• Belén Matanza

La Enfermedad Silenciosa



Si me preguntan cuál es la enfermedad más sibilina respondería sin miedo a equivocarme, que la diabetes, pues una vez instaurada en el cuerpo humano avanza de forma silenciosa e implacable, hasta el momento en que el paciente, sin casi enterarse, tiene tocados todos los órganos pues las complicaciones provocadas por esta enfermedad son muchas y muy graves, y tiene una morbimortalidad muy elevada.


En la actualidad existen mas de 422 millones de personas diagnosticadas de diabetes en el mundo, pero esta cifra sigue subiendo cada día, y ello, a pesar de que la diabetes no es una enfermedad nueva sino que es conocida y descrita desde la mas remota antigüedad. La primera descripción que encontramos de la diabetes aparece en el papiro de Ebers (1550 ac) y en los vedas hindúes, en los que ya se habla de pacientes con orina pegajosa y sabor a miel. Y a pesar de conocerse desde tiempos ancestrales, lo cierto es que, a día de hoy, estamos muy lejos de una cura, a pesar de que los tratamientos son cada vez más sofisticados, como sucede con la implantación de islotes de células madre, que son capaces de producir insulina cuando el cuerpo lo precisa, y que fueron utilizados por primera vez en el año 2014 o el sistema hibrido de circuito cerrado, que son capaces de proporcionar insulina variable durante las 24 horas, y a pesar, de todos estos avances la enfermedad sigue existiendo, y cada vez hay más pacientes diagnosticados, lo que ha llevado a la diabetes a merecer el calificativo de epidemia del siglo XXI, y se espera que para el 2030, mas de un 9% de los europeos padezca esta patología. Y ello, nos lleva a preguntarnos qué es y cómo podemos combatirla.


Lo primero que debemos destacar es que la diabetes es una enfermedad crónica, ello, quiere decir, que una vez diagnosticada, va a acompañar al paciente durante toda su vida, ya que como he indicado, a pesar de los avances científicos y tecnológicos, a día de hoy, la diabetes no tiene cura, y esta relacionada con los procesos metabólicos del cuerpo humano, pues la insulina es la encargada de llevar la glucosa a los músculos del cuerpo en forma de energía, pero si la insulina falla, esa glucosa va lenta y progresivamente dañando las arterias, las venas y los pequeños vasos sanguíneos y ocurre cuando el páncreas no produce insulina, o bien, que produciendo insulina, esta no es suficiente, o , el cuerpo no es capaz de utilizar eficazmente esa insulina que produce, lo que nos lleva a diferencia la diabetes tipo 1 (constituye tan solo un 10% de las diabetes diagnosticas, y suele afectar a los jóvenes menores de 30 años), y la diabetes tipo 2 (la inmensa mayoría de las diabetes diagnosticadas, y que nos afecta, principalmente, a nuestro grupo de edad), diferencia que se descubrió en 1959 cuando Rosalyn Yalow y Solomon Berson consiguieron medir el nivel de insulina en los órganos del cuerpo.


Los síntomas característicos de la diabetes son la polidipsia y la poliuria, es decir, los pacientes tienen mucha sed y orinan mucho. Y lo que cabe plantearse, es porque una enfermedad, tan conocida, tan estudiada y con tantas líneas de tratamiento abiertas, hoy, sigue causando tantos estragos, hasta el punto de que la OMS advierte que, hoy, son diabéticos uno de cada once europeos.

La respuesta hay que buscarla en nuestra forma de vida, porque la diabetes está íntimamente relacionada con el sobrepeso, la mala alimentación y la vida sedentaria, y la única forma de combatirla es cambiando nuestros hábitos; requiere una alimentación saludable y ejercicio físico, y ello es conocido desde la época de Cornelio Celso, que prescribía la dieta y el ejercicio como parte del tratamiento. Y cualquier profesional sanitario, atestiguaría, que los pacientes no tienen problema a la hora de ponerse la insulina o tomarse los antidiabéticos orales, pues la fidelización al tratamiento no es el problema, el conflicto surge cuando tienen que cambiar sus hábitos, al objeto de llevar una vida más saludable que les permita controlar la enfermedad, y ese cambio es donde reside el verdadero quid de la cuestión y donde se encuentra el verdadero problema al faltar el elemento fundamental del tratamiento constituido por dieta y ejercicio pues los pacientes, no son capaces de dar el giro que precisan en sus costumbres alimenticias y en sus estilos de vida, que tienen instauradas desde su mas tierna infancia, y una patología como la diabetes, que podría controlarse perfectamente con una adecuada ingesta alimentaria, y simplemente con caminar un mínimo diario, acaba precisando tratamiento oral y cuando este falla, no queda más remedio que recurrir a la insulina y, por experiencia profesional, en dosis cada vez mayores, ya que los pacientes se acostumbran a controlar los niveles de glucemia con la insulina y, entonces ya no hacen ningún esfuerzo por comer adecuadamente ni por llevar una vida activa. Un enfermero, me comentaba, que cuando citaba a los pacientes para la entrevista de control de la enfermedad, todos le aseguraban que su dieta era la adecuada, que hacían ejercicio y que tenían controlados los niveles glucémicos, lo que no le dicen es desde cuándo, pues este control lo realizan tan solo los dos días anteriores a la consulta, y en cuanto salen por la puerta, vuelven a sus costumbres gastronómicas y a su vida sedentaria, de ahí que sea prácticamente imposible erradicar, la que podemos calificar de lacra, tanto a nivel sanitario como económico y social. Y esta alarmante progresión de la enfermedad, debemos encontrarla en la forma de vida de nuestros días, en la que las comidas de puchero de nuestras abuelas han sido reemplazadas por la comida basura, y que el ejercicio cede su sitio a los videojuegos y a la televisión. Nos movemos lo mínimo indispensable, comemos mal, dormimos peor, con lo que estamos abonando el terreno para que esta silenciosa enfermedad se instale y no desaparezca.


Personalmente creo que la única posibilidad que tenemos de combatir realmente a la diabetes, es desde la prevención, que debe comenzar desde que los niños son pequeñitos, inculcándoles unos buenos hábitos de vida y una adecuada higiene alimentaria, pero ello, es muy difícil, porque los niños aprenden en los ambientes donde crecen, por ello, es tan normal, que cuando los padres son obesos los hijos también lo sean, debido a que en las casas no se hacen comidas diferentes para unos y otros, sino que todos consumen los mismos alimentos, y si los padres son sedentarios tampoco los hijos van a tener tendencia a hacer ejercicio, por eso, la prevención debe comenzar en los hogares. Y no me parece mala idea lo que hacen en Francia, que cuando el control diabetológico de un paciente falla, le envían la comida a casa, de esta forma, se aseguran que la ingesta de alimentos del paciente es la adecuada. Y propongo que en España se haga algo similar.

Es por ello, que este articulo pretende advertiros de los enormes peligros que la diabetes conlleva, entre los que se incluye la ceguera, la insuficiencia renal, Ictus y amputación de MMII. Así que no toméis a broma la enfermedad, y este año tened mucho cuidado con los polvorones, los turrones y resto de frusilerías. No se trata de que no podamos comer los dulces navideños, pero como todo en esta vida, con moderación.

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