• Merche Toraño

Del sensacionalismo a la propaganda

El personaje que dio nombre a la prensa amarilla

El chico amarillo (Yellow Kid)


( Sunday World, 16/08/1816 )


El negocio de la información siempre ha desarrollado y continúa desarrollando sus estrategias con vistas a favorecer las ventas, y el sensacionalismo es una de las que más ha funcionado a través del tiempo.


Aunque es a James Gordon Bennet a quien se considera el precursor del periodismo sensacionalista al lograr un gran éxito en abril de 1836 en su periódico, The New York Herald, cuando publicó la primera entrevista dialogada en la que se contaba el asesinato de una joven por Richard RP. Robinson, serían Pulitzer y Hearst, sus mayores y más desenfadados exponentes. El periodismo sensacionalista estuvo al principio marcado por la lucha de clases, por su capacidad para representar a la cultura popular y por su crítica hacia el imperio norteamericano de finales del siglo XIX. La industrialización que facilitó más y mejores herramientas de trabajo en las redacciones, propiciando la bajada de precios por ejemplar (la prensa de un penique), la democratización de la política y el sufragio universal fueron factores importantes que convirtieron a los periódicos en un objeto de lectura apetecible para algunos sectores de la población, necesitados de estar informados sobre lo que ocurría en la política, creándose con todo ello las condiciones para el surgimiento del periodismo de masas.


Después de la Guerra de secesión (1861-1865) y con el desarrollo del capitalismo industrial norteamericano, la prensa de ese país comienza a ver un negocio en el acercamiento a las clases populares. Se busca contenidos capaces de atraer a un mayor número de lectores y sacan grandes tiradas en las que se publican noticias ciudadanas que eran las encargadas de mantener un cierto prestigio periodístico, junto a otras más abundantes de las llamadas “noticias de interés humano" (sensacionalistas) o deportes. Es a partir de la década de los ochenta cuando la prensa de Nueva York vive su época de oro y se convierte en un agente social sin precedentes.


En 1883 Pulitzer compró The World y a partir de ese momento este diario adoptó un enfoque popular de las noticias ocupándose de los problemas sociales y la lucha de clases con comentarios de corte ligero y sensacionalista, con muchas imágenes y un bajo precio de coste, lenguaje sencillo y una atractiva presentación. Con estas condiciones inicia un poder hegemónico que se resentiría en los años noventa con la irrupción en la ciudad de Nueva York del que sería su más feroz competidor, el New York Journal, propiedad de W.R. Hearst. Este último llevó la técnica del sensacionalismo a extremos bastante agresivos en los que los escrúpulos carecían de importancia. Ese estilo poco disciplinado desde el punto de vista del periodismo pasaría a calificarse como prensa amarilla, debido al Yellow Kid (el chico amarillo) que aparece por primera vez en el World y que enfrentó a Pulitzer y a Hearst en un juicio por la titularidad de ese personaje infantil y descarado.


La idea principal del periodismo sensacionalista era competir con el periodismo de élite y editar un modelo de prensa más cercano a unos sectores más populares o marginados. Esto llevó a este tipo de publicaciones a técnicas fundamentadas en satisfacer la curiosidad del lector, impactando en sus emociones con el fin de obtener un incremento en las ventas y atrayendo al primer golpe de vista con grandes titulares e ilustraciones en las portadas. El periodismo sensacionalista siempre manejó como arma a su favor la vulnerabilidad de las gentes sencillas hacia la manipulación, debido a su escaso nivel cultural.


La relación entre Hears y Pulitzer, como empresarios del periodismo, consistía en una rivalidad que partía desde una encarnizada lucha por el poder mediático y, como consecuencia, económico. Socialmente ambos pertenecían al mundo de los grandes empresarios norteamericanos, por tanto, al apartado de gente adinerada que se podía permitir el ejercicio de prácticas no heterodoxas en sus negocios sin menoscabo de sus relaciones influyentes. Desde el punto de vista de lo moral ambos caminaban por una senda sin prejuicios, aunque Pulitzer mantuvo unas normas éticas algo más escrupulosas que las de Hearts. Esa rivalidad no impidió que los dos grandes periódicos, The New York World (Pulitzer) y The New York Journal (Hearst), alcanzaran tiradas millonarias gracias a un sensacionalismo que fomentaba el sentimiento popular antiespañol ante la descolonización de Cuba y Filipinas.


Diferencia entre prensa sensacionalista y propaganda


Cuando en el sensacionalismo intervienen además intereses y apoyos por favorecer a determinados grupos o causas, estamos hablando de propaganda. Ambas prácticas mantienen una relación muy directa en lo que significa persuasión para conseguir efectos en la forma de pensar de los demás, por tanto en la manipulación de masas.


El papel que jugó la prensa sensacionalista en el conflicto bélico que enfrentó a España y Estados Unidos en 1898 fue el de instigadora y propagandística en contra del Imperio español y a favor de Estados Unidos, y apoyó en gran medida el desastre de esa fecha y la pérdida de Cuba por parte de España. The New York World, aunque se declaró antiimperialista, se mostró un poco más comedido, pero en el periódico de Hearst el libelo fue el máximo protagonista de las publicaciones, no solo en favor de los intereses de su país sino de los suyos propios. En la guerra con EE. UU. Este tipo de prensa utilizó al completo los once principios de manipulación que más tarde aplicaría Goebbels en la época del nazismo en Alemania, sobre todo el principio de la simplificación y el enemigo único (Mensaje que, como se repite hasta la saciedad, se simplifica y va dirigido contra un "enemigo" único y un mismo objetivo); principio del método de contagio (Reunir diversos adversarios en una categoría única y constituirlos en una suma individualizada) , principio de la transposición (Cargar sobre el adversario los propios errores respondiendo al ataque con otro ataque ), principio de la exageración y la desfiguración (Consiste en repetir exagerando o descontextualizando un hecho leve convirtiéndolo en una aparente amenaza grave), principio de la orquestación (Repetir el mismo mensaje infinidad de veces pero variando su forma de presentación, adecuándolo al tiempo y el canal de difusión que se utilice), principio de la verosimilitud (Construir argumentos a partir de fuentes diversas fragmentando la información a través de "·globos sonda") y principio de la unanimidad (Convencer a mucha gente para que piense igual, creando así una falsa impresión de unanimidad) ¿Verdad que nos suenan mucho todas estas estrategias?

Decían Noam Chomsky e Ignacio Ramonet: “Cuando la propaganda que dimana del Estado recibe apoyo de unas clases de nivel elevado y no se permite ninguna desviación en su contenido, el efecto puede ser enorme”. Personalmente y creyendo y respetando la afirmación de estos, entre otras cosas, eminentes politólogos, añado, y creo firmemente, que el sensacionalismo per se, es tremendamente dañino, especialmente si se divulga de forma mediática.

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