, baila, haz aerobic en el agua, jardinería y anda en bici, lo que te ayudará a sentirte mejor.

Imagen de - edad de niebla -




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